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Publicado el 19 Noviembre, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

ETIOPÍA: ¿Una nueva guerra africana?

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La República Democrática Federal de Etiopía hace muchos meses figura entre las noticias más destacadas, por las controversias que mantiene con Egipto y Sudán, debido a la construcción de su Gran Presa del Renacimiento en las mismísimas aguas del río Nilo; por las tensiones con su vecina Eritrea, a pesar del acuerdo de paz, y por el  sostenido tráfico ilegal de armas con destino a Libia.

Sin embargo, lo que ahora mismo llena los titulares es la conflictividad entre Addis Abeba y Tigray, región en el norte de la nación, ubicada en el Cuerno africano. Si no se atajan, las acciones militares de ambos lados podrían desembocar en un conflicto de mayores proporciones, tal como señalan expertos. Incluso, este 15 de noviembre las fuerzas de Tigray atacaron a Asmara, capital de Eritrea. Se especula que le sigue Sudán.

Visto así, se aprecia que Etiopía tiene muchos flancos desestabilizadores, lo cual podría entorpecer su añorado deseo de convertirse en la potencia regional del África oriental. Para ello, a falta de grandes recursos, impulsa el desarrollo de la agricultura y una progresiva industrialización, con capitales chino, estadounidense y francés. Entonces, a nadie conviene una escalada bélica que destruya la infraestructura creada en estos últimos años.

Más de 80 etnias

Es imprescindible destacar que esta tierra es una federación de nueve regiones administrativas basadas en las etnias. Y que hay más de 80. La oromo es la dominante, con 35 millones de miembros (de 110 millones de habitantes en total), lo cual no quiere decir que otras no sean visibles en el espectro político, como es el caso de la tigrayana, de Tigray, que, con apenas seis millones, ha sobresalido por su estirpe guerrera, con su propio ejército, hoy reactivado. Este conglomerado reclama volver a poseer los mismos niveles de participación que cuando culminó la guerra civil de 1974 a 1991.

Una peculiaridad que hace a los tigrayanos tan susceptibles de atención desde el poder central es que radican en la frontera con Eritrea, en el extremo norte, y ya sabemos lo que eso representa. Se le añade su cercanía con los puertos del Cuerno, vía expedita para combustibles, y también armas, muchas armas.

Situación complicada

Tal como declaró a Sputnik el embajador ruso en Etiopía, Evgeny Terekhin, “la situación en Tigray es complicada. En la etapa actual ninguna de las partes ha expresado su disposición a entablar un diálogo”. Desde hace algunas semanas el Gobierno federal decretó para Tigray un estado de emergencia por seis meses y eso despertó aún más el resquemor de una buena porción de sus ciudadanos. A tan explosivo panorama se añade que en la norteña región se efectuaron elecciones parlamentarias que Addis Abeba ha calificado de ilegales, al considerar que dan la espalda a la Asamblea Parlamentaria Federal de Etiopía.

Al cierre de esta edición nota proseguían los enfrentamientos armados, con bajas de las dos partes y acciones contra terceros. En previsión de tan lamentable situación, este 4 de noviembre el secretario general de la ONU, António Guterres, llamó a adoptar “medidas inmediatas para desescalar las tensiones y garantizar una resolución pacífica de la disputa”. Todavía se espera una respuesta positiva, pero nadie sabe cuál será el curso de los acontecimientos.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda