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Publicado el 30 Septiembre, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Merecido regalo para los abuelos

María Victoria Valdés Rodda Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Los veo- y usted también- en todas partes con un entusiasmo juvenil sin importar que luzcan canas o una rotunda calvicie, ni que sus cuerpos adolezcan achaques, ni que el tiempo les sepa a poco. A veces me detengo a contemplarlos en un ejercicio de sociología y mi primera reacción es de asombro contemplativo, que casi siempre acompaño con la frase de ¡Qué vivos son los viejos en Cuba! Sin embargo, luego de pensármelo un poco llego a la conclusión de que mejor debían estar en el resguardo del hogar y no en esas largas colas de la bodega, la TRD o el Agro. Deberían dedicar su merecida jubilación a disfrutar de labores gratas y seguras.

Pienso entonces en mis fallecidas abuelas, de clase media, que, por una cuestión patriarcal, sus esposos, mis fallecidos abuelos, las mimaban con lo cual evitaban sus salidas de casa. Llegó en cambio la Revolución y abuelas y abuelos se emanciparon de siglos de prejuicios de género. El proceso revolucionario le hizo bien a ellas y a ellos. Ganamos como nación y el adulto mayor adquirió otra personalidad y dignidad, lo mismo en la ciudad que en el campo.

Pero el hecho de que actualmente los adultos mayores estén presentes en cada actividad, no es signo de progreso porque muchos viven solos, o sus familiares tienen “imprescindibles” responsabilidades fuera de casa. Y si bien admiro a esos seres que, con tremenda paciencia, salen a “cazar el mamut del día”, considero asimismo que deberíamos mimarlos más, no ya al propio, a ese que arrulla al nieto o saca a pasear al parque a la nieta. Me refiero a todos y a cada uno que, sintetizados en un sentimiento profundo, bien podemos asumir como nuestros queridos viejos. Aquí me detengo en una anécdota: el menor de mis hijos de pequeño accedía a desayunar si le contaba por enésima ocasión, en un cuento por mi inventado, como Máximo Gómez se tomaba el yogur en la manigua antes de las famosas y temidas cargas al machete. Ese héroe, un anciano valiente, fue su ejemplo a seguir.

1ero de octubre Día Internacional de las Personas de Edad

Ante el acelerado envejecimiento poblacional a nivel mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas, ONU, instauró el 14 de diciembre de 1990, a través de la resolución 45/106, el 1ero de octubre el Día Internacional de las Personas de Edad como una vía perfecta para destacar las importantes aportaciones que nuestros mayores hacen a la sociedad. También para crear conciencia sobre las oportunidades y los desafíos que significa el desbalance demográfico.

La entidad global utiliza un nombre – de la fecha aludida-, ciertamente más abarcador que el de abuelos, porque no circunscribe a la descendencia genética. Lo valioso es el aporte social acumulado.

Como señala acertadamente la página digital de la ONU, www.un.org/es, las personas mayores, como figura activa socialmente, están contempladas en la Agenda 2030 y en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ambas tareas “reconocen que el desarrollo solo se puede lograr si incluye a todas las edades. Empoderar a las personas mayores en todos los ámbitos del desarrollo, incluida su participación en la vida social, económica y política, ayuda tanto a garantizar su inclusión como a reducir las numerosas desigualdades a las que se enfrentan estas personas”.

Los abuelos cubanos

Por suerte en nuestra Patria los ancianos son atendidos con esmero en una red de Casas del Abuelo y del Adulto Mayor. Aunque soy del criterio que son perfectibles los mecanismos y vías para un cuidado superior. No obstante, es válido recordar que existe voluntad política a nivel de país. Entre los mecanismos, de los varios que existen, sobresalen la Ley No.105/2008 de Seguridad Social y el Decreto No. 283/2009 – “Reglamento de la Ley de Seguridad Social”, que plasman los beneficios de la población adulta mayor. Todavía en montos de jubilación insuficientes. De cualquier manera, vivimos en un estado que ampara y cuida, por tanto, nuestro régimen de asistencia social protege especialmente a los ancianos.

Razón de más para celebrar una fecha que puede incorporarse al imaginario nacional en su vínculo con los cientos de logros de la Revolución cubana. Pero no se trata únicamente de picar un cake, o regalar algún presente. Debemos proponernos, además, sobrepasar esas costumbres cariñosas y gratificantes por otras: pudieran ser actividades de alcance público y social, dígase talleres especializados o campañas mediáticas, etcétera.

El Día de los Abuelos en Cuba

El Día de los Abuelos en Cuba, incluidos todos los adultos mayores estaría en correspondencia con la cambiante realidad. Según el Doctor en Ciencias Económicas y de Ciencias Sociales y profesor titular de la Universidad de la Habana, Rolando García Quiñones, “la evolución demográfica del país ha conducido a un rápido envejecimiento de la estructura por edades de la población, el cual constituye, sin dudas, un logro del progreso social, pero, a su vez, un importante desafío del presente y del futuro inmediato”.

En su estudio “Cuba: envejecimiento, dinámica familiar y cuidados” desmenuza algunas claves esenciales de este fenómeno demográfico. A su consideración “la experiencia cubana es prácticamente inédita y singular, tanto en el escenario de los países subdesarrollados como con respecto al modo en que transcurrió la transición demográfica en Europa septentrional y occidental”.

García Quiñones nos explica que “a diferencia de lo ocurrido en el Viejo Continente, donde la transición demográfica que condujo al envejecimiento de sus poblaciones requirió de varios lustros, en Cuba ese proceso ha sido vertiginoso y homogéneo. Con el advenimiento de la Revolución cubana en 1959, las transiciones demográficas y epidemiológicas se intensificaron de manera significativa, con los ya mencionados y marcados declives de las tasas de fecundidad y mortalidad, el notable aumento de la capacidad de supervivencia de la población y el alto grado de uniformidad de los indicadores sociodemográficos entre los territorios y sectores de la población”.

Así lo demuestran las estadísticas: “el último censo, realizado en septiembre del año 2012, arrojó que el 18,3 por ciento de la población tenía 60 años o más. Las estimaciones para el 2015 reportaron un 19,8 por ciento y, al cierre del 2017, la cifra oficialmente informada fue de un 20,1 por ciento. Este último valor corresponde, en términos absolutos, a unas dos millones 246 mil 799 personas que hoy forman parte de la llamada tercera edad”.

Como se infiere son muchos, muchos los abuelitos y abuelitas junto a nosotros: no los ignore, al contrario, ayúdeles, quiéralos sin mediar vínculo familiar o barrial. Sea gentil y regálele un Día, este 1ro de octubre, a sabiendas de que es poco para reverenciar a quienes todavía hoy nos cuidan y aman.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda