7
Publicado el 1 Febrero, 2021 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

 De pirámides y 25 espaguetis

Compartir

Liset/ Visita no deseada en tiempos de nasobucoPor LISET GARCÍA

Ha llegado el fin del mes y también del listado donde cada día de compras fui anotando con disciplina y paciencia todos los gastos. La expectativa de que el nuevo salario nos alcanzaría, se cumplió y bien. Hoy es la noticia del día en nuestra casa.

Mi familia la acoge con entusiasmo incluso sabiendo que gracias a su herencia gallega ahorrar nunca fue un dilema, e incluso más de una vez sirvió para ahuyentar angustias porque “peor estábamos en la guerra”, según decía el abuelo, o en el período especial, dice ahora mi padre.

La susodicha listica iniciada el día cero, pasará del baúl de los sustos al de los buenos recuerdos, y de momento ya no será un adorno inusual sobre la mesa. Tendrá sucesoras porque pese a que hace tiempo estoy peleada con las matemáticas, a cada rato me martilló esa pregunta, repetida en no pocos hogares: ¿en qué se gastó el dinero?

Añorado por muchos, y mirado con sospecha por otros, pero urgente para Cuba, el nuevo ordenamiento económico ha traído junto al paquete de disposiciones, casi tantas -y quizás más- conjeturas y quejas, que han llevado a revisiones, ajustes y reajustes, reflexiones, controles y respuestas gubernamentales en un diálogo establecido por diversas vías con el pueblo y por el pueblo, saldo en el que hemos ganado todos, aunque algunos tarden en reconocerlo o no deseen hacerlo.

Pese a quienes vean el vaso medio lleno o medio vacío, lo cierto es que el país esperó mucho para aplicar este llamado ordenamiento, complejo, abarcador e integral, y enredado para ser entendido hasta por quienes sepan algo de economía.

Las preguntas eran cuándo se haría, y si para Cuba habría circunstancias y momentos perfectos para tamaño ajuste económico, enderezar la pirámide, aplicar el principio de a cada cual según su trabajo… Es obvio que ni se ha visto ni se vislumbra la ocasión ideal, sin embargo, hacía falta bordar cada paso, poner de acuerdo a especialistas y decisores, y lograr un tejido de estrategias y soluciones que consumiría y consumió años. Por fin, la espera terminó.

A un mes del añorado día cero, que dio paso a los reajustes en marcha, también concebidos de antemano, según se anunció, se aprecia que quienes diseñaron el flamante esquema económico manejaron más de una alternativa y todavía hay proyectos en carpeta.

Es una osadía de la dirección de la nación emprender semejante cambio, que ha movilizado el pensamiento y revolucionado el país de arriba abajo, de derecha a izquierda, y viceversa, en medio de un panorama económico y sanitario evaluado por expertos y eventuales filósofos callejeros como el más difícil de las últimas décadas.

Pareciera un salto al vacío. Pero no lo es porque cubanos y cubanas sabemos de sobra que pese a todo, pandemia y bloqueo incluidos, enfrentar desafíos ha sido el santo y seña de una Revolución dispuesta a todo, menos a dejar desamparados a sus hijos. Y cuenta con ellos con una sola voluntad, la de vencer. Esta vez el reto es enorme, pero acumulamos más experiencia y equipos listos para corregir el rumbo, aminorar choques, y seguir.

Al mes del día cero, cada cual hará su balance personal. Ya hice el mío, y veo que he cambiado dudas por esperanzas. Eso escribo al final de mi listica, al sumar todos los gastos, los de la llamada canasta básica, y otros un poco excedidos, que nunca estuvieron en mis planes, pero los pude pagar. Claro, si el bolsillo creció…

No tiré la casa por la ventana, pero me alegra saber que descansó mi ancestro gallego. Y hasta nos quedó una tierrita para alguna eventualidad extra, así que cuando haya mayores ofertas de productos salidas de la recuperación económica que se pretende y lleguen las tarifas aumentadas de los servicios básicos -electricidad, gas, agua, teléfono-, tendré de dónde sacar.

Ya no habrá más conteos de 25 espaguetis por plato, ni tendré en mente tantas piruetas para estirar un salario, ahora diez veces superior al de hace dos años, antes del incremento al sector presupuestado.

Y otros lujitos nos regalaremos, como los bombones afrutados, nada baratos, de los elaborados por cuentapropistas, que este ingreso le permitió a mi hija comprar. O volver a Coppelia, o cumplir el sueño de tener un taladro, a ver si no tengo que llamar más al vecino, a quien apodé TodoPorUno, pues cobra un cuc por cada hueco en la pared. El próximo mes será otra historia, nuevo listado y más aprendizajes.

Compartir

Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez