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Publicado el 31 Diciembre, 2020 por Prensa Latina en Opinión
 
 

El 31 de diciembre que recompuso el mapa de Panamá

(Foto del perfil de Facebook)

Por Osvaldo Rodríguez Martínez

Panamá, 31 dic (Prensa Latina) El ex presidente estadounidense James Carter firmó la nota de transferencia del canal interoceánico, se la entregó a la entonces presidenta de Panamá, Mireya Moscoso (1999-2004), y le susurró al oído: ‘Ahora es de ustedes’.

Así reportaron los medios la sencilla ceremonia protocolar de intercambios de notas diplomáticas de la Zona del Canal aquel 14 de diciembre de 1999, poco antes de que oficialmente el enclave colonial pasara completamente al país centroamericano el 31 de diciembre de ese año, como mandataron los Tratados Torrijos-Carter.

El país de la quinta frontera tenía la bandera de las múltiples estrellas clavada a lo largo de una franja de 16 kilómetros de ancho y 82 de costa a costa, lo que cambió su geografía y pisoteó su dignidad.

De la conjura para mediatizar que la victoria lograda sobre la descolonización tuviese el alcance negociado, dan fe dos ‘confesiones’ que el periodista estadounidense John Lee Anderson recogió en sus Cartas de Panamá: parcelas en venta con vistas al mar.

‘Estas Unidos no se retira de Panamá. Antes bien, estamos reconfigurando las relaciones. El siglo que viene Panamá y Estados Unidos seguirán siendo amigos y socios. Lo que cambiará, eso creo, es que el sector privado tendrá más prioridad en nuestra agenda bilateral’, afirmó Simón Ferro, embajador estadounidense en Panamá (1999-2001).

‘Aquí hay mucho miedo a que se vayan los gringos. Lo mejor que puede suceder es que los gringos se vayan y todos los vean, y que luego regresen. Y creo que eso es lo que ocurrirá’, comentó Pedro Rognoni, exministro panameño ya fallecido.

Con tales antecedentes puede comprenderse el discurso de Moscoso, a quien la coyuntura electorera la colocó como la receptora del canal a nombre de los panameños, y dentro de una larga relatoría (justa e injusta) de figuras que hicieron posible la soberanía, deslizó el nombre del general Omar Torrijos.

Al referirse de soslayo a los Tratados Torrijos-Carter, la entonces mandataria dijo: ‘… luego la renegociación y firma de los tratados de 1977, cuya dirección correspondió de manera principal al general Omar Torrijos…’. Años después, otro presidente de su propio Partido Panameñista, Juan Carlos Varela, ni siquiera se atrevió a mencionar el acuerdo por su nombre.

El monumento más bello está en el corazón de los panameños que agradecen tanto a ese hombre a quien admiro, expresó en 2016 el párroco Vicente Moreno al referirse veladamente al intencional olvido de Omar, como lo llaman sus leales seguidores.

Pocos lugares del país exhiben al menos un recuerdo de quien fue el artífice del retorno de la llamada Zona del Canal de Panamá a manos nacionales y junto al presidente estadounidense James Carter, enfrentara a los escépticos y enemigos de tal acción, para en paz firmar los acuerdos en 1977.

Con dolor algunos refieren el desdén con que la administración de Varela tomó la propuesta de la Fundación Torrijos para que las esclusas de la ampliación canalera, inauguradas en 2016, se bautizaran como Torrijos-Carter.

‘Nuestros mártires han muerto ya de bala. Que no vuelvan a morir de indiferencia’, es un pensamiento premonitorio atribuido al desaparecido líder, quien sufre el olvido en la historiografía que predomina en la nación, la cual intenta borrarlo.

La muerte de Torrijos no fue accidental, según John Perkins en su libro Confesiones de un sicario económico, sino que fue asesinado por órdenes de sectores de poder en Estados Unidos y así lo acreditan algunas evidencias iniciales recogidas por el primer grupo militar en llegar al siniestro.

Al hacer justicia al período transcurrido en los últimos 21 años, resalta que los panameños echaron por tierra los malos augurios de que no podrían administrar el enclave canalero, y no solo lo hicieron con eficiencia, sino que superaron con creces la lograda por los constructores de la vía.

Pero, este vigésimo primer aniversario tiene un sabor agridulce, porque la Zona del Canal pasó de manos estadounidenses a las de la élite económica del país, que capitalizan su valor para desarrollar multimillonarios negocios privados anexos. Así lo anticipó el embajador Ferro.

Después de la reversión, cuando Panamá recompuso su mapa y el territorio volvió a estar unido, se acentuó la mala redistribución de la riqueza y la nación de renta alta se convirtió en la sexta más desigual del mundo, donde hoy la cuarta parte de sus cuatro millones de habitantes sufre de pobreza multidimensional.


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