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Publicado el 6 Junio, 2020 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

Colombia, todo sigue igual, o peor

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARYAM CAMEJO

Ni siquiera en tiempos de pandemia se detienen los asesinatos de líderes sociales, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales. Tampoco se toman un respiro la corrupción, el desamparo de los sectores más vulnerables, el creciente paro.

Solamente en abril, debido al confinamiento necesario por el nuevo coronavirus, en Colombia perdieron su trabajo 5,4 millones de personas, muchas de ellas jóvenes cuyos ingresos constituyen el principal sostén de sus hogares. El aumento de este indicador significa que la tasa alcanzó 19,8 por ciento. “Estas cifras solo se comparan con los niveles observados con la crisis financiera de 1999, cuando en el país medía el desempleo solo en las principales ciudades y alcanzó el 22 por ciento”, señala Juan Carlos Sierra en la revista Semana.

Entre los estragos de la crisis sanitaria y los efectos del confinamiento en la economía, los trabajadores sanitarios se han convertido en un sector extremadamente vulnerable, no solo por estar en la primera línea, y por ende encontrarse más expuestos al contagio, sino también por la falta de recursos de protección personal para la bioseguridad. Y por si fuera poco, la cantidad de infectados en este sector ya sobrepasa los mil. “Desde que llegó el coronavirus sentimos que cada día estamos más abandonados por el Gobierno. La gran mayoría del talento humano en salud en este momento está deslaboralizado, somos contratados por prestación de servicios y no de forma directa, como dice la ley”, declaró a Sputnik el doctor Jorge Enrique Enciso Sánchez, presidente de la Federación de Sindicatos Médicos de Colombia.

Las reclamaciones al Gobierno de Iván Duque por la mala gestión de la pandemia se han unido a las críticas por el reciente arribo de nuevos militares estadounidenses a suelo colombiano, con el pretexto de colaborar en la lucha contra el narcotráfico.

No son pocos los ciudadanos que opinan que las fuerzas armadas nacionales tienen su parte de acción y ganancia en el negocio de los estupefacientes, pero la administración sigue mirando para otro lado. En este sentido, Carlos Meneses asevera en su texto Lo falsario de la guerra contra las drogas: “El teniente Coronel Álvaro Amortegui Gallego confirma que el Ejército está traficando drogas e intimidan a soldados que denuncian corrupción. Confirma las denuncias de indígenas de elementos corruptos dentro de la 3a. Brigada, involucrados en el tráfico de drogas. En el mes de enero de 2020 el líder y representante de víctimas Leyner Palacios hizo polémicas declaraciones, al ser invitado al Palacio de Nariño, en una carta que personalmente entregó al presidente y en la que textualmente el líder social le dice: Niegue que el ejercito de Colombia está trabajando junto con narcoparamilitares.”

Nadie debería dudar de que América Latina es para los Estados Unidos un patio trasero, una zona de donde sacar recursos naturales y generar ganancias de cualquier manera, con vistas a asegurarle la hegemonía al decadente imperio. A tono con esa verdad histórica, y en correspondencia con las ansias de echar garra completa a lo que guardan los suelos de Venezuela, Colombia está siendo instrumentalizada para impulsar la desestabilización entre el pueblo del vecino país. Todo, como siempre, en el nombre sagrado y bendito de la democracia.

¿Qué pinta Cuba en la ecuación?

A no dudarlo, Cuba lleva años siendo objeto de oscuros deseos. La manzana codiciada de la que EE.UU. siente, quizá, que apenas le tocó probar una parte, antes de 1959. Ahora tocaría intentar comerla entera. Varias son las acciones de la Casa Blanca que apuntan a alcanzar dicho propósito, y una es precisamente la “vuelta de tuerca” que han querido lograr con la legítima negativa a devolver a Bogotá los representantes del ELN en las negociaciones de paz con el gobierno colombiano.

Haciendo un repaso del tema, esta misma comentarista escribió en febrero de 2019: “Duque exige a Cuba la extradición de los miembros de la delegación del ELN que se encuentran en La Habana, haciendo caso omiso a los protocolos antes firmados por la administración de Juan Manuel Santos… esas normativas son política de Estado, aprobada a través de los mecanismos legales que existen en la institucionalidad del país. No son una línea del Ejecutivo de turno, por tanto deben respetarse. Violar lo acordado pone en peligro la posibilidad de reiniciar en el futuro pláticas para alcanzar la paz”. También aclaraba que, según lo suscrito, los países garantes y las partes contarían con 15 días desde la ruptura del diálogo para crear un corredor que permitiera el retorno a Colombia de los diez negociadores. No obstante, Duque se empecinó en su postura y no ofreció garantía alguna para el regreso de estos. A raíz de ello, la organización guerrillera anunció que no volverían a la nación sudamericana en el período establecido.

A pesar de que Noruega secundó a Cuba en su posición y el pedido de respeto a los protocolos, los medios de derecha llevan a cabo una verdadera lucha simbólica en el terreno de la opinión pública para colgarle a la Isla el cartel de protectora de terroristas. El efecto de aquello fue retomado ahora, con la inclusión de la Mayor de las Antillas en la lista gringa de países que no colaboran en la lucha contra el terrorismo, con la  consabida “justificación”.

En respuesta, nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores afirmó, con razón, que el Gobierno de Duque ha incursionado en una serie de acciones hostiles que incluyen declaraciones públicas, amenazas y emplazamientos, mediante la manipulación, ingrata y políticamente motivada, de la inobjetable contribución cubana a la paz en Colombia.

“El mismo día que EE.UU. anunció la inclusión de Cuba en la lista de países que supuestamente no cooperan plenamente con los esfuerzos estadounidenses contra el terrorismo, el Alto Comisionado para la Paz del Gobierno de Colombia, Sr. Miguel Ceballos Arévalo, declaró públicamente que la decisión del Departamento de Estado de incluir a la isla era un ‘espaldarazo’ al Gobierno de Colombia y a su ‘insistente solicitud’ para que Cuba le entregara a los miembros de la delegación de paz del ELN”.

Sería interesante que Iván Duque se viera presionado a responder sobre las ejecuciones constantes de líderes sociales, noticia común en los medios de prensa locales, o las de miembros de la Farc-Ep, que dejaron las armas tras el acuerdo firmado en La Habana. Lamentablemente, el caso que nos ocupa es el de un territorio entregado a Estados Unidos para ampliar y asegurar su establecimiento militar en la región y fortalecer su política hostil hacia países que no han caído en sus manos, como es el caso de Venezuela. Por supuesto que con este Gobierno esperar lo contrario es imposible, y creer que bajo su égica ocurrirá un cambio supone prácticamente una utopía, en una sociedad donde la corrupción salpica todos los niveles políticos y los “asesinatos selectivos” constituyen práctica corriente, en medio de una impunidad que también se ha hecho sistémica.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo