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Publicado el 22 Febrero, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

Biden y un Trump redivivo y desafiante

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Por Ernesto Eimil Reigosa

Jamie Raskin, de 58 años de edad, demócrata por el estado de Maryland, fiscal principal del Congreso en el juicio por impeachment de Donald J. Trump, apoyado por un equipo legal diverso, resumió los argumentos de la acusación en una idea demoledora: “Si no lo hacen responsable por sus acciones, puede volver a suceder”.

La noción de Raskin se interpreta como un pedido a los senadores encargados de dar el veredicto de que no solo limitaran su decisión a los hechos ocurridos el 6 de enero, cuando una turba de seguidores del expresidente saqueó el Capitolio de los Estados Unidos, sino de que actuaran pensando en el futuro de su país. El resultado ya se conoce: Trump fue absuelto por segunda vez en un año.

Y aunque escapó de la condena, el proceso permitió reunir la mayor cantidad de evidencia hasta la fecha de su participación y responsabilidad en el asalto. Nuevas fotos y grabaciones demostraron que los atacantes estuvieron a solo metros de varios de los políticos allí reunidos, incluido el vicepresidente, Mike Pence, y el Republicano de Utah Mitt Romney, quien escapó de los agresores por un palmo. Filmaciones hechas con cámaras corporales instaladas en los oficiales de seguridad del edificio revelaron el nivel de violencia ejercido y las voces asustadas de los policías pidiendo refuerzos.

Pero aun cuando Raskin y su equipo presentaron una acusación coherente y detallada quedaron muchas preguntas sin responder tras la decisión final. La coordinación con grupos extremistas, el fallo de seguridad que permitió entrar al grueso de los asaltantes y qué estaba haciendo Trump durante la invasión son algunas de las más repetidas. Según el periódico The New York Times, la fiscalía consiguió que aprobaran el testimonio de la congresista republicana Jaime Herrera Beutler, de Washington, quien contó que supo de una llamada que el senador Kevin McCarthy, de su propio partido, mantuvo con Trump en mitad de los sucesos.

El Times asegura que Herrera Beutler habló directamente con McCarthy y que este le dijo que, cuando pidió la ayuda de Trump, pareció apoyar a los manifestantes. “Creo que esas personas están más molestas por el resultado de la elección que usted”. Estas fueron las palabras de Trump de acuerdo con la declaración de la congresista.

Hasta el momento, el entorno del expresidente no ha expresado que tuviera conocimiento de las acciones durante el ataque. El mensaje que trasmitió ese día fue ambiguo y desconcertante. Por un lado, apoyó a quienes protestaban y a su causa; por otro, llamó a la paz y a que se fueran a casa tranquilamente. Sus abogados afirmaron que nunca se enteró de que los congresistas y Pence estuvieran en peligro, algo que contradice la declaración del republicano Tommy Tuberville, de Alabama, quien afirmó que se lo reveló en una llamada telefónica.

Ahora, con la marea política un poco más en calma, nos preguntamos cómo afectará esta absolución a la agenda del nuevo líder de los estadounidenses. Durante estos días Joseph Biden enfrenta una tarea exigente: dirigir, en una Cámara de Representantes dividida, la aprobación de un cheque de alivio por la pandemia de covid-19 de 1.9 mil millones de dólares.

Con respecto a otros momentos de la agenda internacional, pongamos por ejemplo el caso de Cuba. El diario Los Angeles Times asegura que la actual administración está dispuesta a levantar algunas de las restricciones a los negocios, las remesas, las conversaciones diplomáticas y los viajes entre ambos países; pero que  aún tardará algún tiempo llegar al punto de la era Obama, dado el camino sembrado de obstáculos por el césar sustituido, como el reingreso de la Isla en la lista de países que no colaboran en la lucha contra el terrorismo.

Lo cierto es que Biden se mantuvo al margen de la mayor parte de los eventos de los últimos días. A principios de año, después de que el voto de los legisladores lo hiciera presidente, condenó enfáticamente el violento ataque que ocurrió en la Avenida Pennsylvania, pero también dijo que trabajaría para asegurar que “[los estadounidenses] se mantuvieran juntos como nación”, al mismo tiempo que llamó al Senado a que cumpliera con sus obligaciones constitucionales en el juicio de destitución, mientras trabajaba en otros “asuntos de importancia”.

Su enfoque de no injerencia es coherente con la narrativa empleada en la campaña electoral y en el período de transición de poderes. Recordemos que en el primer impeachment solo hizo declaraciones luego de que Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara baja, formalizara la denuncia. Y que en los años 70, cuando Richard Nixon pasó por un proceso similar, llamó a sus colegas del Senado a que consideraran el peso del momento y que le dieran a Nixon un juicio justo.

Básicamente, las principales dificultades para Biden se encuentran en que las consecuencias del juicio seguirán dominando los ciclos de construcción de noticias durante un tiempo, llevando a su antiguo oponente al foco de atención una y otra vez, algo que es probable que se mantenga por años, pero que hoy generaría un ambiente político tóxico en medio del agravamiento de la pandemia. Por otra parte, la polarización y la desinformación podrían exacerbar la ya fracturada unión en Capitol Hill, tergiversando los planes de Biden y haciendo más difícil para él obtener el apoyo de senadores republicanos.

Al respecto, Jeffrey Engel, director del Centro para la Historia Presidencial de la Universidad Metodista del Sur, dijo que los más fervientes seguidores de Trump tendrán la oportunidad de atacar a los demócratas no por sus ideas, sino por la caricatura que en los últimos meses han dibujado de ellos varios medios. “Algunas personas que podrían significar votos posibles para hacer avanzar la agenda legislativa de Biden van a estar más dudosas de apoyar sus planes mientras el partido sea abiertamente injuriado”, explicó el entendido.

El 46to presidente estadounidense tiene un largo historial como negociador en las filas del Senado, avalada por su carrera de 36 años allí. También, una larga relación de cordialidad con muchos de los legisladores republicanos, y ha mantenido el contacto con líderes de ambos bandos desde el mes de noviembre. Pero, como declaró Mark Warner, demócrata por el estado de Virginia, a la agencia AP, existe una alta posibilidad de que en el proceso de impeachment se haya envenenado la relación con aquellos senadores más jóvenes que no lo conocen del todo bien.

“Al menos la mitad del caucus republicano nunca ha trabajado con Joe”, comentó Warner. “Si su primera impresión está prejuiciada por el resultado del juicio, eso va a hacer más difícil su trabajo”.

 

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Ernesto Eimil Reigosa

 
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