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Publicado el 22 Junio, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Bolivia, crisis sanitaria y Gobierno antihigiénico

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARYAM CAMEJO

La crisis que vive Bolivia no es solo culpa del nuevo coronavirus, un mal que ha azotado a este país en un momento de profunda desestabilización política tras el golpe de Estado al presidente Evo Morales. Desde entonces, el Gobierno de facto ha echado mano a cuanto recurso posible existe para prolongar su estancia en el poder, y en la actualidad también se sirve de la pandemia para vulnerar el derecho de la ciudadanía y postergar, una vez más, las elecciones que acabarían con el mandato de Jeanine Áñez. “Sospechosamente”, los Estados Unidos y la Organización de Estados Americano (OEA) apoyan el atraso de los comicios de la nación andina, cuando incentivan la más pronta realización de los nicaragüenses, por ejemplo.

“Esto es ya una catástrofe -declaró Adrián Ávila, presidente de la Sociedad Boliviana de Medicina Crítica y Terapia Intensiva-, principalmente porque no se han resuelto los problemas de falta de capacidad de unidades de terapia intensiva que se requieren”. Y la actual administración carece de una política sanitaria para enfrentar la situación, aseguró ante la prensa.

Mas la situación epidemiológica también ha sido escenario propicio para el desenterramiento de algunos nombres en la alta política que han lucrado con la enfermedad. Por un lado, el escándalo por los respiradores comprados a España, inservibles y adquiridos a sobreprecio, y por otro, el incumplimiento de las promesas sobre la llegada de nuevos equipos.

Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo (MAS), manifestó en Twitter: “El Gobierno de facto sigue mintiendo a los bolivianos, dice que prioriza la vida pero, hasta ahora, no desembolsa los recursos que necesitan los municipios para atender la crisis sanitaria. Es hora de que un Gobierno electo encare los problemas de salud y economía”.

Expertos han señalado la baja o inexistente realización de tests de control, la falta de medios básicos de atención, como equipos de bioseguridad para los trabajadores de la salubridad, además de la descoordinación y las contradicciones entre las instancias del Ministerio de Salud y los servicios departamentales del sector. Ávila señaló que Bolivia tenía 490 camas de terapia intensiva cuando comenzó a sufrir el ataque de la Covid-19 y, a pesar de varios anuncios gubernamentales de compras masivas y urgentes de equipamiento, hasta principios de junio se había logrado habilitar solo 30 camas más.

El especialista explicó también que no se corresponden la distribución de los servicios de terapia intensiva en el país con los niveles de afectación por la pandemia, concentrada en los departamentos de Santa Cruz (este) y Beni (noreste), lugares donde ya se han ocupado todas las camas habilitadas. Las 500 unidades de terapia intensiva anunciadas en abril, como otros tantos respiradores, aún no llegan, insistió.

Pero los desaciertos parecen “normalizarse” en la narrativa del Ejecutivo. Fernando López, ministro de Defensa, anunció que comenzaría un registro “casa por casa” en busca de posibles casos. Pidió la colaboración de todos, desde las fuerzas de seguridad, hasta las empresas privadas. Será el registro “más grande de Bolivia”, afirmó. Lo extraño es que unas semanas antes ya habían prometido fortalecer el sistema nacional de diagnóstico, para realizar más de tres mil pruebas por jornada desde fines de abril, y más tarde reconocieron que apenas existían seis laboratorios dedicados a la Covid-19, con capacidad total inferior a mil análisis diarios.

Por si fuera poco, la mayor de esas instalaciones, el Cenetrop de Santa Cruz, se declaró en colapso, por la baja médica del 40 por ciento del personal, contagiado con el SARS-CoV-2; por la falta de equipos y de reactivos para acelerar las pruebas. Entonces, ¿cómo exactamente se planea el “registro más grande de Bolivia”?

Estos “adelante y atrás” del gabinete golpista también son visibles en el terreno político. Baste citar las posturas públicas de Jeanine Áñez con respecto a la presidencia. Primero aseveró que su gobierno era transitorio. Cuando llegó el día de que asumiera un nuevo gabinete, pidió una prórroga. Entonces aseguró que no se postularía como candidata, después decidió lo contrario. Luego esgrimió la necesidad de retrasar los comicios, que iban a ser en mayo, agosto, septiembre, y ahora habla de noviembre. Asimismo, prometió cumplir con la decisión de la presidenta del Senado, Eva Copa, y del Tribunal Supremo Electoral, pero sigue sin promulgar el proyecto de Ley 691, aprobado por el Parlamento, que fija las elecciones para septiembre.

¿Qué pudiera estar esperando Áñez con tanta prórroga? ¿Existirá alguna estratagema de último momento para impedir al MAS ganar en las urnas? Con toda certeza el mal manejo de la pandemia, la cifra de muertos -que ya empiezan a aparecer en las calles- y de infectados, el escándalo de los respiradores y las críticas a su gestión no le conseguirán nuevos votos. Sucede que estamos frente a la antípoda de una mandataria preocupada por su pueblo, ¡qué decir sobre los sectores vulnerables! En su momento, embistió contra los galenos cubanos, y resulta que hoy no puede responder con eficacia a una enfermedad que cobra vidas por minuto.

Por cierto, los sectores vulnerables en el contexto de una crisis sanitaria de tamaña magnitud no resultan solo las personas con mayor riesgo de infectarse y morir, sino también aquellas que presentan fragilidades en términos sociales. Se trata de quienes no tienen acceso a servicios básicos, de los niños en hogares pobres, de los trabajadores irregulares que dependen del trabajo diario para comer y no contaban con un salario al inicio de la pandemia.

Evidentemente, Áñez ha agudizado la desprotección en que se encuentran estos grupos, y se enfrasca en atacar radios comunitarias para evitar críticas a su Gobierno mientras debiera ocuparla la disposición de recursos para atender los graves problemas que enfrentan los bolivianos. No obstante, esta comentarista se atrevería a decir que a la usurpadora se le están acabando las maniobras para retrasar los comicios, sobre todo teniendo en cuenta que la presidenta del Senado, Eva Copa, pidió públicamente a la susodicha que viabilice elecciones en vez de prorrogarse en el poder. La constitucionalmente designada segunda autoridad de mando de la nación respondió así a un requerimiento gubernamental para la realización de un informe médico y científico que garantice que se pueda ir al sugragio sin riesgo de contagio para la población.

Una vez más ha quedado claro que el informe de la OEA en Bolivia fue “defectuoso” y Evo y el MAS no cometieron fraude. También ha quedado claro -a ojos que se negaban a ver- que el Gobierno de Trump promovió el golpe, como han denunciado muchos, incluso el congresista republicano Richard Black. Por esa razón, el acercamiento de las elecciones, ya sean en septiembre o en noviembre, debe, más que dar esperanzas, mantener las mentes alertas. La derecha siempre puede tener una carta bajo la manga para intentar salirse con la suya.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo