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Publicado el 13 Enero, 2021 por Redacción Digital en Opinión
 
 

Responsabilidad: la mejor vacuna

Por CLAUDIA RAMÓN RODRÍGUEZ

Nuevamente las noticias del repunte del coronavirus estremecen a la mayor de las Antillas. La alarma se percibe en los medios de prensa que informan el retroceso sostenido de varias provincias que ya estaban en fases favorables de recuperación. En esta ocasión, se suceden los partes con cifras records y las negligencias son evidentes.

La tan indicada responsabilidad individual no fue debidamente asumida por todos. Si bien hace unas semanas la mayoría de los casos positivos estuvieron relacionados con viajeros provenientes del exterior, y de los incumplimientos del protocolo diseñado para estos, en las últimas jornadas se ha verificado un incremento de los casos autóctonos y contagiados por causas no determinadas.

Ya suman más de 15 000 contagios en estos diez meses de ofensiva, de ellos más de 3 000 en lo que va de 2021. Esos datos sugieren que las medidas establecidas para prevenir el indeseado virus no han sido correspondientemente adoptadas por todos.

Descuidos contagiosos

Y es que la prevención del SAR-CoV-2 no puede basarse solo en el uso del nasobuco; porque hay ocasiones -en las que cabría entonces decir: mal uso- que parece ser un adorno del vestuario, desdeñándose su función protectora.

Con solo asomarse a las calles es apreciable, a simple vista, la falta de hábitos sanitarios y conductas responsables en algunas personas que descompaginan con la situación epidemiológica. Entre esas “fallas” habituales destacan tocar el rostro o consumir alimentos sin previa higienización de las manos; incluso, luego de manipular dinero o bajarse de una guagua. Asimismo, ingerir bebidas alcohólicas varios de la misma botella o fumar en medio de aglomeraciones, integran la lista de acciones reprochables.

A eso se suma la existencia de entidades y lugares donde es notable la pasividad o inoperancia a la hora de supervisar la desinfección de manos y el uso correcto de pasos podálicos. Algo similar ocurre en los ómnibus del transporte urbano, en los cuales ya no se respeta el número limitado de pasajeros, apenas se “bautizan” las manos al momento del abordaje y suelen verse personas hablando a viva voz sin el uso estricto de la mascarilla.

Más grave es el caso de los hogares, donde disminuye el control de las autoridades. Por lo que en casa tampoco debe obviarse la higiene que incluye desinfección de superficies de uso común y frecuente, así como de los objetos y prendas de vestir que salgan a las calles, por citar un par de acciones.

¿Quién ejerce control?

Caminar las calles, ver las imágenes de otros territorios, escuchar las historias de familiares y amigos, evidencia múltiples ejemplos de irresponsabilidad ciudadana. Nadie debe esperar a que las autoridades se encarguen de lidiar con las infracciones en la prevención del virus. Todos debemos tomar cartas en el asunto.

Es un compromiso social denunciar aquello que contribuya a la propagación de la epidemia, puesto que quienes incumplen lo establecido para controlar la crítica situación epidemiológica, no tienen conciencia ni responsabilidad con la sociedad, así como no valoran el esfuerzo económico y humano que está detrás de esta ofensiva.

La sociedad se perjudica cada vez más con la extensión de este contexto sanitario adverso, donde se afecta la economía y el desarrollo normal de la vida. Por tal motivo, es necesario no hacer la vista gorda a cualquier actitud que rompa con los objetivos de la mayoría, evitemos así más vidas perdidas por esta enfermedad y enfoquémonos en lograr la tan ansiada normalidad.

Ser higiénicos, en todo el sentido de la palabra, y ser responsables, con lo que ello implica, es la vacuna más segura que tenemos por el momento. El que, aun así, desdeñe el empeño colectivo y con su actitud nos ponga en peligro, debe ser vacunado con lo que estipule la Ley.


Redacción Digital

 
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