0
Publicado el 27 Febrero, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

HAITÍ: Un país que duele

Compartir

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Se trata del país más desfavorecido de la región; víctima del colonialismo y de su herencia de despojo, de dictaduras a golpe de usurpaciones al poder, militarización y empobrecimiento. Los acontecimientos recientes vuelven a ser las sacudidas del (des)orden social que intenta echar fuera a Jovenel Moise y a su neoliberalismo sombreado por la administración norteamericana. No obstante, para su pesar, ya se vislumbran atisbos de un cambio de tono en esa relación adultocentrista donde el adulto es, por supuesto, Estados Unidos.

Sobrado de razones está Haití para lanzarse por enésima vez a las calles y en plena pandemia. Es un país misérrimo, abandonado, sobre el cual sobrevuelan los discursos de derechos humanos y democracia concentrando responsabilidades en el mandamás  de turno y olvidando los que hacen corro más allá de sus lindes territoriales. Si hoy las críticas las acaparan las destituciones de magistrados por decisión unilateral e inconstitucional de Moise, y el debilitamiento de la democracia ante la pérdida de autonomía del poder judicial, pareciera que tal categoría no hubiera estado ausente de la cotidianidad de quienes sobreviven en su mayoría con trabajos informales, sin acceso al agua u otros derechos básicos, con  altísimas cotas de represión policial, carencia de políticas públicas dirigidas a fomentar la distribución de alimentos –con la correspondiente anuencia de organismos internacionales– y, como suele ser regla en estos casos, una creciente violencia hacia mujeres y niñas, eslabones vulnerables y siempre al final de la disparatada asimetría social.

Aunque Joseph Mécène Jean Louis, primero en la línea sucesora según la actual Constitución, aceptó el cargo de “presidente encargado de la transición de ruptura” y se comprometió con la realización de “elecciones honestas y creíbles”, subrayó que es importante que todos los ciudadanos comprendan que primero es necesario poner en marcha una serie de proyectos ya consensuados por la oposición. Estos incluyen la organización de una “conferencia nacional soberana”, el fortalecimiento del Poder Judicial, la reforma de la Carta Magna y del sistema electoral y el restablecimiento de la seguridad.

En el texto “La nueva marcha hacia el cambio político en Haití”, Federico Larsen calificó las prioridades de Jean Louis de agenda bastante ambiciosa, que por ahora cuenta con el apoyo de un movimiento heterogéneo y desorganizado, cuyo único acuerdo parecería reducirse a la destitución de Moise. “Hay una oposición muy fuerte por parte de gente que no está organizada”, reseña el artículo. “Esa relación que existe en todos lados entre un componente de movilización orgánica y otro más bien inorgánica es muy diferente a otros países. Hay movilizaciones de cientos de miles de personas donde las estructuras realmente organizadas, con militantes, sindicatos y movimientos son realmente minoritarias. Después hay partidos políticos tradicionales, como los que hacen referencia al Sector Democrático y Popular… Y está el campo de los movimientos sociales y los sindicatos más combativos como los que se encuentran en el Foro Patriótico. Son movimientos territoriales, de mujeres, campesinos e inclusive religiosos que representan la oposición más radical y transformadora. Esos son los tres grandes componentes de estas movilizaciones, el inorgánico que es mayoritario, el más formal e institucional y el de los movimientos sociales”.

Mientras, Moise sigue defendiendo la legitimidad de su gobierno y la reforma constitucional que llevaría a referéndum el próximo abril para luego, en septiembre, organizar las legislativas atrasadas desde 2019. Esto último, por cierto, le ha permitido gobernar a golpe de decretos.

La primera interrogante que valdría plantearse es si en medio de un escenario con el consenso social fracturado entre fuerzas políticas y ciudadanos, es posible avanzar a la aprobación de una nueva Constitución. Jovenel Moise ignora deliberadamente esta realidad con la pretensión de perseverarse en el poder y frente a la lupa internacional acusa a “la oposición” de desestabilizar el país. La otra cara de este asunto es que la estrategia de Moise pudiera ser consolidar su poder con la nueva ley de leyes, un objetivo que quizá conllevaría amañar los resultados del referéndum.

“La situación en Haití es sumamente preocupante –escribió Cristóbal León para Rebelión–, pues los intereses colonialistas del imperialismo han sumido a la nación durante más de dos siglos a una condición de dependencia e injusticia de la que el pueblo aún no logra salir, pues aunque se silencie por los medios de comunicación a favor del imperialismo, en Haití existe la resistencia anticolonialista-imperialista y revolucionaria que lucha por la emancipación del pueblo y el establecimiento de la democracia y la justicia.”

Y en aras de seguir la conversación sobre la estabilización definitiva de Haití –ojalá sea posible–, Moise también prescinde de hablar sobre las pandillas armadas por el poder político que irrumpen en cualquier lugar y matan a mansalva y quemarropa sin robar nada. ¿Cómo piensa Jovenel Moise hacer frente a la violencia sistémica y la brutalidad policial?

Federico Larsen rememora en su artículo que el accionar represivo y coordinado de estos grupos ilegales se hizo más visible a partir de mediados de 2018, cuando estalló el escándalo por el “Petrocaribe Challenge”. Haití fue incluida en el plan diseñado por el gabinete de Hugo Chávez para facilitar el acceso de los países de la cuenca caribeña a los hidrocarburos venezolanos. Los miembros de Petrocaribe recibían ingentes volúmenes de petróleo a precios fuertemente reducidos, a pacto de que la diferencia que cada gobierno ahorraba con respecto al precio de mercado fuese invertida en programas de desarrollo social dentro del país beneficiado. Haití entró en el acuerdo en 2007, y en poco más de 10 años se ahorró 3.800 millones de dólares (más de un tercio de su PIB actual) en gastos de combustible y préstamos, que sin embargo no se usaron para los fines que estipulaba el acuerdo.

Muy poco ha hecho la Organización de Estados Americanos por los haitianos. Y según los posicionamientos de los movimientos sociales, las Naciones Unidas tampoco han tenido acciones integrales que mejoren la vida de ese pueblo. Sin embargo, la presión internacional por la salida de Moise sí pudiera cosechar resultados favorables. No en balde arremetió contra la oposición y defendió su supuesto liderazgo en videoconferencia en el Consejo de Seguridad.

No son buenos los pronósticos si logra llegar al referéndum sobre la nueva Carta Magna. Habida cuenta que el Estado de derecho no se ha garantizado, son altas las probabilidades de que solo se busquen los mecanismos para institucionalizar la desprotección de los cuidadanos y la impunidad de lo que puede convertirse en una dictadura de largo aliento.

Compartir

Mariana Camejo

 
Mariana Camejo