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Publicado el 9 Octubre, 2020 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Se decide el futuro de un pueblo

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

En vísperas de los comicios en Bolivia, el candidato a la presidencia por el Movimiento Al Socialismo (MAS), Luis Arce, lidera las encuestas de intención de voto, y, coincidiendo con diversos analistas, alerta de que su partido podría ser empujado fuera del escenario electoral.

La denuncia de Arce estuvo dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres; al presidente pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAC), el mexicano Andrés Manuel López Obrador; al representante de la Unión Europea (UE) para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y al presidente del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Cordero.

El acusador llama la atención sobre la afirmación de la presidenta de facto, Jeanine Áñez, en el sentido de que “no vamos a permitir que los violentos del pasado quieran o intenten volver a convulsionar el país”, con lo cual ratifica una amenaza del ministro de Gobierno, Arturo Murillo, de movilizar a militares y policías contra las eventuales protestas masistas.

Si lo pensamos con detenimiento, cualquier tipo de protesta de los movimientos populares a favor o en defensa del MAS pudiera ser usada como justificación para cancelar los comicios a última hora, o para no reconocer los resultados si resulta ganador. La violencia que pueda generar una componenda más contra la agrupación en las calles serviría como colchón de apoyo para que se considere el momento actual inapropiado para llevar a cabo unos comicios que, según se maneja, están destinados a decidir no solo el futuro del país sino también la salud de la democracia –¡como si el Gobierno de Áñez no fuera antidemocrático!

En los dos debates presidenciales, aunque realmente el primero fue un foro de preguntas y respuestas para cada candidato, el MAS resultó atacado acerbamente por la derecha en pleno. Arce abogó por la generación de empleos e ingresos y, se ausentó del segundo encuentro, porque simultáneamente a la emisión de este ofreció una entrevista en Santa Cruz para la red Uno, junto con su acompañante de fórmula, David Choquehuanca.

Allí destacó la nacionalización lograda durante el período de Evo Morales y aseveró que en su gobierno se cerrarán las empresas públicas deficitarias, además de prometer que en cinco años Bolivia ya no importará diésel, porque pasaría a ser productor.

Aunque los grandes medios intentan ridiculizar las propuestas del candidato masista y hostigarlo con el argumento de que huye de los espacios de discusión sobre el futuro de la nación altiplánica, evidentemente su candidatura atiende problemas urgentes de la economía y de la sociedad, agudizados por la pésima gestión de Jeanine Áñez, en medio de una pandemia que ha sido igual de terriblemente manejada, con escándalos de corrupción, deficiente respuesta del sistema de salud y una curva ascendente de muertes. Se suma a ello la desprotección a trabajadores irregulares, sobre todo mujeres, el principal sostén de muchos hogares pobres.

Los próximos días serán de suma tensión y alerta constante acerca de un posible segundo golpe de Estado si vuelve a ganar el MAS en las elecciones.


Mariana Camejo

 
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