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Publicado el 17 Julio, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Derechos de los trabajadores como interés superior.

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Las cifras son inquietantes en un mundo en el que al menos en lo teórico debería haber trabajo para todos; pero no, la realidad muestra otra cosa. Y si ya el panorama económico era incierto, la incidencia de la pandemia ha venido a agravarlo con la pérdida de 305 millones de empleos. Para debatir sobre el negativo impacto del nuevo coronavirus en el mercado laboral global, destacados líderes esgrimieron sus ideas y aportes nacionales en la Cumbre Mundial Virtual de la Organización Mundial del Trabajo (OIT) con vistas a actuar mancomunadamente para intentar revertir las nada halagüeñas perspectivas en la esfera.

Baste decir que mil 600 millones de personas ven amenazados sus medios de subsistencia de manera inminente, dado que el ingreso medio en la economía informal se contrajo 60 por ciento en el primer mes de la pandemia. El asunto, sin embargo, es de larga data y, tal como dijera en su intervención el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, “el desempleo se ha multiplicado. La desprotección social aumenta y con ella se acrecientan las desigualdades y la pobreza. Pero no debemos engañarnos. Los terribles impactos y las nefastas consecuencias de la pandemia en todo el mundo no se deben solamente a este letal virus. Años de política neoliberal y de capitalismo salvaje, regidos por los designios del mercado, son la causa más profunda de la grave situación global”.

En ese sentido, reconoció que estamos ante un momento “dramáticamente serio”, que “exige acciones coordinadas. Ni gobiernos, ni trabajadores ni empleadores podemos cruzarnos de brazos. Y el colosal empeño al que debemos consagrarnos impone hallar soluciones que coloquen los derechos de los trabajadores como interés superior”. Insistió en que se requerirá asistencia en especial para “aquellos que generan empleo, en particular, los pequeños y medianos productores. Se requiere consolidar el diálogo social en la definición y ejecución de las políticas de enfrentamiento y recuperación tras la pandemia”.

El director general de la OIT, Guy Ryder, estuvo en consonancia con ese mensaje del dirigente antillano cuando admitió lo imprescindible de una estrategia integral para contrarrestar el impacto del nuevo coronavirus. De ahí que mientras siga el contagio, la organización consideró que las respuestas adoptadas en materia de políticas deberán aplicarse de forma eficaz como preludio necesario al retorno gradual y seguro al trabajo.

De cualquier manera, la vuelta a la “normalidad” es una falacia, porque, como señalara un despacho noticioso de Prensa Latina, eco de un informe de la OIT, “el número exorbitante de lugares de trabajo que cerraron en todo el mundo en respuesta a la pandemia redujeron en un 10,7 por ciento el total de horas trabajadas en el segundo trimestre del año”.
La COVID-19 ha vuelto más precario un mercado laboral global, golpeado por los males estructurales del capitalismo, con el consiguiente aumento de la pobreza y el hambre.  No obstante esta verdad, es posible encontrar la salida de la mano de sistemas políticos más amigables y solidarios, como en el caso del cubano, que, a pesar del prolongado bloqueo estadounidense, luce encomiables logros en materia de trabajo. Así lo hizo saber Díaz-Canel.

En la Mayor de las Antillas nadie quedó desamparado

“Me honra traer hasta esta Cumbre virtual la voz de Cuba, un pequeño país en desarrollo, donde los trabajadores en el poder batallan cotidianamente por consolidar toda la justicia, sueño y compromiso de los padres de la nación. Hoy, como siempre en los últimos 61 años, Cuba hace suyos los nuevos y graves desafíos con los que la Organización Internacional del Trabajo comienza a transitar su segundo siglo de vida”, destacó el orador de la Mayor de las Antillas.

Al dirigirse al director general de la OIT, el mandatario explicó que “ a pesar de la creciente demanda mundial el bloqueo a Cuba no solo se mantuvo al sobrevenir la amenaza epidemiológica para todo el planeta, sino que ha ido escalando en su acoso criminal a todo el pueblo, castigando con particular saña a la familia cubana”; pero aclaró que, en medio de esa asfixiante guerra económica, “nuestro Gobierno ha implementado acciones para la protección de la salud de todo el pueblo, el mantenimiento del empleo y la defensa a las garantías y derechos laborales para todos, que son baluartes de nuestro proyecto social”.

De manera que “fueron aplicadas 36 medidas de carácter laboral, salarial y de seguridad social: crecen el trabajo a distancia y el teletrabajo; se reubicaron trabajadores en otros puestos y se ampliaron las garantías salariales a los que se encuentran en sus casas al cuidado de hijos menores, de adultos mayores y a aquellos en condiciones de fragilidad de salud o que no fue posible reubicar; se exoneró del pago de impuestos a más de 240 mil obreros del sector no estatal; se mantuvo el pago de las pensiones, y los trabajadores sociales prestan atención especial a las familias que lo requieren, entre otras acciones”.

Realidad bien distinta en la región de las Américas, hoy epicentro de la pandemia. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Latinoamérica es la segunda región del mundo más afectada por el coronavirus, ya que ha sobrepasado a América del Norte y está detrás de Europa en cuanto a tasas de fatalidad por COVID-19. Al cierre de esta edición, en el área había más de 3,4 millones de casos confirmados y se reportaban más de 146 mil muertes.

La directora de la OPS, Carissa Etienne, se muestra pesimista, porque la enfermedad sigue al alza en el continente, especialmente en EE.UU, Brasil y México, que informaron del 77 por ciento de todas las muertes en la zona. Esto se debe a las altas tasas de desigualdad, las debilidades de sus sistemas sanitarios y la fuerte presencia de una economía informal, que ha influido en la reapertura temprana de la actividad económica en algunos países.

Tal como ha sucedido en los Estados Unidos, que sigue siendo el foco de contagios (3,39 millones de casos y 136 mil 117 muertes cuando escribimos estas línea). Aun así, las autoridades, con el mal ejemplo de Donald Trump, apuestan por medidas limitadas a algunos sectores, y, aunque las voces de los defensores de imponer una nueva cuarentena se escuchan alto, el deseo de reelección del presidente yanqui es muy fuerte y poco le importa que la gente muera si vuelve al trabajo o a las escuelas, para él, the money es primero, en contraposición a otros líderes del planeta, que abogan por la protección del trabajo.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda