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Publicado el 8 Diciembre, 2020 por Elsa Claro en Opinión
 
 

Venezuela: La enésima prueba

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Por ELSA CLARO

Nada raro, se esperaba, que los políticos recalcitrantes en Venezuela le hicieran el feo a los triunfadores. De antemano habían preparado la artillería descalificadora, pero, al parecer, con pólvora mojada. El chavismo obtuvo tres millones 558 mil 320 de los cinco millones 264 mil 104 votos. El 67,6 por ciento de los emitidos el domingo 6 de diciembre, para el ejercicio 2021-2026. Con ese resultado se abre un ciclo virtuoso –así lo calificó el presidente Nicolás Maduro–, habida cuenta que la nueva composición del Parlamento permitirá dar un acento despejado a las medidas lega-les, sin la rémora de la confrontación y las descalificaciones.

Son numerosas las probabilidades, sin embargo, de que se mantenga la hostilidad interna. La oposición más recalcitrante, con el autoproclamado al frente, ha convoca a un plebiscito virtual, imposible de someter a control o verificaciones, con el propósito de poner bridas a lo mucho, necesario y urgente por hacer. No asim-lan el chasco y, a imitación de la actitud asumida por Donald Trump con respecto a su propio fracaso, el tutelado Guaidó proclama tener derecho a permanecer en un cargo ficticio, otor-gado desde fuera. El mandato que sí le fue conferido hace un año por las bancadas afines a su figura, como jefe del cuerpo legislativo, concluye en el cercano enero. Pero parece haber olvidado que nunca tuvo sus tablas bien ensambladas, y que está a la deriva.

Entre las pruebas en tal sentido están los partidos y figuras opo-sitores deslindados del esquema intransigente, sea por no correr riesgos, por probar otras opciones o por miedo a quedarse fuera del juego. Las autoridades incentivaron aperturas y entendimiento, algo plasmado en el aumento de los curules, de 167 a 277, en deferencia hacia los segmentos moderados, dando así curso a la soli-citud correspondiente ante el Tribunal Supremo de Justicia, para contar con “un Parlamento más plural y representativo, con base en el crecimiento de la densidad de población”.

A los números se les acusa de fríos y no siempre lo dicen todo. Pero si nos remitimos a ellos se dan circunstancias como la dificultad de los votantes para elegir esos casi tres centenares de puestos entre 14 000 candidatos y 107 partidos. La participación en las ur-nas fue baja, si bien superior a otros comicios de este tipo, que tradicionalmente no suelen reunir a tantos electores como en los presidenciales, aunque suficientes para probar la voluntad de la mayoría. Algo que no van admitir los detractores de la causa bolivariana, así como que la limpieza del proceso, auditado por 200 observadores internacionales y 1 500 de casa, es irrefutable.

La Alianza para el Cambio conquistó el 17,95 por ciento (944 665 votos); la coalición Venezuela Unida, 4,19; mientras Alternati-va Popular Revolucionaria, encabezada por el Partido Comunista de Venezuela, consiguió 2,73. Ese cerca de tres por ciento se habría sumado al 67,6 ganador, de haberse mantenido dentro del Gran Polo Patriótico, encabezado por el Partido Socialista Unido, del cual se separó antes de esta consulta. El 6,79 restante fue a la cuenta de otras pequeñas agrupaciones.

El devenir, sobre todo inmediato, estará fijado por el desempe-ño del gobierno constitucional y sus proyectos económico-sociales, pero también depende del cese de incivilizadas coacciones dentro y fuera, así como de una coyuntura mundial extremada-mente insatisfactoria.

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