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Publicado el 31 Julio, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Los anexionistas están alebrestados

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Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Los anexionistas, ahora además furibundos trumpistas, andan alebrestados, creyendo que lograrán sus anhelados cambios en el rumbo político de la Isla con las brutales medidas que Washington refuerza cada vez más, en medio de la actual pandemia.

Estos despechados gozan con el sufrimiento que se le está imponiendo a la familia cubana, con las tantas escaseces conocidas, mayoritariamente provenientes de la agresividad del bloqueo económico, comercial y financiero, puñal más genocida en medio de la crisis mundial que ha generado la COVID-19 (por supuesto, que hay una cuota de ineficiencias propias).

Nuestro camino se ha empedrado con numerosos sacrificios durante estos 60 años, aunque por muy duro que resulte el momento en particular, no es ni será el apocalipsis que quisieran los enemigos, ansiosos de ver gemir y hundirse a la nación cubana. La mafia de Miami y sus mandamases de Washington obvian la memoria histórica. Mientras más han tratado de llevar al pueblo cubano contra la pared, más se ha puesto a prueba la capacidad de conciencia y de determinación de este para comprender que el límite real es no perder la independencia. De la misma manera que tampoco han logrado el divorcio del rencuentro familiar, que siempre han usado como rehén de su política.

Si solo lo circunscribimos en hechos generales a las últimas administraciones republicanas, a las que Trump trata de copiar como con papel carbón, hay que recordar que Ronald Reagan dijo en 1980 que Cuba pagaría el alto costo del desafío, y reforzó los controles, las sanciones y listas negras sobre empresarios y compañías marítimas que promovían intercambios con nuestro país.

En los 90, George Bush padre, tras la desaparición del socialismo en Europa del Este, anunció enfáticamente que él sería el primer presidente en pisar tierras cubanas. Entre sus presiones ratificó la Ley Torricelli, que endurecía las sanciones, y de un tirón prohibió a subsidiarias estadounidenses establecidas en terceros países comerciar con Cuba. El 90 por ciento del comercio que se tenía con esas empresas era de alimentos y medicinas.

Bush hijo fue otro presidente belicoso contra la Isla. Fomentó la Comisión de Asistencia para una Cuba Libre y hasta nombró el interventor yanqui para cuando cayera la Revolución. Adoptó tantas medidas contra la reunión familiar que hasta redefinió el concepto de familia. Los cubanos emigrados solo podían visitar a abuelos, padres, hermanos, hijos y cónyuges que quedaron en la patria. Tíos, sobrinos, primos y otros parientes cercanos no clasificaban para obtener un permiso de viaje hacia los suyos.

Sin embargo, la campaña no puede ocultar que la dirección revolucionaria, una vez más, estableció la estrategia de proteger los servicios vitales de la población y asegurar los objetivos priorizados, para buscar salidas en condiciones realmente extraordinarias sin hacer concesiones en los principios de soberanía e independencia. Y con la voluntad de afrontar la crisis y el recrudecimiento del boqueo con el más riguroso criterio humanista de no dejar a nadie desamparado.

 

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Lázaro Barredo Medina

 
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