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Publicado el 6 Octubre, 2020 por María de las Nieves Galá León en Opinión
 
 

Todos para uno…

Maria de las NievesMARIA DE LAS NIEVES GALÁ

En su conferencia habitual de las nueve de la mañana por la televisión, cada día el doctor Francisco Durán García, director nacional de Higiene y Epidemiología del Ministerio de Salud Pública, informa una cifra que no pasa inadvertida: la cantidad de pruebas procesadas en los laboratorios cubanos para la detección del virus SARS-CoV-2.

Los números han aumentado y en los últimos días de forma sistemática sobrepasan los 7 000. Con voz pausada, Durán detalla la cantidad que hizo cada laboratorio: del IPK, de los centros provinciales de Higiene, Epidemiología y Microbiología de La Ha-bana, Villa Clara y Santiago de Cuba, del Hospital Hermanos Amei-jeiras, del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, de la De-fensa Civil y del Centro de Genética Médica, de los hospitales Ma-nuel Fajardo, Fructuoso Rodríguez y Dr. Luis Díaz Soto (Naval), así como del Centro de Inmunología Molecular y los Laboratorios AICA.

Numerosas manos hacen posible esos resultados. Bajo las máscaras protectoras apenas se identifican los rostros, que se tor-nan héroes anónimos. Muchas son mujeres, algunas madres que han dejado a sus hijos al cuidado de la familia; de padres, esposos o amigos que han prestado su mano solidaria para que ellas puedan cumplir su misión.

La intensidad, la meticulosidad y los riesgos rigen la faena. Todos lo saben; pero están calificados para asumir los retos y se pro-tegen cumpliendo estrictas normas de bioseguridad. En ese intenso trabajo hay derroche de entrega y sacrificio, son equipos que tra-bajan cohesionados, como los Mosqueteros.

Pero esas cifras que hoy se alcanzan en el procesamiento de pruebas de Reacción en Cadena de Polimerasa (PCR por sus siglas en inglés) son posible gracias al empeño del gobierno cubano por crear condiciones para incrementar el número de laboratorios de biología molecular y aumentar así los volúmenes de muestras analizadas.

Hace poco más de seis meses, al diagnosticarse los primeros casos de la COVID-19 en Cuba, el 11 de marzo pasado, solo exis-tía el laboratorio del IPK. Luego se fueron abriendo otros.

La reciente inauguración del laboratorio de biología molecular en la provincia de Ciego de Ávila da fe de la voluntad del gobierno cubano de poner todos los recursos en función del pueblo, a pesar de las limitaciones financieras que tiene el país y de la agresividad del bloqueo impuesto por Estados Unidos, que incide en la adquisi-ción de equipos para el sistema de salud.

Los consagrados laboratoristas son parte imprescindible de la batalla que se ha librado en Cuba contra la COVID-19; están en la primera línea de combate y como todos –quizás más que todos- esperan el día de celebrar la victoria contra este enemigo invisible.

Ellos también necesitan de nuestro apoyo. Es una batalla por la vida; es de todos para uno y uno para todos.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León