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Publicado el 2 Febrero, 2021 por Pastor Batista en Opinión
 
 

El oxígeno que le falta a Bolsonaro

Pastor Batista, corresponsal de BohemiaPor PASTOR BATISTA VALDÉS

Conforme al sentimiento de unidad que para todo el continente infundió El Libertador Simón Bolívar, retomado luego por el extinto mandatario Hugo Rafael Chávez Frías, el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, sigue enviando oxígeno para salvar de la muerte a miles de brasileños en las fronterizas zonas de Amazonas y Roraima.

Tal ayuda tiene lugar desde hace varios días, en medio de una crisis sanitaria, remarcada por el desabastecimiento de ese recurso vital en ambos estados, donde en muchos casos se ha triplicado el consumo diario, al tiempo que continúan creciendo las cifras de fallecidos, los nuevos contagios con el SARS-CoV-2 y los hospitalizados en instalaciones de un sistema de salud que colapsa.

Analistas sostienen que detrás de la grave situación está la total indiferencia e irresponsabilidad del gobierno, encabezado por Jair Bolsonaro, quien ha descrito a la pandemia como “una gripezinha” o una amenaza solo para los “mariquitas”, a la vez que “desoyó normas obligatorias para el uso de mascarillas, promovió y estimuló aglomeraciones, cuestionó la efectividad, sembró obstáculos para la adquisición de vacunas…” e instó a usar medicamentos y tratamientos no corroborados por la comunidad científica.

En tales términos lo han consignado ante la Cámara de Diputados una veintena de congregaciones y movimientos religiosos de Brasil, al proponer un impeachment (juicio político) contra Bolsonaro, por su nula gestión como presidente frente a la pandemia.

Por lo visto, el mandatario brasileño además de simpatizar durante todo este tiempo con las ideas del expresidente norteamericano Donald Trump, también lo ha imitado en términos de arrogancia personal, desprecio por la vida de los demás y “extraordinaria capacidad” para no mover ni un dedo contra el azote de un mortal virus que convierte al país en el segundo con más muertes a escala mundial, con casi 224 mil decesos, detrás precisamente de Estados Unidos, que ya se aproxima a los 440 mil.

Lo curioso es que sea Nicolás Maduro -calificado por Bolsonaro como un “dictador que tiene esclavizado al pueblo de Venezuela”- quien tienda la mano a Brasil en este crucial momento.

El noble gesto, visto por muchos como una bofetada sin manos al rostro del carioca (también conocido como Trump tropical) no tiene otro propósito que hacer realidad “nuestra obligación moral y humana”, tal y como escribió en twitter el canciller venezolano Jorge Arreaza, al reiterar instrucciones dadas por Maduro para continuar enviando oxígeno hacia zonas necesitadas en el Gigante Suramericano.

Como se conoce, el arribo a Manaos de unos 136 mil metros cúbicos de oxígeno donados por el gobierno del estado venezolano de Bolívar (19 de enero) fue solo el comienzo de una fraternal operación que, según declaraciones del propio Arreaza, debe proseguir en virtud de un convenio que permitirá poner en zonas como Manaos unos 80 mil kilogramos de O2 cada siete días, procedentes de la Planta de Generación de Oxígeno de Sidor.

Es obvio que esa solidaridad -agradecida por gobiernos locales, diputados, Partidos y personalidades como Luiz Inacio Lula Da Silva- hace que miles de familias apremiadas y agradecidas saquen sus propias conclusiones, en torno a la postura de Jair Bolsonaro, quien el pasado año ordenó el retiro de personal diplomático venezolano, cuando asumió el poder puso fin al programa Más Médicos, mediante el cual unos 20 galenos cubanos habían atendido a más de 113 millones de personas allí, 60 millones de ellos, según el propio gobierno, sin acceso nunca antes a un médico, y, por si fuese poco, no tiene como estadista el menor escrúpulo en considerar que la muerte de personas mayores afectadas por enfermedades crónicas “es ley de la vida”.

Con similar desdén, declaró recientemente que no es competencia del Gobierno Federal abastecer de oxígeno a la Amazonía. “… no somos responsables de llevar oxígeno allí, le hemos dado los medios”, dijo con total claridad.

Dichos y hechos hacen que decline cada vez más su aceptación (entre 6 y 11 puntos desde diciembre, según encuestas), tendencia nada favorable para quien -como su referente Trump- ha soñado con ser reelecto para un nuevo período presidencial, en 2022.

No sé si a esta altura del “juego” (sucio) Don Jair se habrá percatado de que para continuar al frente de la nación sobre la base del voto popular, millones de ciudadanos deberán contar del uno al diez unas mil veces y respirar hondo, muy hondo, si no expiran antes, por montones, suplicando algo tal elemental e imprescindible para el ser humano como el oxígeno.

Bolsonaro, en fin, no solamente continúa asfixiándose a sí mismo, en el terreno político, sino que sigue emergiendo como el principal responsable -en verdad el mayor irresponsable- ante el fallecimiento, hasta este domingo 31 de enero, de casi 224 mil inocentes, el grueso de cuyas vidas pudieron ser salvadas si él tuviera un mínimo de sensibilidad humana y de capacidad para sentir que por los pulmones de un mandatario respira todo un país.

 

 


Pastor Batista

 
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