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Publicado el 4 Febrero, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Los oportunismos de la “seguridad” en Oriente Medio

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María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

En medio de la llamada Primavera Árabe, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) –integrada por naciones europeas junto con Turquía y los Estados Unidos de América– ponderó la ira de pueblos que tomaron las calles de una parte significativa del Oriente Medio. Transcurridos diez años de ese suceso es importante recordarlo en este 2021, porque lo allí acaecido fue muy diferente a la pasada, y actual, narrativa de los grandes medios, serviles al gran capital y a la “razón de Estado”.

Si bien hubo un sustrato real de descontento colectivo con la corrupción, la pobreza, las pronunciadísimas desigualdades de clases y un desempleo de miedo, también es cierto que tras bambalinas actuaron fuerzas externas motivadas por una nueva reconfiguración regional para la consabida gula geoestratégica.

He aquí lo que publicó en su momento la organización trasatlántica: “En este número de la Revista de la OTAN analizamos si las expectativas de la primavera árabe estaban (y siguen estando) sobrevaloradas. También planteamos cómo podrían verse afectadas la seguridad en general y la Alianza en particular, y qué grandes retos permanecen en pie para los que quieren que la primavera árabe siga viva”. El sitio oficial opera bajo la autoridad del secretario general del bloque, y su objetivo manifiesto es “contribuir a un debate constructivo sobre las cuestiones trasatlánticas”. Pregunta obligada: si su propósito editorial representa a la membresía, ¿por qué el desvelo por los visos “revolucionarios” de Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen?

De las cinco naciones, todavía en la actualidad en tres perduran la desestabilización, el terrorismo, el caos, y la injerencia extranjera. En las otras dos, el capitalismo corrupto volvió con casaca nueva. La mentada revista se pronuncia: “Desgraciadamente, muchos de los países de la primavera árabe han seguido bajando en los rankings de corrupción: Egipto y Túnez han perdido puestos, y Siria ha caído en picado. Quizás haya que centrarse en las pocas buenas noticias, como las pequeñas mejoras en Siria”.

Esta comentarista sostiene, con otros colegas, que el guion fue dictado. En lo que atañe al supuesto descontento de la población siria, hay pruebas innumerables sobre la traición de una oposición política que al final tuvo puntos de contacto con lo que sería el terrorismo yihadista. El periodista francés Thierry Meyssan ha contado que, al cubrir en Trípoli la agresión occidental, tuvo la oportunidad de consultar un informe de la inteligencia exterior, el cual certificaba que el 4 de febrero de 2011 la OTAN en El Cairo dio la arrancada a las revoluciones de colores en Libia y Siria. Una, hoy fraccionada; la otra, ejemplarmente en pie.

Y las tan “democráticas” redes sociales, en febrero de ese año, falsearon el inexistente clima de confrontación en Damasco: Facebook le dio soporte a la página The Syrian Revolution 2011, llamando al “Día de la cólera”. Solo Al-Jazzera le hizo eco. La violencia ya se estaba cocinando, y los poderes vigilantes enseguida evaluaron intervenir por temas de “seguridad”, tan caros a la OTAN. En 2013, los yanquis mandaron desde Turquía a Idleb, ilegalmente, al senador John McCain, “rastreador” de futuros “luchadores por la libertad”. Y ya conocemos la verdad sobre la resistencia del pueblo sirio contra todos los terrorismos.

 

 

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