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Publicado el 26 Diciembre, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Basta de irracionales egoísmos

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María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El homo sapiens debe vivir en grupo, si no perece o termina sumido en una pronunciada soledad. Para evitarla se asocia, se integra, porque es este en sí un proceso natural que se da también en la biología, en las matemáticas y en otras disciplinas y ámbitos. Por el contrario, la integración humana, la cultural, racial, étnica, religiosa, ideológica, y muchas más, no es espontánea, responde la mayoría de las veces a una voluntad, a un deseo de cambio para mejor. Ahí está el progreso alcanzado por siglos.

Cuando así se actúa a nivel de país, decimos que hay voluntad política. Si en la vida objetiva de cada uno de nosotros se producen cambios sustanciales en lo social, lo cultural o en lo económico, afirmamos además que hay una dirección, una intención de cambios. Este 2020 ha sido uno de los años más complejos para la Humanidad en al menos siete décadas. La Covid-19 ha agrandado brechas entre naciones pobres y ricas, y ha evidenciado que solos y dispersos poco podemos.

Nosotros lo hemos aprendido a sangre y fuego. En su ensayo-manifiesto Nuestra América, José Martí perpetuó nuestro signo: “(…) Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el cielo, que van por el aire dormido engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar (…)”.

Cerrando filas

A propósito de aquel mítico abrazo entre el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el líder venezolano Hugo Chávez Frías -­-y a instancias de la República Bolivariana de Venezuela–, se celebró, este 14 de diciembre, la XVIII Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio con los Pueblos (ALBA-TCP), claro ejemplo de que ni somos aldeanos vanidosos ni le tememos al gigante de siete leguas.

En su intervención Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la República de Cuba, celebró la iniciativa política por reactivar una integración que puede mitigar las secuelas negativas de muchos de los males de nuestra gente, esa que ha vuelto a ganar en estos meses grandes victorias. “Una vez más el heroico pueblo boliviano ha hecho historia al retomar el camino de la construcción de una sociedad más justa, inclusiva y humanista. Ese mismo pueblo abrazó con júbilo el regreso a su patria de Evo Morales, lo cual nos llenó de regocijo y esperanza”, manifestó. De igual manera, congratuló a Venezuela por la victoria del Gran Polo Patriótico, como reflejo del “respaldo popular al proceso revolucionario bolivariano y chavista, encabezado por el compañero Nicolás Maduro Moros, y asesta un duro golpe a la estrategia desestabilizadora del imperialismo y la derecha regional e internacional”.

Y en ese espíritu de integración, de voluntad política, el dirigente de la Mayor de las Antillas precisó que acá no habrá rendiciones ni por intentos de golpes blandos ni por hostigamientos criminales. En lugar de miedo, Cuba comparte y envía “53 brigadas médicas a 39 países para colaborar en las labores de enfrentamiento y prevención de la COVID-19, con más de tres mil profesionales y técnicos de la salud, quienes han salvado miles de vidas y refrendan la máxima martiana de que patria es humanidad”.

Por ese empeño solidario fue que Cuba nuevamente confirmó “su entera disposición a continuar ampliando la colaboración en el área de la salud pública con los miembros del ALBA-TCP, la cual pudiera centrarse en el asesoramiento epidemiológico y en el intercambio de experiencias adquiridas en el enfrentamiento a la COVID-19”. Recordó que la cita se celebra en medio de los intentos yanquis por reimponer la Doctrina Monroe, en oposición a la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz. “Nos reunimos ante la acumulación y reforzamiento de medidas coercitivas unilaterales aplicadas por el Gobierno de los Estados Unidos contra algunos de los países de la Alianza”. De este cerrar filas emanó la reactivación del Consejo Económico del ALBA, y del Sucre como moneda de intercambio, el Alba Comunicativa y un despliegue enérgico del Consejo Social del bloque, así como la creación de un Banco de Medicamentos, fundamentalmente de vacunas contra el SARS-CoV-2.

Acciones todas encaminadas a integrarnos para potenciar nuestras sociedades. Similar actitud, que grita a los cuatro vientos que no hay rival pequeño, condicionó la VII Cumbre CUBA- CARICOM (también virtual), este 8 de diciembre; al hacer uso de la palabra allí el presidente cubano reafirmó la voluntad política de la Revolución por “cooperar modestamente con nuestros hermanos caribeños en la esfera de la salud pública, en especial en el enfrentamiento a la COVID-19. Estamos en disposición de compartir nuestras experiencias, contribuir con asesoramiento en el campo epidemiológico y a la vez mantener el ofrecimiento de becas en medicina y otras especialidades”. Renovó los votos solidarios “para la mitigación de desastres naturales y el enfrentamiento al cambio climático, comunes a los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y países de zonas costeras bajas”.

Todavía estamos a tiempo

La integración cuando se da a escala mundial surte mayor impacto transformativo en los niveles reales de desarrollo económico y social porque si se hacen las cosas con sinceridad y sin egoísmo, deben influir positivamente sobre los efectos multidimensionales de la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad. De todo ello trató la Cumbre sobre la Ambición Climática 2020 –en el marco del quinto aniversario del Acuerdo de París–, que se pudo efectuar gracias a la tecnología de las comunicaciones. De manera que, a pesar de las restricciones por la pandemia, 75 líderes mundiales se “juntaron” al llamado de la Organización de Naciones Unidas.

Preocupado en sumo grado, António Guterres, secretario general de la ONU, lanzó al orbe la siguiente inquietud: “¿Alguien puede negar todavía que nos enfrentamos a una emergencia dramática?”. La conciencia removida no se debe solo a la nueva enfermedad; también lo es frente a la acumulación de dificultades que tal pareciera que nos desbordan pero que, en opinión del diplomático, deben ser atajadas por el bien común, cuando todavía queda tiempo. Receptivo, Díaz Canel afirmó: “El cambio climático y la crisis provocada por la covid-19 nos están pidiendo a gritos fomentar la cooperación internacional. No sigamos comprometiendo la supervivencia humana con irracionales egoísmos”.

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María Victoria Valdés Rodda

 
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