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Publicado el 14 Octubre, 2020 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Ordenamiento monetario: complejo, pero posible

Por DELIA REYES GARCÍA

La teoría de la complejidad, que intranquiliza las neuronas de los científicos naturales, parece ser una bicoca al compararse con los problemas estructurales que arrastra la economía cubana, y que en buena medida ha profundizado la extensión en el tiempo de la dualidad monetaria y cambiaria.

Como se ha reconocido en diferentes tribunas, la unificación monetaria y cambiaria no resolverá de manera automática las trabas que tiene la economía. Pero al menos, permitirá que avancen -con otros aires- las fuerzas productivas. El escenario actual, y previsible, a consecuencia de la pandemia y la hostilidad permanente del gobierno norteamericano, no auguran paños tibios.

Conociendo los impactos negativos que tiene la dualidad monetaria y cambiaria en aspectos tan sensibles para el país como el estímulo a las exportaciones, la actual tasa de 1 por 1 resulta disfuncional; la productividad del trabajo, piedra angular para el crecimiento del Producto Interno Bruto; o las cadenas de valor entre los distintos actores, por solo citar algunos ejemplos, no puede seguir aletargándose.

Al valorar la nueva estrategia económico-social, las máximas autoridades del país han dejado claro que sin concretar el ordenamiento monetario y cambiario será muy difícil, cuando no imposible, salir de la actual crisis e impulsar el desarrollo del país.

Es cierto que existen otros problemas estructurales que complican las cosas. Uno de estos, la acumulación de los déficits salariales, y los “parches” que se han aplicado ante la ausencia de una reforma general de los salarios. Una de las preocupaciones a la hora de implementar el ordenamiento monetario, precisamente está asociado a que no se produzca una inflación por encima de lo previsto, porque anularía entonces el efecto del incremento salarial.

De otra parte, la ineficiencia del sistema empresarial, de manera equívoca se asocia generalmente con la obsolescencia tecnológica, o la falta de gestión, cuando en realidad también subyace una visión paternalista-controladora que se expresa en la manera centralizada de administrar los recursos financieros, materiales y humanos.

En cuanto a los desequilibrios macroeconómicos, en particular los déficits fiscales, con tendencia creciente en los últimos años, debido a las erogaciones monetarias (subsidios) del Estado hacia el sistema empresarial, amerita subrayar que en buena lid tienen como causa la dualidad monetaria y cambiaria.

Al referirse a estos problemas estructurales Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de los Lineamientos, agregaba también sobre la carga institucional que se ha generado alrededor de este fenómeno, a la cual se le han encontrado soluciones, pero por la vía administrativa, y no de manera natural. “No pensemos que por fuerza y voluntad de un grupo de personas se puede desmantelar en el corto tiempo”, alertó.

Sin embargo, el temor al error no debe seguir inmovilizando a la economía cubana. No puede ser una excusa el hecho de que una vez comenzado el ordenamiento no exista marcha atrás. El peor error es no cambiar, como señaló Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la República.

Por eso, bienvenida sea la decisión del Gobierno de llevar a la opinión pública este tema, el cual requiere de una explicación profunda para que la población conozca las complejidades de la tarea ordenamiento, que va más allá de la eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria, al proponerse también la transformación de los ingresos (salarios, jubilaciones y prestaciones de la asistencia social), y la eliminación de los subsidios (a productos y al sector empresarial) y las gratuidades indebidas.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia