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Publicado el 4 Octubre, 2020 por Redacción Digital en Opinión
 
 

El nasobuco, tablita salvadora que no pierde vigencia

Al principio de la pandemia los tapabocas se hicieron con un estilo de tachones o pliegos, atados con dos cintas detrás de la cabeza, incluso, eran muy grandes y pocos atractivos, no obstante, esas prendas han evolucionado en estos siete meses de azote del coronavirus SARS-CoV-2, en que el uso de la mascarilla se ha vuelto obligatorio

Por ONELIA CHAVECO

Con una situación favorable en el enfrentamiento a la COVID-19, los cienfuegueros asumen poco a poco la nueva normalidad, enterados de que las principales medidas de protección ya forman parte de la cotidiano, en especial el uso del nasobuco (mascarilla), hasta tanto el mundo reporte casos de esta pandemia.

Hoy, en calles y avenidas, en el transporte o centros laborales y de estudio, la mayoría de los más de 400 mil habitantes de este territorio centrosureño de Cuba usa la mascarilla de forma permanente, a pesar de que la provincia transita por la tercera fase pospandemia.

Hubo meses que no fue así, sobre todo tras los cambios de fase, en que solo se exigía el tapaboca en lugares con mucha aglomeración de público; pero el reporte de dos casos positivos en Cienfuegos durante la primera decena de septiembre hizo que la población retomara el uso de la prenda de forma masiva.

En tal sentido las costureras de barrios no han detenido la confección de esos protectores, al contrario, se incrementó su labor con el retorno de los estudiantes a las escuelas, cuando el primero de septiembre se reanudó el curso escolar 2019-2020.

Ana Elsy Céspedes, trabajadora por cuenta propia en el barrio de Reina de la cabecera provincial, declaró a la Agencia Cubana de Noticias que la demanda se acrecienta, pues los estudiantes deben llevar varios nasobucos al aula o al círculo infantil (los más pequeños), al igual que los profesores y maestros.

Explicó que en el principio de la pandemia los tapabocas se hicieron con un estilo de tachones o pliegos, atados con dos cintas detrás de la cabeza, incluso, eran muy grandes y pocos atractivos, no obstante, esas prendas han evolucionado en estos siete meses de azote del coronavirus SARS-CoV-2, en que el uso de la mascarilla se ha vuelto obligatorio.

Ahora lo elaboramos con corte central en forma de barbijos que quedan ajustados y llevan forro interior, con amarres a la oreja, lo cual permite eludir el elástico a veces deficitario por estos días, comentó.

Los clientes lo piden en combinaciones de colores para el uniforme escolar, o para el  vestir diario, y hasta con zíper para que los fumadores no tengan que quitarlo a la hora de disfrutar de su adicción, añadió.

Según la experta costurera, esta prenda ha evolucionado rápidamente, primero por la necesidad real de protegerse la población, y ya que tiene tamaña utilidad, pues nos salva la vida, entonces se ha asimilado como algo bueno, novedoso y que debe ser atractivo para tener mejor aceptación.

Por ello hay muchas interioridades alrededor de la diminuta prenda, no solo en Cienfuegos sino en Cuba la distinguen, y de hecho están las mascarillas atractivas elaboradas para los diferentes equipos de béisbol de la actual serie nacional de pelota, la alegórica al aniversario 60 de los Comités de Defensa de la Revolución o aquellas con la marca País.

Una tendencia está en los cubrebocas reversibles, muy económicos, porque si de todas formas se le pone un forro interior y este se hace de un color atractivo se puede usar indistintamente, y son dos posibilidades por el mismo precio, dijo.

Además del nasobuco diario, está “el de salir”, mucho más elegante, porque es obvio que si hay flexibilidad en las provincias que no reportan casos positivos como Cienfuegos, los jóvenes hacen salidas nocturnas o de domingo a restaurantes, aun cuando existan regulaciones de distanciamiento, agregó.

Entre los universitarios, en estos momentos hay la tendencia de los protectores gemelos, es decir, del mismo color y forma, así los jóvenes se ponen de acuerdo sobre cuál usar cada día.

Yosniel Agüero, estudiante de ingeniería eléctrica, y su novia, recién graduada de Periodismo, de la Universidad de Villa Clara, asumieron el reto de los nasobucos gemelos y a todas partes van con estos para unir amor y protección.

Sin embargo, aunque son los menos, aún hay cienfuegueros confiados que llevan el nasobuco a modo de babero o collar.

Como Cienfuegos logró permanecer 135 días sin COVID-19, y luego tras el susto de septiembre nuevamente acumula más de 20 jornadas libres de la pandemia, se piensa que la provincia está exenta de rebrotes.

Sin embargo, en estos tiempos la orientación de las máximas autoridades del país es mantener todas las medidas higiénicas y sanitarias para evitar el virus, no hay de otra, y más cuando esa prenda se convierte en protección ante la arremetida de una enfermedad tan contagiosa. (ACN).


Redacción Digital

 
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