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Publicado el 12 Noviembre, 2020 por Prensa Latina en Opinión
 
 

El complicado nudo de Nagorni Karabaj y Rusia

Antonio Rondón Garcìa, periodista de prensa latina

(Foto del perfil de Facebook)

Por Antonio Rondón García

Rusia reafirma hoy su capacidad como garante de paz en conflictos regionales, con la presencia de sus militares en la región de Nagorni Karabaj, en un punto final fulminante a un complicado conflicto en el espacio pos-soviético.

Aunque mucho queda aún por andar tanto en el cumplimiento de todos los aspectos del acuerdo alcanzado por Rusia, Armenia y Azerbaiyán, incluidos detalles tan delicados como la devolución de territorios y el regreso de refugiados, el primer gran paso de finalizar los combates ya se dio.

En una demostración de la confianza de Ereván y Bakú en la capacidad mediadora de Moscú, tan pronto se conoció sobre la firma de la avenencia, cesaron los combates y en pocas horas llegaban a la capital armenia los primeros 22 aviones IL-76 con parte del contingente de pacificación ruso.

Los casi dos mil militares de este país, en su mayoría del Distrito Militar Central, del servicio profesional y con experiencia en otras zonas de conflicto en el orbe, estarán dotados con 90 blindados y 380 camiones y otro tipo de técnica de combate.

El ministerio de Defensa aclaró que dentro de ese último parámetro se incluyen helicópteros de asalto MI-24 y drones que garantizarán la vigilancia en el terreno y la protección de esas tropas que se suman a los militares rusos situados en la 102 base de este país en Armenia.

Las fuerzas rusas se situarán en 16 puntos a lo largo de la línea de confrontación en Nagorni Karabaj, donde desplegarán puntos de observación y control, así como en el llamado corredor de Lachin, de cinco kilómetros de ancho, que conectará a Armenia con Nagorni Karabaj.

Claro está, en un acuerdo de paz siempre hay concesiones y en este caso tocó a Ereván a hacer los mayores sacrificios con la entrega de las regiones de Agdam, en el oriente y las de Kalbadzhar y Lachin, en el occidente, además de la ciudad de Sushi, la segunda del citado enclave.

El propio Pashinyan explicó que el arreglo evitó la pérdida de toda la región de Nagorni Karabaj, cuando los combates ya estaban en las afueras de Stepanakert, la principal ciudad de esa región. Unos 20 mil militares armenios pudieron caer en un cerco, consideró.

Sin embargo, mientras en la calles de Bakú la población festejaba el fin de los combates y el presidente azerí, Iljam Aliyev, proclamaba una victoria, en Ereván, miles de personas demandaron la renuncia de Pashinyan, a quien acusaban de traición.

Para Ervand Bozoyan, fundador del fondo ‘Politeconomia’, las condiciones del acuerdo del 10 de noviembre de este año estuvieron listas desde el mismo momento que en que hace dos años y medio Pashinyan hecho por tierra tres décadas de negociaciones en el marco del Grupo de Minsk.

Antes de la revolución de colores de abril de 2018, que llevó al poder a Pashinyan, este último tenía una posición más moderada, pero sus consejeros en capitales occidentales lo llevaron a creer en que era posible una solución radical del problema de Nagorni Karabaj, comentó.

De su lado, Moscú pareció nunca olvidar que el propio cambio forzado del poder en Armenia, cuando debió renunciar Serzh Sargsian, en medio de protestas, donde algunos llegaron a pedir el cierre de la 102 base rusa, tiene su precio a pagar en la política regional, destaca Izvestia.

Las protestas de ahora en Ereván podrían llevar a la creación de otro gobierno que podrían introducir cambios cosméticos en su posición, pero difícilmente pueda cambiar el estatus previsto para el contingente ruso que garantiza a Moscú su presencia directa en el Cáucaso sur.

Turquía, que se mostró interesada en afianzar su papel en la referida región, solo estará presente en un centro de control del cumplimiento del acuerdo, instalado en Azerbaiyán, aclara el diario Voenoe Obozrenie.

Una vez más Putin, quien ya firmó un decreto para la rotación de los militares del contingente de paz al menos cada dos años, pareció demostrar su capacidad para reforzar el papel de Rusia en situaciones geopolíticas difíciles como ya ocurrió, por ejemplo, en Siria.


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