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Publicado el 6 Diciembre, 2020 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Cuidarse, impostergable misión del mundo

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Indignante. Según el informe del Instituto Internacional de Estudios para la Paz (SIPRI), el gasto militar mundial experimentó el pasado año un inusitado incremento de 1,9 billones de dólares. Dinero que de haberse usado en la salud pública seguramente habría propiciado una mejor situación general del orbe frente a la covid-19. A esos desbalances se refirió el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, en el XXXI período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (de manera virtual), con el objetivo de revisar la respuesta global a la pandemia.

El Presidente cubano subrayó que “la covid-19 ha puesto al desnudo el costo humano de esa desigualdad y develado la urgente necesidad de fortalecer los sistemas nacionales de salud, propiciar el acceso universal y gratuito a los servicios médicos básicos y garantizar la distribución equitativa de recursos vitales”. Señaló que “el mundo mira con estupor, por ejemplo, cómo Estados Unidos, responsable del 38 por ciento del gasto militar global, es incapaz de responder por los más de 11 millones de contagiados y los más de 238 000 fallecidos por covid-19 en ese país”. Actualizando estadísticas, al cierre de esta edición, tenemos: 14 millones de contagios y 276 mil muertes, situación que, a no dudarlo, irá in crescendo. El doloroso panorama le hizo cuestionarse: “¿Por qué el enorme presupuesto que hoy se dilapida en la carrera armamentista no se emplea para enfrentar esta y otras pandemias más antiguas, como el hambre y la pobreza?”

Entonces, con el sano orgullo por la obra de una pequeña nación, explicó que “desde la aparición del SARS-CoV-2 y ante la amenaza de que se convirtiera en pandemia, Cuba elaboró un Plan Nacional para su prevención y control. Su implementación se apoya en las fortalezas de nuestro sistema de salud, de probada calidad y alcance universal y en el desarrollo científico del país”. Impensable avance de la ciencia cubana mientras, reparando  en la pequeñez territorial, algunos “grandes” nos subestiman, al desconocer la voluntad humanista del sistema, en su diversa articulación de gobierno y pueblo. Díaz- Canel alabó los relevantes logros en la industria médico-farmacéutica y la biotecnología, los dos candidatos vacunales criollos en fase de ensayos clínicos. También destacó el espíritu internacionalista de Cuba al apoyar el combate de la covid-19 en 39 países y territorios.

Agresividad yanqui no nos frenará

La ocasión sirvió para recordar que todos esos éxitos de la Revolución se obtienen con mucho sacrificio y voluntad, y aun “bajo el pesado fardo del criminal e injusto bloqueo impuesto por el Gobierno de Estados Unidos, de su recrudecimiento sin precedentes y de una cínica campaña de descrédito contra nuestra cooperación médica internacional. Denunciamos aquí esa conducta agresiva hacia Cuba y otras naciones soberanas”. En el Informe sobre el impacto del bloqueo de Estados Unidos a Cuba, presentado este 22 de octubre por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, se precisa que solo desde abril de 2019 hasta marzo de 2020 el bloqueo nos ha causado pérdidas en el orden de los 5 mil 570.3 millones de dólares, mil 226 millones de dólares más con respecto al período anterior.

Por todo lo anterior, el presidente del archipiélago rebelde ratificó que nuestra “voluntad de continuar trabajando a favor del multilateralismo, la solidaridad, la dignidad humana y la justicia social, es firme y resuelta. La emergencia planetaria en que nos ha sumido la covid-19 suena como un nuevo llamado a la conciencia del mundo. Escuchemos esta vez. Sí se puede. Cuba es la prueba”.

Exacerbación de la pobreza aumenta desafíos

Es diciembre de 2020, a punto de que culminen 12 meses de una vida trastocada por un diminuto intruso, el SARS-Cov-2. Pero a él no se le puede atribuir toda la culpa de las enormes desigualdades. En su intervención, Díaz- Canel lo denunció: “Es un hecho triste pero incontestable que la pandemia ha exacerbado los graves problemas y colosales desafíos que ya enfrentaba la humanidad antes de su aparición”. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) diagnosticaron que unos 207 millones de personas se sumarían a quienes, en todo el globo, viven por debajo de la línea de pobreza como consecuencia de la crisis económica derivada del actual desequilibrio.

Las proyecciones apuntan a que el caótico panorama incidirá con saña en las naciones menos desarrolladas durante cerca de diez años, debido, en lo fundamental, a la pérdida de productividad, de empleos, y a déficits fiscales cada vez mayores. De ahí que el Secretario General de la ONU, António Guterres, abogara este 4 de diciembre, en el marco de la cita internacional, por un nuevo contrato social, con la solidaridad como su marca de agua para abordar las raíces de la desigualdad y contemplar una tributación justa de los ingresos y de la riqueza, prestaciones y oportunidades universales. Recordó que por primera vez desde 1945 la humanidad se enfrenta a una amenaza común colosal.

Llamó, en consonancia, a cerrar filas y a pensarnos como uno solo. Lamentó que algunos países y gobiernos hayan desoído las orientaciones precisas, científicas y responsables de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Reiteró que una vacuna no resolverá los problemas acumulados, los cuales, lejos de desaparecer, se agravarán. Exhortó, por tanto, a actuar mancomunadamente. Animado con ese brío, el presidente de la Asamblea General, Volkan Bozkir, expresó que la ONU debe liderar el complejo proceso poscovid apoyada en tres pilares: garantizar un acceso justo y equitativo a las vacunas, trabajar conjuntamente para proteger a los más vulnerables, y responsabilizarse por que las medidas en cuestión no socaven las instituciones democráticas que sostienen la solidez de nuestras economías y sociedades.

Estas nociones esenciales apuntan al multilateralismo como salida, y fueron abrazadas por casi la totalidad de los dirigentes de toto el mundo y los altos funcionarios del sistema de la máxima organización planetaria. Ejemplo digno de mención es nuestro amigo, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quien reafirmó una evidencia de estos tiempos: “la nueva enfermedad ha demostrado que el multilateralismo es la respuesta coordinada, y que la solidaridad y la cooperación deben recobrar su papel como guía y rector de las relaciones internacionales”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda