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Publicado el 8 Noviembre, 2020 por Marta Sojo en Opinión
 
 

 ESTADOS UNIDOS: Tensiones al por mayor

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Marta Sojo.Por MARTA G. SOJO

La incógnita se despejó. Luego de miles de encuestas, que mantuvieron la tensión durante los últimos meses de la contienda electoral, y un dilatado conteo de boletas; en medio de una epidemia que ha hecho estragos en toda la Unión, por la falta de una acertada atención al problema, y cientos de otros conflictos de mayor y menor envergadura, Joe Biden emergió como ganador.

En Pensilvania, Georgia, Arizona, Nevada –estados pendulares–, las diferencias de votos eran mínimas, pero al pasar los días se consolidó el contendiente demócrata. Eso sí: en el mapa no hubo una avalancha azul –el color del partido triunfador–, y Donald Trump mantuvo un buen ritmo, demostrando que su base de apoyo sigue siendo amplia.

De entre las conclusiones de una mirada a los comicios sobresale la constatación de que la sociedad norteamericana está harto polarizada. Si bien es cierto que en estos cuatro años de Gobierno Trump ha dado la peor imagen de demagogia, prodigando mentiras, arrogancia, y una suerte de devaneo en la política exterior de la nación, estos lances no hicieron gran mella en la inclinación de sus seguidores. Por el contrario, se apreció que gran cantidad de ciudadanos lo aprueban, y otros, aunque no comulguen con su forma de proyectarse, sí lo hacen con sus líneas, aunque a muchos, en los Estados Unidos y en el resto del mundo, les pueda parecer algo irracional esa actitud. Otra buena parte de sus compatriotas piensan de  modo diametralmente opuesto a lo que sus detractores han estado exponiendo.

Un punto candente durante la etapa Trump ha sido la Covid-19. El mandatario, además de llevar una desacertada estrategia –tal vez resulte mejor decir falta de estrategia– para combatirla, incluso se permitió el lujo de realizar declaraciones despreciativas, más que despectivas, sobre la ciencia, y de incitar a abstenerse de la autoprotección recomendada por las autoridades médicas, lo que contribuyó en grado sumo a que Estados Unidos se convirtiera en el epicentro de la pandemia en las Américas. Tan escandalosa fue la actitud de las autoridades, que retiraron al país de la Organización Mundial de la Salud, entidad de las Naciones Unidas.

Ahora Biden, en caso de que se confirme su victoria, tiene como retos recuperar todos los proyectos que Barack Obama desarrolló durante su mandato y que Trump se dedicó a echar abajo en su gran mayoría.  Amén de vencer en la batalla contra el nuevo coronavirus, que ha provocado la muerte de alrededor de 300 mil personas, sacar adelante la economía y reducir el índice de desempleo.

Revueltas y litigios

Pero el fin de las elecciones presidenciales no significa que ya todo vaya a ir bien. Se avecina una turbulenta transición entre ambas administraciones. Trump ha andado diciendo desde bastante antes de que terminara la campaña que iba a haber fraude, y solicitó la revisión en todos los estados en los que tenía desventaja.

Paulatinamente su pataleteo cobró intensidad. Después de enterarse del desenlace adverso, publicó un tuit donde se proclamaba ganador, una de sus habituales fake news. Al momento de entregar esta nota, los abogados republicanos se estaban moviendo en el orden legal para en unos casos recontar los votos de varios estados, en otro paralizar el conteo, incluso llegar al extremo de impugnar las elecciones y elevar la acusación a la Corte Suprema.

Por si estuviera muy reñido el sufragio, el mandatario había  apresurado la nominación de su candidata al Tribunal Supremo, en estos instantes de mayoría republicana. Ya se vio como puede actuar este grupo de jueces cuando en el 2004 se disputó la elección entre Albert Gore y el hijo de… Bush, dándole a este el estado de Florida, en disputa y determinante para el arribo a la Oficina Oval.

Por otro lado, el ambiente preelectoral ha estado encendido con las declaraciones de grupos de derecha y simpatizantes demócratas, encontrados en sonadas manifestaciones. Cuestión que muchos observadores consideran podría derivar en confrontaciones violentas.

E insistamos en que cada vez se aprecia más nítidamente la fragmentación del país, algo que sucedía mucho antes de Trump, pero que el mandatario llevó con su discurso cizañero a unos niveles que exceden a los de la década de los sesenta y los setenta, como aseveran muchos comentaristas.

En cuanto a política exterior, diversos expertos señalan que el unilateralismo actual ha dejado más vulnerable al mundo “libre”, incluyendo a América Latina. Esa es una herida que no se curará con un simple cambio de mando.

La historiadora estadounidense Victoria de Grazia asevera refiriéndose a la situación que “derrotar por votación a Trump no va a terminar con la crisis”. Para la investigadora, el presidente “ha construido sobre una crisis de liderazgo de Estados Unidos”, la cual se refleja en su “debilitamiento como modelo hegemónico”.

Un criterio recurrente entre los analistas es que las implicaciones de estas elecciones son de proporciones históricas y drásticas precisamente porque nos enfrentamos a un contexto de crisis y polarización profunda en todos los niveles de la sociedad.

El conocido lingüista y politólogo Noam Chomsky destacaba en una reciente entrevista un acusado sesgo de la administración republicana: “Es difícil encontrar un presidente estadounidense que se haya dedicado más a enriquecer y empoderar al ultra rico y al sector empresarial, que es, por supuesto, la razón por la que están felices de tolerar sus payasadas”.

Además, opinó que, aunque aquellos segmentos no sienten agrado por Trump, lo aplauden porque “es un servidor muy leal del poder privado, la riqueza privada y el sector empresarial, razón por la cual le dejan salirse con la suya”, con sus poses de fantoche.

Ahora, entre quienes votaron contra la reelección del actual presidente una gran parte no lo hizo porque considerara mucho mejor al candidato demócrata –a ratos una suerte de Convidado de Piedra, que parecía estar y no estar–, sino porque “del mal, el menos”. La arrogancia, la megalomanía, la cantinflesca grandilocuencia, las veleidades en la conducción de la política exterior y de la interior, las decenas de escándalos, el desprecio por el semejante, el racismo, la xenofobia, entre otros estropicios de Donald Trump, que incluyen en destacado lugar el desastroso comportamiento gubernamental ante la COVID-19, concitaron el repudio de los más de 74 millones que dijeron NO.

Otra cuestión que se desprende de este contexto es que los mecanismos del sistema electoral gringo han caducado y se separan bastante de la realidad del país. En cuanto a su democracia, la que tanto Washington pondera, quedó bastante en entredicho. En fin, un capítulo de los comicios de 2020 ha pasado a la historia. Aún restan episodios de aquí al 20 de enero. Esperemos para ver.

 

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Marta Sojo

 
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