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Publicado el 15 Febrero, 2021 por Elsa Claro en Opinión
 
 

La otra herejía

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Elsa ClaroPor ELSA CLARO

Con un final todavía abierto, en Ecuador la algarrada estuvo dirigida y se mantiene encaminada a impedir que la Revolución Ciudadana retorne al poder. Al cierre de estas páginas, Yaku Pérez,  candidato a la presidencia por Pachakutik, solicitaba un recuento de votos en varias provincias y el respaldo de la OEA, para ir a segunda vuelta y derrotar a Andrés Arauz, el actual ganador.

Cuando asume la presidencia, en 2007, Rafael Correa fracturó una secuencia de gobiernos fallidos que colocaron al país en tensiones verdaderamente duras, gran emigración y colapso financiero. La oligarquía llego a extremos como agenciarse parte de lo destinado a pagar la deuda externa. A la inversa, durante diez años de mandato, el Movimiento Revolución Ciudadana, o Alianza País, hizo un trabajo más justo en lo social y sanador en lo económico. De ahí la reelección de sus dirigentes y cambios de alta talla dentro de los estamentos menos favorecidos de la sociedad. Todavía en la cresta de su popularidad, Correa hizo entrega de todo su caudal político a quien, muy lamentablemente, concluye ahora con solo ocho por ciento de simpatía.

Los comicios de este 7 de febrero fueron ganados por las fuerzas progresistas. Es la cuarta vez consecutiva. La que ahora fenece sin ninguna gloria y demasiadas vergüenzas resultó fallida, pues apenas asumir, Lenin Moreno abandonó los postulados de justicia social establecidos por su antecesor, sustituyéndolos por un retorno chapucero al neoliberalismo. Entre sus peores hazañas está el abandono de organismos regionales que, como el ALBA, fueron creados en procura de integración solidaria en la región, y la  entrega del creador de Wikileaks, Julian Assange, dándole pasaporte directo a la cárcel.

So pretexto de una dudosa “unidad nacional”,  se alió sin muchos pretextos a notorias figuras de la derecha, entre ellos Guillermo Lasso,  con quien, afirman diversos especialistas, estuvo co-gobernando durante los últimos cuatro  años. Lasso actúa en  el marco de su partido, CREO, juntando empeños con Jaime Nebot, otro veterano que, aparte de presidir el Partido Socialcristiano, se desempeñó en varios cargos nacionales. El PSC de Nebot obtuvo 20 escaños en el Congreso Nacional, luego es una fuerza a considerar en un Parlamento muy fragmentado. En la hoja personal de Lasso figuran momentos notables, como ocupar el ministerio del ramo cuando Mahuad dolariza la economía, en 2000, acrecentando con ello la fuerte crisis de aquella etapa. Representa a  los banqueros y a la elite empresarial, e influye en los ámbitos financiero y jurídico, con apoyo de una prensa notoriamente conservadora.

Los hechos

Fueron 16 parejas las aspirantes en estos comicios. En la primera vuelta quedaron cuatro en la puja, con un triunfo indiscutible para la Unión por la Esperanza (UNES) (Andrés Arauz-Carlos Abascall), con mayoría de votos (casi 33 por ciento) y la propuesta de retomar constructivamente aspectos centrales de lo aplicado en el decenio 2007-2017. Lasso y Yaku Pérez, al quedar en un empate técnico, emprendieron una trifulca por fracciones decimales del sufragio. Impasse aprovechado para atacar a los ganadores, acusando a Correa de manipular los sufragios desde Bélgica, cuando, si algo de ese tipo ocurrió, debería achacarse al Comité Electoral, nominado por los enemigos desembozados del expresidente, a quien colocaron todo tipo de escollos, impidiendo su candidatura (aspiraba a la vicepresidencia con Arauz) y hasta la posibilidad de obtener escaño parlamentario, tras una larga persecución judicial improcedente y huérfanas de pruebas.

Situemos que Pachakutik y Pérez, sobre todo, se presentan como titulares del movimiento indígena, pero esa corriente no es homogénea. Algunos grupos de los pueblos nativos apoyan al llamado correísmo. Es un gran colectivo humano que, en uno u otro segmento, tuvo participación decisiva en el derrocamiento de Abdalá Bubaram (1997) y Jamil Mahuad (2000). Algo similar se esperaba con el paquetazo de Moreno del 2018, con quien, luego de grandes protestas, parecen haber conciliado intereses.

En la disputa actual para obtener el pase a segunda vuelta comicial, Yaku procuró el apoyo de Lasso si lograba el puesto en el balotaje.  Este conspicuo personaje se presenta como de izquierdas, mas hechos y dichos evidencian su rechazo a las figuras  más notables del progresismo continental. Ha concordado con los procesos para destituirles mediante mecanismos judiciales forzados, como los dispuestos contra Dilma Russeff, Lula y Evo Morales, y los agresivos enfoques hacia Cristina Fernández (Argentina), Nicolás Maduro (Venezuela) y Daniel Ortega (Nicaragua).

La exuberancia en candidaturas de este 2021 dejó un cuarto personaje por considerar. Es Xavier Hervas (obtuvo el 16 por ciento de los votos), quien hizo campaña sobre todo en redes sociales, captando el apego de franjas juveniles. Se afilió al partido Izquierda Democrática (ID), que, según cuenta él mismo, no tenía postulante y adoptó a este representante del agro-empresariado que posee acciones en siete empresas y ofrece donar su éxito personal a la vida pública, sugiriendo que un país puede tratarse como un negocio corriente. Quede aclarado que ID no pertenece ni a la familia ni a la tendencia que su nombre sugiere.

En finales

Al cabo, las autoridades electorales presentaron 19.79 por ciento de los votos para Lasso y, 19.46  para Yaku Pérez. Se colige que las subsiguientes protestas de este último tienen propósitos desestabilizadores, destinados al posible arribo de fuerzas progresistas a la jefatura del país, haciendo muy difícil lo difícil de administrar la coyuntura post SARS-Cov-2 y el desastre dejado por Moreno. El  alboroto actual es una mala copia de procesos similares recientes en Estados Unidos, y sirve para solidificar la satanización del correísmo y adquirir un mayor protagonismo dentro del legislativo.

¿Existen diferencias realmente entre la derecha clásica y el pretendido izquierdista? “Quiero decirle a Yaku Pérez y a sus seguidores que cuentan con mi apoyo para que haya un reconteo de los votos”, dijo Lasso, en tanto el candidato del movimiento indígena respondió a su rival: “Lidere usted la reapertura de las urnas y contemos voto a voto. Si es que nos gana, perfecto, nos sentamos a dialogar”. El referido diálogo revela la tácita invitación a una alianza (Pachakutik y CREO-PS) para actuar en el Congreso -quizás añadiendo a Hebras-, donde buscarían entorpecer el mandato de Arauz, quien cuenta con bancada mayor que la de sus opositores, aunque en grado insuficiente para sortear indeseables obstáculos.

En este transcurso juega, ante todo, el propósito de evitar en el hemisferio otro gobierno con agenda avanzada, cuando el centro propiciador de un statu quo enajenado está poco apto para dilucidar buenamente  sus propias herejías.

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