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Publicado el 14 Enero, 2021 por Marta Sojo en Opinión
 
 

La infamia se repite

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Marta Sojo.Por MARTA G. SOJO

Es indignante que la administración de Donald Trump a pocos días de terminar su mandato decida, como anunció el secretario de estado, Mike Pompeo, incluir de nuevo a Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.

En vez de seguir avasallando al mundo con sus maniobras sórdidas, debería preocuparse por su reputación, bastante más dañada por incitar a sus seguidores a la violencia, entre muchas otras cosas. Debería preocuparse, también, por su probable juicio por esta actitud, que desembocó en el asalto al Congreso federal, en Washington DC, y ocuparse en ir sacando ya sus maletas de la Casa Blanca, pues su mandato se le acabó, por mucho pataleteo que ha dado desde el 3 de noviembre para revertir el resultado de la votación.

Y es posible que siga dando el pataleo, ¿de los ahogados?, por largo tiempo, aun fuera de la mansión presidencial, levantando banderas y caldeando el ánimo de sus partidarios, para mantenerse en primera plana de atención, y de esta manera dificultar el gobierno del presidente electo, Joe Biden.

En cuanto a Cuba, su actitud ha sido agresiva desde el primer instante. Creó todas las sanciones que se le ocurrieron para ahogarnos, trasgrediendo límites y la soberanía de terceros países.

Un hombre sin moral ninguna para decir que Cuba es cómplice del terrorismo. Se conoce que tanto el Presidente como Pompeo, su canciller, son famosos instigadores de la violencia, y apegados a los golpes de Estado en todo el orbe, blandos y no tan blandos.

Las lista que aplica Estados Unidos es un método para mancillar a otras naciones, particularmente a aquellas con las que tiene discrepancias, y para aplicar medidas de coacción económica, como es el caso del país caribeño.

Por supuesto, la Mayor de las Antillas no le reconoce autoridad a la calificación de países que emite el Departamento de Estado. Estas son consideraciones “totalmente unilaterales, carentes de reconocimiento internacional”, como ha señalado nuestra cancillería.

Y agrega el Ministerio de Relaciones Exteriores que constituye un acto soberbio de un Gobierno desprestigiado, deshonesto y en bancarrota moral. Se conoce, sin lugar a dudas, que la verdadera motivación de esta acción es imponer obstáculos adicionales a cualquier perspectiva de recuperación en las relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos.

A todas luces fue una decisión injusta, ya que es evidente el prestigio internacional de Cuba en el combate al terrorismo. Más bien, es una víctima de las prácticas terroristas engendradas y ejecutadas por los imperialistas yanquis.

El presidente Miguel Díaz-Canel ha juzgado la decisión uno de “los últimos coletazos de una fracasada y corrupta administración comprometida con la mafia cubano-miamense”.

Qué lejos de la realidad están esas impugnaciones, porque para el planeta entero “Cuba goza del mayor prestigio de su historia, a pesar de la postura agresora y el cerco que le impone Washington”, por obra y gracia de sus gestos de “solidaridad, de la salud, de la colaboración y del humanismo”.

Carlos Fernández de Cossío, director general de Estados Unidos de la Cancillería, expresó en reciente entrevista que esta postura nuestra la conocen el presidente de los Estados Unidos y el secretario de Estado, que mintió deliberadamente al hacer la calificación de marras. “También tienen este conocimiento los funcionarios del Departamento de Estado y los que se encargan del cumplimiento y aplicación de la ley”.

La medida recibió el rechazo tanto del pueblo cubano como a escala internacional, y también de muchos sectores de Estados Unidos, incluyendo influyentes miembros del Congreso, de la Cámara de Representantes y del Senado, y de organizaciones religiosas.

Ocho senadores pidieron explicaciones a Mike Pompeo: “Escribimos para expresar nuestra profunda preocupación. En los últimos días de la administración, los esfuerzos por politizar decisiones importantes sobre nuestra seguridad nacional son inaceptables y amenazan con dañar los futuros esfuerzos diplomáticos hacia Cuba”.

Los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Nicaragua, Daniel Ortega, así como el expresidente de Bolivia Evo Morales ratificaron su apoyo a La Habana.

El secretario ejecutivo de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), Sacha Llorenti, condenó la inclusión de Cuba.

La Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional del Poder Popular repudió y condenó la cínica decisión. A esta se le unió el Consejo Mundial de la Paz, que fustigó la medida rotundamente.

Igualmente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China rechazó la manipulación de utilizar una supuesta lucha antiterrorista como pretexto para mantener la opresión e imponer sanciones económicas al vecino del sur.

El jefe de Estado cubano escribió, además, que “el mundo condena la hipócrita y cínica calificación” en referencia a los ejemplos de denuncia internacional tras la reintroducción de la nación caribeña en ese listado. Díaz-Canel agregó que el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba es un ejemplo de terrorismo de Estado.

Indudablemente, es muy pretensioso que un país se dedique a certificar a otros según sus intereses políticos. No tiene ningún derecho a hacer semejante acción, por muy del primer mundo que sea; al final ellos no son los dueños del mundo, aunque se lo crean.

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Marta Sojo

 
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