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Publicado el 6 Julio, 2020 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Los bravucones no saben cómo hacer más daño

Lázaro BarredoPor LÁZARO BARREDO MEDINA

Los bravucones de Washington ya no saben qué hacer con sus abusos para tratar de doblegar a la nación cubana. Su coprofagia llega a límites insultantes, como el desatino de tres aberrados con cierto poder político de formular la propuesta de castigar a países que acepten la colaboración médica de la Isla, mucho más en esta época de pandemia, o la infamante decisión de incluirnos en la espuria lista de quienes no cooperan con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo.

Indigna mucho más esta última acción del equipo de Donald Trump, porque siendo Cuba víctima de ese flagelo cruel y despiadado que, auspiciado, financiado, organizado o protegido por varias administraciones estadounidenses, ha causado la muerte de 3 478 ciudadanos, daños a la integridad física de otros 2 099, además de cuantiosas pérdidas materiales, es una de las naciones más dispuestas a colaborar con las autoridades norteamericanas no solo para defender sus propias fronteras sino también las de los vecinos del norte.

En las palabras pronunciadas por Fidel  en la Tribuna Antimperialista “José Martí” el 20 de mayo de 2005, hay una extensa explicación sobre cómo ha sido de diferente la conducta de ambos países ante estos graves fenómenos.

La Mayor de las Antillas condena todos los actos, métodos y prácticas de terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, dondequiera, por quienquiera que los cometa, contra quienquiera que se cometan y cualesquiera que sean sus motivaciones. Asimismo, censura toda acción que aliente, apoye, financie o encubra cualquier acto, método o práctica terrorista, y ha adecuado toda su legislación para  aplicar severos castigos a esas acciones.

Ha sido la Revolución Cubana la que, por esa política de principios, ha ofrecido permanente información a las administraciones de Estados Unidos sobre actividades terroristas. De lo cual pueden dar fe no pocos funcionarios norteamericanos, entre ellos el actual subsecretario de Estado Michael Kozak, quien, si es honesto consigo mismo, puede testimoniar la intensa colaboración que se estableció durante su gestión como jefe de la Oficina de Intereses en La Habana.

Como explicó Fidel, “Estados Unidos corre un riesgo potencial con relación a los cientos de organizaciones extremistas, muchas de las cuales están armadas en los propios Estados Unidos…Nosotros les hemos planteado, les hemos hecho saber, les hemos comunicado las experiencias, los métodos terroristas que se usan contra nuestro país, lo cual es una contribución que puede ayudarlos a defenderse, porque lo considero un país muy vulnerable a esos tipos de ataques”.

Por ejemplo, en la década de los 80, el presidente Ronald Reagan estaba al declararnos la guerra total. El Programa de Santa Fe, plataforma neoconservadora de su Gobierno, estableció que había que hacerle pagar a Cuba un alto costo por el desafío, y nos obligó a diseñar la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo y dedicar cuantiosos recursos a la preparación militar y el acondicionamiento del terreno de operaciones para caso de una agresión a gran escala.

En 1984, sin embargo, las autoridades cubanas conocieron sobre un segundo plan de atentado contra el mandatario por un grupo de extrema derecha en Carolina del Norte y la decisión inmediata del compañero Fidel fue que se le entregara toda esa información a la Casa Blanca, que  evidentemente abortó el magnicidio.

Durante varias décadas, en decenas de notas oficiales del Ministerio de Relaciones Exteriores, las autoridades cubanas suministrarion a Washington detalladas informaciones sobre el accionar de grupos y cabecillas dedicados al terrorismo en territorio norteamericano.

¿Y qué pasó?

Mencionaré una sola nota de la prensa de Miami, a finales de la década de los 90, donde se reconoció que “autoridades se muestran suaves frente a actos anticastristas”.

Un columnista del Miami Herald escribió en la edición del  23 de julio de 1998: “En medio de informes de que líderes del exilio cubano financiaron atentados dinamiteros en La Habana, fiscales, conspiradores y policías estuvieron de acuerdo en que las conspiraciones anticastristas en el sur de La Florida no sólo son comunes, sino casi toleradas”.

Una de las cosas más interesantes de este artículo, que se publicó dos meses antes de la detención de los patriotas cubanos, son las declaraciones de Kendall Coffey, que había sido fiscal federal en Miami y luego sería uno de los abogados de los secuestradores de Elián González, sobre la marcada parcialidad  para celebrar un juicio contra  los “anticastristas” en esa ciudad: “A través de los años hemos actuado en cierto número de casos pero es muy difícil obtener un jurado en esta parte de la Florida que halle culpables a personas que son presentados como combatientes por la libertad”.

Prueba del deseo de colaborar fue el mensaje enviado por Fidel al presidente William Clinton, por intermedio de Gabriel García Márquez, donde alertaba de la preparación de planes de atentados contra aeronaves de pasajeros.

En su momento, vino a La Habana una delegación del Buró Federal de Investigaciones (FBI) a la que se le  proporcionó abundante información documental y testimonial, como 64 folios en los que se aportaban elementos investigativos acerca de 31 acciones y planes terroristas contra nuestro país, ocurridos entre 1990 y 1998, grabaciones de conversaciones telefónicas, documentos de la entrega de dinero para estas actividades por la Fundación Nacional Cubano Americana, así como 60 folios con las fichas de 40 terroristas de origen cubano, la mayoría residentes en Miami, incluidos los datos para su ubicación, entre otros.

La parte norteamericana reconoció el valor de la información recibida y se comprometió a dar respuesta del análisis realizado a estos materiales en el más breve plazo. Sin embargo, no resultó detenido ningún terrorista, ni ninguna de los financiadores de esas actividades; quienes resultaron apresados fueron los Cinco Héroes, que infiltraron esas organizaciones para impedir las tropelías.

Pese a esas anomalías, Cuba no abandonó el principio de la cooperación en la lucha contra el terrorismo.  Lo atestigua su inmediata actitud de ofrecer auxilio ante los horribles acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, o los entendimientos logrados en los últimos años en materia de aplicación y cumplimiento de la ley para el enfrentamiento a los flagelos trasnacionales que afectan la seguridad nacional de ambos países.

Los hechos desnudan la falacia y la calumnia.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina