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Publicado el 29 Enero, 2021 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

Un enero de récords lamentables

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Por MARIETA CABRERA

Definitivamente, no empezamos el 2021 con buen pie.

Aunque el mar ya se veía encrespado, la ola de nuevos casos positivos a la covid-19 en enero alcanzó una altura tal que al cierre del día 26, Cuba había registrado, solo en ese mes, 11 383 personas confirmadas con el virus SARS-CoV-2, lo cual triplica el número reportado en diciembre (3 675), periodo que se consideraba el de mayor cantidad de individuos diagnosticados con la enfermedad en la isla.

En correspondencia con ese incremento de casos, en igual periodo de enero fallecieron en el país como consecuencia del nuevo coronavirus 58 personas, la cifra más elevada hasta ahora y superior en números absolutos a la de aquel “abril negro” de 2020 que enlutó a la familia cubana, cuando hubo 57 fallecidos, además de muchos pacientes graves y críticos a la vez.

Aunque con mayor conocimiento de la enfermedad y protocolos de tratamiento sólidos, que se perfeccionan constantemente, la tensión vuelve a subir en las unidades de terapia intensiva, donde permanecían, al cierre del 26 de enero, 43 pacientes: 16 críticos y 27 graves.

Esto evidencia el peligro que significa contraer la covid-19, más aún para quienes tienen una edad avanzada y otras comorbilidades, aunque -como reiteran los especialistas- todos los individuos están en riesgo de enfermar e incluso de presentar alguna complicación como consecuencia de esa infección vírica.

Sin embargo, ni las estadísticas de las últimas semanas parecen razones suficientes para quienes mantienen una conducta irresponsable y ponen en riesgo su salud y la de su familia, así como la de otras personas.

La indisciplina que se aprecia en espacios públicos se reproduce también en el hogar. Datos oficiales arrojan que el mayor porcentaje de los casos confirmados con la covid-19 en los últimos meses tiene como fuente de infección a viajeros procedentes del exterior.

Esto evidencia la violación del protocolo de ingreso domiciliario establecido para esas personas y sus familiares, según el cual el recién llegado debe permanecer en la vivienda hasta que el personal sanitario del área le informe que la prueba de PCR, realizada en el domicilio al quinto día de su llegada a Cuba, resultó negativa. Durante ese tiempo, los convivientes también deben mantenerse en el hogar y poner en práctica las medidas higiénico-sanitarias orientadas.

Sin embargo, en la encuesta epidemiológica que se realiza a las personas positivas a la covid-19 para conocer la fuente de infección en cada caso, a fin de cortar la transmisión, afloran infracciones que resultan después en historias dolorosas y aleccionadoras, como aquellas en las que son contagiadas personas de edad muy avanzada que, en su mayoría, no salen de casa. O cuando entre los confirmados con el virus hay niños pequeños, incluso lactantes, quienes debieran estar a buen resguardo en el seno familiar.

Un dato arroja más luz sobre el tema: el 43 por ciento de todos los pacientes en edades pediátricas (18 años y menos) confirmados con covid-19 en Cuba, fueron diagnosticados del 1º al 25 de enero. Si bien no ha fallecido en el país ningún niño ni adolescente como consecuencia de la enfermedad, las autoridades de salud alertan acerca del peligro que significa contraerla en esas edades, pues, además de que transmiten el virus, en estudios cubanos se han detectado alteraciones cardiovasculares en menores sanos que han sido infectados por el SARS-CoV-2.

La actualización del protocolo cubano para el manejo clínico de la covid-19, anunciada en días recientes, tiene entre sus principales modificaciones la de tratar con suficiente antelación a pacientes considerados de alto riesgo (es decir, con mayor posibilidad de transitar a la gravedad, debido a las comorbilidades que padece y por sus características socio-demográficas) y hacerlo de forma diferenciada mediante vigilancia intensiva.

Pero estos y otros ajustes en el protocolo, con el objetivo de seguir ganando tiempo y evitar que las personas agraven y fallezcan, tendrán la efectividad esperada si las personas acuden al médico ante los primeros síntomas descritos para la enfermedad, alertan los expertos. También subrayan la necesidad de que se haga con rigor la pesquisa activa, y el médico y la enfermera de la familia (apoyado por otros actores sociales de la comunidad) identifiquen precozmente a las personas enfermas o sospechosas.

El sistema de salud pública cubano dispone del personal calificado, así como de métodos, herramientas y tecnologías sanitarias -entre estas últimas la pesquisa activa- que contribuyen a marcar la diferencia ante una emergencia sanitaria como esta. Se trata entonces de exigir y controlar que en cada área de salud se cumpla con lo indicado para contener la dispersión del virus.

Lograr un trabajo sistemático en la comunidad resulta, junto a la participación consciente de la población, imprescindible para superar esta tercera ola de contagios, y lograr al menos que vuelvan los días en que el doctor Francisco Durán comenzaba su parte diario sobre la situación epidemiológica diciendo: “Hoy empezamos con una buena noticia…”.

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Marieta Cabrera

 
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