1
Publicado el 8 Enero, 2021 por María de las Nieves Galá León en Opinión
 
 

No solo duele el pan

Maria de las NievesPor MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Cuando a inicios de enero, en el poblado de Pijirigua, en Artemisa, mi madre recibió el pan único y suyo de cada día, comentó molesta: “Pensé que iba a venir un poquito más grande, pero es el mismo de siempre, pequeño y con mal sabor. Aunque cueste un peso, bueno o malo, tengo que comprarlo, porque aquí no hay otra opción”.

No solo ocurre así en el barrio, en el humilde poblado de mamá. Muchos otros cubanos en muchos otros lugares ha manifestado similar experiencia. Sobre la mala calidad del pan, durante años, se han “amasado” múltiples ideas y se han “cocinado” disímiles criterios; unas veces más, otras menos. Hasta programas humorísticos se han nutrido de esos panecillos a los que le falta el gramaje establecido. Como es hora de hornos, el nuevo precio ha puesto ese producto básico en el centro de la voz popular y ahora, como nunca, se invoca la palabra calidad.

Ciertamente no es de lo único que se habla. Los altos precios de muchos productos del comercio y la gastronomía, así como de otros servicios, han estado en la palestra durante la primera semana de inicio del ordenamiento monetario: desde la bola de helado hasta la pizza o la tacita de café callejera.

Las viejas fallas que antes se observaban, ahora reciben con inmediatez la mirada crítica de quienes tienen que desembolsar por cualquier producto o servicio, un precio varias veces superior al acostumbrado.

Ante esta nueva realidad, habrá que hacer reajustes -objetivos y mentales- de ambas partes.

En casa, la familia tendrá que sacar bien las cuentas: qué se necesita realmente y qué se puede dejar de comprar porque el sueldo no alcanza o porque lo que venden no respeta la relación calidad-precio.

En este sentido, las entidades y empresas deben revisar sus sistemas de gestión de la calidad. ¿Verdaderamente se cumplen todos los procedimientos establecidos? ¿Salen las producciones con los parámetros regulados? Son muchas las personas que reciben sus salarios por velar que eso se cumpla, sin embargo, la vida demuestra que no es así, y no son pocos los productos que salen al mercado sin los estándares establecidos.

Otra deuda incomprensible son las pesas, en su mayoría desajustadas, (“preparadas”), y que niegan al consumidor el derecho de comprobar el pesaje exacto. ¿Cuántas quejas no escuchamos todavía porque la libra de arroz no está completa o a la de azúcar le faltó un tantico?

En este reacomodo que ha impuesto enero, todos los sectores han tenido que mirarse por dentro. El transporte también ha generado preocupaciones. Muchas dudas se expusieron en el programa televisivo Mesa Redonda en el cual participó el ministro del Transporte, Eduardo Rodríguez Dávila. El organismo -expresó el titular- estableció un servicio de monitoreo y atención a las incidencias que se presentan. Y reconoció que este “es un proceso complejo y sin precedentes, en cuya implementación han surgido en algunos casos incomprensiones y cuestiones que hemos debido ajustar”.

Los criterios emitidos por la población desde todas las provincias sobre ese importante sector, exige la mirada sistemática de los que tienen la responsabilidad de servir al pueblo.

Estos son temas sensibles, que deben llevarse de la mano por los gobiernos municipales, provinciales, por todos los directivos y revolucionarios. Ciertamente, los costos no pueden seguir siendo los mismos, pero bajo ningún concepto se puede aceptar que las ineficiencias institucionales se trasladen a los bolsillos de las personas.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León