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Publicado el 23 Junio, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

La parodia del alcalde Giménez

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Hay tantos políticos en Estados Unidos, sobre todo en Miami, acostumbrados a mentir sobre Cuba, que la verdad se les ha convertido en algo molesto, mucho más cuando de manera infame lo entorpecen todo por el odio visceral que sienten hacia nuestra nación, como se ha visto recientemente en la campaña contra las misiones médicas.

La parodia que escenificó el alcalde de Miami Dade, Carlos Giménez, es otro ejemplo de hasta dónde la retórica complaciente que busca el fondo financiero electoral puede mostrarse en esa crueldeshumanización contra la familia cubana para congraciarse con los ricachones que sustentan hoy el poder político en esa comunidad. En marzo pasado, armó tremenda algarabía para pedir que se suspendieran los vuelos al vecino del sur, ante los “peligros de contagios” cuando se anunció en nuestro país la hospitalización de los tres ciudadanos italianos detectados con el nuevo coronavirus en la ciudad de Trinidad. Ofreció de inmediato una conferencia de prensa en la que dijo que desconfía del gobierno cubano y que creía que en la Isla se habían registrado muchos más casos.

Pero su maléfica intención le jugó una mala pasada. Poco después tuvo que someterse a cuarentena por haber estado en contacto con un brasileño enfermo que formó parte de la comitiva de Jair Bolsonaro durante su visita a la Florida, invitado por Donald Trump. Y aunque ahora guarda silencio (esperar que se retracte sería como pedirle peras al olmo), los resultados de la COVID-19 casi tres meses después lo ponen en entredicho. Hasta el 15 de junio, Miami Dade, con 2,7 millones  de habitantes, tenía 21 162 confirmados positivos al virus, no se conocía cuántas personas se habían recuperado de la enfermedad y se registraban 822 muertos, lo que contrasta con nuestro país, de poco más de 11 millones de pobladores, donde se habían detectado 2 262 positivos, recuperado 1965 pacientes y reportado 84 fallecidos, todo ello como resultado de los sólidos programas de atención primaria de salud y de la existencia de un sistema epidemiológico de terreno encomiado por varias instituciones internacionales.

Miami sobresale en la política estadounidense por el clientelismo desenfadado y los chanchullos más inverosímiles; allí resulta práctica habitual la escandalosa manera en que los políticos buscan las contribuciones monetarias para las campañas electorales a cambio de respaldo absoluto a los intereses de grupos que han hecho una verdadera industria de las posiciones contra Cuba. Giménez es parte del núcleo de  esos enemigos más acérrimos de cualquier recomposición de las relaciones entre los dos países, como se apreció durante la presidencia de Obama, cuando, junto a connotados cabecillas contrarrevolucionarios, fue uno de los integrantes del staff que centralizó las acciones para oponerse a las medidas que procuraron mejorar la vecindad entre ambas naciones.

Por eso, ahora la mafia de Miami pretende que el personajillo sea su próximo candidato a la Cámara de Representantes, para intentar recuperar unos de los escaños que perdieron en las pasadas elecciones,frente a la inmigrante ecuatoriana Debbie Mucarsel Powell. Veremos qué pasa con este “demócrata” elegido alcalde tan solo con el 8,5 por ciento de los 1,2 millones de votantes registrados en Miami Dade. ¡Qué desperdicio!


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina