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Publicado el 1 Febrero, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

La hora de un real multilateralismo

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María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS-RODDA

Con apenas 27 años Karl Marx formuló una de las frases más utilizadas por la humanidad pensante: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.” A partir de esta afirmación tajante dicha en 1845, muchos han tratado de dar ese salto histórico. Algunos lo han logrado, llevando a vías de hecho grandes revoluciones sociales. En contraposició, otros han perpetuado más de lo mismo. Sin embargo, los grandes retos están ahí a la vista de todos. Ahora se trata de una pandemia que ha puesto patas arriba los distintos órdenes establecidos, pero, como ya han dictaminado numerosos analistas el capitalismo no va a caer como consecuencia de esta mortal enfermedad.

Porque si bien los pobres se han vuelto más pobres, los ricos han duplicado, triplicado y hasta quintuplicado sus ganancias. ¿Cómo es esto posible? Sencillo: por la propia naturaleza del sistema. Vale entonces volver a referentes ilustrativos de lo que arriba sostiene esta comentarista, para ello vuelve en este texto un poco atrás: al llamado crack de 2009.

Y lo haremos a partir de una entrevista concedida a Misión Verdad por David Harvey, uno de los geógrafos más respetados de hoy, dedicado al estudio minucioso del capitalismo a través de las páginas de El Capital, del genial teórico alemán conocido como el Moro de Tréveris. A la pregunta hecha a Harvey de si consideraba que 2009 fuera una crisis global del capitalismo, este respondió lo que repetimos a continuación:

“Marx cuestionó la idea de que el capitalismo se autorregulaba, en cambio sostenía que el sistema estaba condenado a periodos de crisis recurrentes y hay muchas formas de entender las crisis. A mí me gusta decir que las crisis son períodos de reorganización del capital. Hay gente que cree que las crisis señalan el fin del capitalismo, pero yo creo que más bien son adaptaciones del capitalismo a nuevas circunstancias y momentos de reestructuración hacia un sistema alternativo”.

Por eso explica que el ahondamiento de las peores condiciones de vida no haya sido parejo para todos cuando la covid-19 hizo suponer a algunas de las actuales tendencias progresistas y de izquierda que el mundo podría salir mejor parado de esta crisis sanitaria porque habría de nivelar a ricos y pobres. Nada más alejado de la cruda realidad de nuestro enfermo planeta. Eso se evidencia en primer lugar en la carrera contra reloj de los gobiernos europeos y el estadounidense por hacerse con las vacunas diseñadas contra el coronavirus, mientras el secretario general de la Naciones Unidas, Antonio Guterres, casi ha perdido la voz por sus múltiples mensajes al mundo sobre la necesidad de ser solidarios y compartir el conocimiento y los recursos primero con los países más vulnerables. Se suponía que el más reciente Foro Económico Mundial, conocido como Foro de Davos, fuera abordar a profundidad y con suma seriedad el tema de la pandemia. Y sí ciertamente lo hizo, aunque más que nada se dedicó a imaginar y proyectar un mundo poscovid.

Crecimiento inusitado del capital individual

La acumulación de riqueza en este siglo XXI es tan escandalosa que dos entidades claramente apologéticas del capitalismo ya no lo pueden esconder bajo la alfombra de sus encumbradas instituciones. Tal es el caso de la UBS AG, sociedad suiza de servicios financieros con sede en Zúrich, y la Price Waterhouse Coopers (PwC), reconocida firma de consultoría de las Big Four, diseñada desde los Estados Unidos. Ambas el pasado 7 de octubre anunciaron que la fortuna de los multimillonarios de todo el mundo se multiplicó de manera sin precedente durante la crisis sanitaria.

Ejemplos sobran. El rotativo digital galoFrance24.com hace alusión a que “Elon Musk, el excéntrico jefe de Tesla y SpaceX, se ha beneficiado económicamente de la pandemia. Mientras criticaba el distanciamiento social en Twitter, cuadruplicó su fortuna, la cual creció de 76 a 103 mil millones de dólares”. Indicó que los informes del banco suizo UBS y la consultora PwC certificaron tras estudiar el capital de dos mil multimillonarios que sus fortunas “contrastan notablemente con los millones de personas que han perdido su empleo debido a la crisis sanitaria”.

Asimismo, Alexandre Baradez, jefe de análisis económicos de otra consultora financiera importante, la IG, contactado por France 24, señaló que ” las acciones tecnológicas fueron las primeras en repuntar en la bolsa, y ganaron mucho más que las demás, lo que acentuó su liderazgo”. Lo esencial: “Los mercados financieros, como en toda crisis, han contribuido a ampliar las desigualdades”. Dijo que al inicio de la pandemia –una aguda crisis en todos los ámbitos–, las bolsas de valores sufrieron el golpe, registrando caídas de alrededor del 20 por ciento, lo que presentó paradójicamente “una oportunidad para los inversores”.

Hizo además una aclaración medular: para comprar en medio de la crisis se debe ser lo suficientemente fuerte como para correr el riesgo de registrar pérdidas mientras el mercado de valores se recupera. En otras palabras, solo los más ricos pueden permitirse invertir mucho en medio de la tormenta financiera. Estos superricos tienen carteras que deben invertirse para ganar dinero. “En cambio, los bonos del Gobierno, es decir, la deuda soberana, rinden muy poco porque los bancos centrales los emiten a tasas muy bajas para recaudar dinero y así financiar paquetes de estímulo”.

Con este telón de fondo la humanidad llegó a otra edición de Davos 2021 (del 24 al 30 de enero de 2021), por supuesto en modo virtual, dejando quizá para el año que viene los relajantes paisajes suizos para pesar de los participantes. Todo en la cita ha sido un poco más de lo mismo, matizado indudablemente por la inusual e inesperada situación planetaria. Hubo sin embargo varios discursos rupturistas del status quo que más adelante reseñaremos. De momento quedémonos con el mensaje a los líderes del orbe rico enviado por la activista ambientalista sueca Greta Thunberg: “Entendemos que el mundo es muy complejo y que el cambio no ocurre de la noche a la mañana. Pero ahora han tenido más de tres décadas de bla bla bla. ¿Cuántas más se necesitan?”.

Conservadores contra rupturistas

Una de las figuras que tomaron más de una vez el “podio” fue la tristemente célebre ex directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), ahora presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde. Esta alta funcionaria y poderosísima mujer admitió en 2015 para la Agencia de noticias de la Unión Europea, Euronews, que “cuando nos tenemos que meter en un territorio, cuando un país pide ayuda es porque no ha sido capaz de gestionar su situación. Ha gastado más de lo que podía permitirse, no está controlando sus finanzas públicas. Y la situación es muy mala. Tenemos que ir y ayudar al país a recuperar su condición económica, a que vuelva a tener acceso a la financiación y a asegurar que la economía vuelve a la creación de empleo y no a la destrucción de empleo”. Pero ya sabemos lo que ocurre verdaderamente en tiempos de crisis.

Tras el crack de 2009 y sus secuelas derivadas, el FMI tuvo que admitir un tiempo después en uno de sus informes aprobados por Lagarde “que sus cálculos sobre la evolución de la deuda pública griega fallaron por un amplio margen, porque pese al primer rescate, la deuda pública alcanzó en 2011 el 170 por ciento del PIB, cuando en 2009 no llegaba al 130 por ciento. Las incertidumbres sobre el resultado del rescate a Grecia eran tan significativas, que el equipo técnico fue incapaz de asegurar que la deuda pública era sostenible con un alto nivel de probabilidad”. El FMI consideró asimismo “que la suavización de los ajustes fiscales habría atemperado la recesión, pero también habría exigido de un mayor apoyo financiero, algo que ni el propio Fondo ni la zona euro estaban preparados a admitir”.

Y es ahora Lagarde quien está al frente del BCE. Como diría mi abuela, “algunos caen de pie”. Y es ella misma quien ahora en Davos ha expresado confianza en que la economía se reabra en la segunda mitad de 2021, aunque alertó que será una nueva economía. Meses antes, en una entrevista con The Wall Street Journal, la renombrada francesa manifestó “que la institución está preparada para inyectar nuevos estímulos monetarios para apoyar la recuperación económica de la Eurozona frente a los efectos negativos de la pandemia del coronavirus, incluso reduciendo los tipos de interés de referencia por debajo de cero”. Nada, como dice Greta Thunberg, más de lo mismo.

En igual tono que la Lagarde, el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, sentenció este 26 de enero que “una cumbre de liderazgo mundial es de crucial importancia para analizar cómo podemos recuperarnos juntos”. Léase que este “juntos” no contempla a las naciones del llamado Tercer Mundo. En su opinión, la cooperación público-privada es más necesaria que nunca para reconstruir la confianza y abordar los errores cometidos en 2020.

De ahí que él impusiera el tema de la reunión de Davos: “Un año crucial para reconstruir la confianza”. De esta manera condujo los debates a diseñar sistemas económicos resilientes, impulsar la transformación y el crecimiento industriales, mejorar la administración de los bienes comunes globales (como los recursos naturales compartidos de la tierra), aprovechar las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial y promover la cooperación global y regional. Con respecto a las ganancias de las acciones tecnológicas ya sabemos que en 2020 fueron las primeras en repuntar en la bolsa, y ganaron mucho más que las demás, lo que acentuó su liderazgo.

Y con respecto a la cooperación global esta comentarista tiene serias dudas. Me explico: aún este 28 de enero las farmacéuticas Pfizer y AstraZeneca no habían dado respuesta acerca de su decisión, de última hora, sobre ralentizar el suministro de dosis a la UE, la que había incluso aportado financiamiento para la elaboración del medicamento. La Unión Europea (UE), por tanto, presionaba a estas grandes empresas que se cotizan en bolsa. En ese sentido, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, declaró a la prensa del bloque: “Vamos a hacer que se respeten los contratos que han sido validados por las farmacéuticas y nos comprometemos a que haya transparencia”. Si esto pasa entre ricos, qué puede esperarse para los que poco o nada tienen.

Este último tópico fue cuestionado por dos personalidades de prestigio: el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, y Tedros Ghebreyesus, director de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El titular de la ONU asegura que el camino más rápido para reabrir la economía es la vacunación de la población mundial de una forma equitativa. Para ello, se necesita que la producción de vacunas contra el covid-19 aumente de forma masiva. También destaca que esa recuperación debe hacerse solidariamente, a través de la cooperación internacional, pues solo así se podrá hacer frente a las dos amenazas existenciales que afronta la humanidad: el cambio climático y la desaparición de la biodiversidad.

“Una palabra define al mundo contemporáneo, esa palabra es la fragilidad”, ha afirmado el Secretario General de la ONU. “Ha llegado la hora de la verdad (…) Todas esas amenazas y todos esos obstáculos al progreso exigen diálogo y cooperación, se necesita una economía mundial que tenga un respeto universal por las leyes internacionales y se necesita un mundo multipolar con fuertes instituciones multilaterales”.

China y Rusia, nuevos caminos

Aunque los líderes europeos y los de diversas entidades mundiales (incluido Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos) se decantaron por la cooperación sincera entre todos, la cual urge para bien de la salud planetaria, fueron las intervenciones de la República Popular China y de la Federación Rusa las que conmocionaron.

Por su parte, el presidente Xi Jinping enfatizó el papel de su país como motor de crecimiento en apoyo de la recuperación económica mundial. El producto interno bruto (PIB) de China creció 2,3 por ciento en 2020, según datos divulgados por el Buró Nacional de Estadísticas, lo que significa que será con probabilidad la única gran economía que consiguió aumentar el año pasado.

Al dirigirse el 25 de enero al Evento Virtual de la Agenda de Davos del Foro Económico Mundial (FEM), pidió abandonar los prejuicios ideológicos y sugirió seguir juntos un camino de coexistencia pacífica, beneficio mutuo y cooperación de ganancia compartida. Sostuvo que “las diferencias en sí mismas no son motivo de alarma. Lo que sí causa alarma es la arrogancia, el prejuicio y el odio”.

“La pandemia está lejos de haber terminado”, manifestó Xi, para luego agregar que no tenía dudas de que “la humanidad prevalecerá sobre el virus y saldrá fortalecida de este desastre”. Por eso reiteró que “China seguirá compartiendo su experiencia con otros países, hará todo lo posible para ayudar a los países y regiones que están menos preparados para la pandemia y trabajará en aras de una mayor accesibilidad y asequibilidad de las vacunas [contra la] covid en los países en desarrollo”.

Entretanto, el mandatario Vladimir Putin, al abordar los paralelismos de la situación actual con otros momentos terribles de la historia común, destacó algunas en su opinión características propias del momento: “Vemos una crisis de los modelos e instrumentos anteriores del desarrollo económico, el fortalecimiento de la estratificación social tanto a nivel global, como en determinados países […] y esto causa una polarización brusca de opiniones, provoca un crecimiento del populismo, del radicalismo de derecha e izquierda, así como de otros extremismos”.

Al reseñar la intervención de Putin, el sitio digital Actualidad.rt reseñó las opiniones del político sobre la idea de que la pandemia de coronavirus aceleró los cambios estructurales en la economía y política mundiales, que empezaron a formarse antes de su inicio. “La pandemia de coronavirus, que se convirtió en un serio desafío para toda la humanidad, solo estimuló, aceleró los cambios estructurales, las premisas de los cuales se habían formado hace bastante tiempo”. Según sus declaraciones, “esta pandemia agudizó los problemas y desequilibrios que también ya se habían acumulado antes en el mundo”.

De ahí su compromiso al advertir contra el excesivo fortalecimiento de los monopolios tecnológicos, afirmando que ya han acumulado demasiado poder. “Los gigantes tecnológicos, principalmente digitales, han comenzado a desempeñar un papel cada vez más importante en la vida de la sociedad contemporánea. Ya no son simplemente unos gigantes económicos. En algunos ámbitos, ya están compitiendo de facto con los Estados. […] La pregunta surge en la sociedad: ¿en qué medida ese monopolio corresponde precisamente a los intereses públicos? ¿Dónde está la línea entre un negocio global exitoso y los servicios bajo demanda, la consolidación de ‘big data’ y los intentos de gestionar la sociedad abiertamente y a su discreción?”.

Como broche de oro expresó que la “economía moderna” debe prevalecer, porque “el mundo no puede ir por el camino de construcción de una economía que funcione solo para un millón de personas, ni siquiera para mil millones ‘de oro’. Se trata, simplemente, de una posición destructiva”. Entre las conquistas por delante están metas que deben ser comunes a todos, como que “cualquier persona tenga un ambiente cómodo para vivir”, el cual incluye “vivienda e infraestructura asequible: transporte, energía, servicios públicos, y, por supuesto, bienestar medioambiental”.

Que cualquier persona “esté segura de tener un trabajo que le proporcione un ingreso sostenible y creciente y, en consecuencia, un nivel de vida decente; debe tener acceso a mecanismos viables de aprendizaje durante toda su vida” ya la postre, “recibir una pensión digna y un paquete de [beneficios] sociales”; agregó que también “debe estar segura de que recibirá una atención médica de calidad y eficaz cuando la necesite”, mientras que los niños “deben tener la oportunidad de recibir una educación decente y que le permita desarrollar su potencial”, concluyó el mandatario.

O sea, y para resumir, las crisis del capitalismo se agolpan, estas volverán si no hacemos algo. Y ya hemos estudiado muchísimo al mundo desde 1845. La pandemia nos ha enseñado también cuán rápido puede el conocimiento proporcionar una medicina eficaz contra el coronavirus de tipo 2 causante del síndrome respiratorio agudo severo, ​ abreviado SARS-CoV-2. La humanidad lo ha hecho antes, gracias a la comunidad científica, contra la viruela, erradicada en 1980. Ahora puede ser un buen momento para demostrar que el multilateralismo es la llave para el éxito. Para eso, no obstante, más que “leer” el mundo hay que cambiarlo. En la 51 sesión del Foro Económico Mundial, Davos, algunas voces dijeron cómo. Sirva saber que Karl Marx siempre estará a la mano.

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María Victoria Valdés Rodda

 
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