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Publicado el 16 Septiembre, 2020 por Marta Sojo en Opinión
 
 

EE.UU.: Llagas sin cerrar

Marta Sojo.Por MARTA G. SOJO

Una de las expresiones del racismo sistémico en Estados Unidos es la brutalidad policial que impera. No hay más que echar un vistazo a través de los años para darse cuenta de que la mayoría de los sucesos de este cariz se ensañan en los afroestadounidenses, seguidos por los latinos.

Recientemente se han dado varios incidentes, como el de George Floyd, a quien asfixiaron tirado en el piso, esposado; aunque se oían sus suplicas de “no puedo respirar”. O el de Jacob Blake, ciudadano negro que recibió siete disparos por la espalda de un agente policial. Las escenas no sorprenden, es una asignatura pendiente en esa sociedad.

Por eso fue previsible la explosión de protestas que siguió a las muertes. Está probado que, en diversas urbes estadounidenses, la Policía interviene en refriegas sin justificación, propinando palizas terribles, ahogamientos fatales y procedimientos inhumanos, mientras sus superiores hacen la vista gorda ante tales episodios.

Lo peor es que, si bien las personas afectadas denuncian los hechos, la jefatura suele extender un manto protector sobre los agentes. En cada etapa, surgen obstáculos que van de la intimidación abierta a la reticencia de los fiscales locales y federales a asumir los casos de brutalidad policial. Por eso resulta frecuente que los involucrados nunca lleguen a prisión.

Un estudio del Instituto de Justicia Penal de Harvard, la Universidad de Massachusetts y la Asociación para el Avance de la Gente de Color señala que las redadas policiales, las detenciones callejeras y las humillaciones públicas se realizan pocas veces en las áreas predominantemente blancas.

Y que “todo funciona como parte de una penosa historia de brutalidad racial y degradación que encuentra lugar en los espacios de poder”.

La sucesión de hechos de este corte, aún más cruel por la pandemia de la Covid-19 (con más de 100 000 defunciones y millones de casos reportados al cierre de esta edición), atiza el ambiente discriminatorio que se vive en Estados Unidos y que fue muy palpable durante la última Convención del Partido Republicano, antes de las elecciones del 3 de noviembre de 2020, donde se apreció cómo el grupo político defendió la actuación oficial.

Reportan medios de prensa que ha habido una contrapartida al malestar de los afroamericanos, al fomentarse diversas manifestaciones de blancos que lanzan quejas por el confinamiento para contener la pandemia, gritan y hasta han escupido a los agentes del orden, los cuales –por cierto– exhiben bastantes consideraciones con ellos, a diferencia de cuando es una marcha de afrodescendientes.

¿Que enseña esto? Que los cuerpos policiales son más permisivos con las personas blancas, aunque cometan actuaciones similares. No es secreto para nadie la polarización política que sufre en el presente el norteño país, sombrío y de futuro incierto conforme a diversos comentaristas.

Trump y la discriminación

Si bien el racismo es un problema de larga data, no podemos obviar que la presente administración fomenta esas divisiones, por sus propias convicciones ideológicas. Y que el Presidente de la nación atiza las llamas al defender a los policías, máxime cuando hay una ola de indignación por el actuar de estos.

Encuestas actuales de la Pew Research Center señalan que el 65 por ciento de la población considera que desde que Trump entró en la Casa Blanca el racismo se ha vuelto “más común”. Lo cual ya se veía venir desde el instante en que fue elegido.

De hecho, muchos de los entrevistados opinan que las relaciones interraciales son malas y muestran escepticismo acerca de que en algún momento vaya a alcanzarse la igualdad de derechos con las personas blancas. La mitad de los afrodescendientes consultados cree que esta opción “es demasiado improbable”.

Una situación tan enojosa y tan recurrente en la historia del país conllevó a la formación de una nueva entidad de lucha, el Black Lives Matter (Las vidas negras importan), que surgió en 2015, en medio de las marchas en la ciudad de Fergunson, Missouri, como protesta ante el asesinato de Michael Brown por cuerpos represivos. Sus propósitos están orientados a la toma de conciencia sobre la discriminación sistémica, y los prejuicios individuales y colectivos que la perpetúan.

Pero surgieron otras tendencias para contrarrestar la situación, escondiendo las desigualdades raciales existentes y dando a los cuerpos policiales una imagen de héroes y víctimas de crímenes. Por supuesto, sus seguidores son blancos.

Un artículo de Rusia Today (RT) asevera que hay poco para sorprenderse por el panorama norteamericano de efervescencia en las manifestaciones, dados la profundización de la crisis en la vida de los ciudadanos en período de la covid-19 y el persistente problema de la Policía criminal e intolerante.

Las demandas actuales, como las anteriores, no han desmantelado el entuerto y mucho menos la desigualdad. Las salvajes diferencias étnicas siguen vigentes, ahora agravadas por la pandemia.

Las protestas proliferan en muchos estados de la Unión. Esto hace rememorar aquellas que se produjeron en los años 60 del siglo pasado, cuando el Reverendo Martin Luther King pronunció el famoso discurso conocido como “Yo tengo un sueño”.

Aunque la lucha por los derechos civiles de la época promovió algunos cambios, todavía no se ha podido borrar por completo la división racial en Estados Unidos. Muchos ejemplos nutren esta percepción.

Según la organización The Sentencing Project, “más de 60 por ciento de la población tras las rejas en la Unión Americana pertenece a minorías étnicas. Hay que añadir que se han incrementado las actividades de “grupos de odio” como el Ku Klux Klan, cuyas acciones generalmente equivalen a crímenes de discriminación, un fenómeno creciente en esa nación.

Aún sin escribir las últimas líneas de este comentario se reportó la muerte de un joven de 18 años, en el estado de Washington, lo cual derivó en más manifestaciones. Como va todo, no parece que advendrán mejorías, por lo que se predice que las calles estadounidenses seguirán siendo susceptibles a estallidos violentos.

El movimiento negro, aun con algunas victorias, como la aprobación de la ley de 1965 que abolió la discriminación racial en materia de derechos cívicos y eliminó la segregación en las escuelas, cafeterías y otras estructuras sociales, sigue siendo pobre, porque la integración cabal y definitiva en la sociedad no ha acontecido.

Y menos aún la igualdad.


Marta Sojo

 
Marta Sojo