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Publicado el 16 Febrero, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Oriente Medio: Heridas abiertas

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

En dependencia del organismo internacional que se consulte, el Oriente Medio, con sus 215 millones de habitantes, es asumido de manera diferente. Para el Banco Mundial, en la región “a pesar de la inestabilidad actual, el mercado crece significativamente”. Mientras que para la Organización Mundial de la Salud (OMS), a esa parte de la humanidad hay que prestarle ayuda por los crecientes casos de covid-19. Cada uno acerca la verdad apenas en reflejos parciales.

Con una historia de memorables rutas comerciales y de esclavos, el área vio acrecentarse su valor con el descubrimiento del petróleo y sus derivados. Por tanto, la mirada más abarcadora a este apetecido sitio se da en lo geopolítico, con intereses contrapuestos, en una disputa que no cesa. Para beneficio propio, los contendientes se apoyan en administraciones afines y de todos los signos, porque en el Levante la carta religiosa, con su gama de matices, ha sido utilizada a manera de comodín.

Aquí también han surgido, surgen, voces, corrientes y gobiernos de claro signo independentista. Otros, para desgracia de sus pueblos, han sido solo esbozos de liberación caídos nuevamente en las trampas del mercado neoliberal.

Repaso de una táctica y una estrategia

Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Real Instituto Elcano, considera que “las intervenciones militares externas en países como Irak, Siria y Libia han contribuido a militarizar los conflictos internos y a convertir la lucha por tener más derechos en guerras civiles que alejan cualquier perspectiva democrática. Los recursos dedicados a financiar y armar a las partes enfrentadas en todos los escenarios de conflicto han contribuido a militarizar las luchas de poder y a ahondar las brechas etnosectarias en toda la región”. Por tal motivo ha aumentado la inestabilidad, con “consecuencias que se dejan notar en todo su vecindario”.

A este certero análisis esta comentarista añadiría que tales intervenciones en su mayoría corresponden a los Estados Unidos. Y aun cuando, por ejemplo, Trump maniobró con sus tropas enviando en 2019 una buena parte a casa, se trató de una jugada tramposa, de cara al electorado, porque Washington todavía mantiene una base en Siria, casualmente en un área rica en hidrocarburos.

Y si bien es cierto que ha hecho movimientos logísticos en suelo iraquí siguen siendo amagos. No es previsible que con Joe Biden, hombre de Barack Obama, los Estados Unidos se vayan del Oriente Medio, debido al mismo sentido de excepcionalidad americana de este político que su antecesor, si bien se manifiesta de otra forma. Habría que ver si la nueva Casa Blanca logra sustraerse de sus problemas internos, en primer lugar los sanitarios, y si continúa con el despliegue de esfuerzos en otras zonas, incluida esta.

De vuelta al marcado papel de la geopolítica hay que subrayar una arista fundamental: la retirada parcial de EE.UU. del norte de Siria posibilitó que la Federación de Rusia se constituyera en un nuevo artífice de paz. A pedidos de Bashar al Assad el Kremlin brindó asistencia y apoyo militar, blindando el eje ruso-sirio-iraní. Algunos analistas refieren que el verdadero objetivo estratégico y de largo aliento de Vladimir Putin es convertir sus huellas militares en una influencia y presencia política y económica en el Oriente Medio.

En el 2020 Damasco ha sentido el respaldo del “gran oso”. (Por su parte, aunque la República Popular China avanza poco a poco en la región, la sombra de su poder económico y comercial hace vaticinar una mayor presencia). Otros factores con los que deberá lidiar Moscú en 2021 son los llamados actores “menores” pero no menos importantes: en lo externo Turquía y Francia, y en el interior, Israel.

El Estado sionista es hoy por hoy el principal enemigo de los pueblos árabes y persa. Por delante quedan 12 meses y con esa perspectiva aumentan sus posibilidades de acción contra los palestinos y los sirios. Antes de dejar el Despacho Oval, Trump declaró legítima la ocupación sionista de los Altos del Golán sirio, al tiempo que bendijo que los productos elaborados en la Cisjordania palestina ocupada llevaran la etiqueta made in Israel.

Resulta inevitable hablar en este análisis del imperialismo, que, en su desparpajo mesiánico y geófago, declaró a Jerusalén la capital única e indivisible de Israel, con lo cual da un portazo en la nariz a las genuinos e internacionalmente reconocidos derechos del pueblo palestino, cada vez más acorralado y atacado. Un antecedente de lo que venía lo mostró Trump en febrero de 2020, con su polarizado y ridículo Acuerdo del Siglo en favor de Tel Aviv. Asimismo, con vistas a validar y reposicionar al racista régimen sionista, promovió el establecimiento de relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos, Sudán y Marruecos. Hecho consumado para Biden, traba en su probable apoyo a Palestina.

Una piedra en el zapato

Sin restarle importancia al conjunto de países que integran el Oriente Medio, a los efectos de este comentario imaginemos que la región es como un plano cartesiano donde en este siglo 21 sus ejes X y Y son Israel y la República Islámica de Irán. A la hora del desplazamiento de los elementos en este mapa, que en nuestro caso serían los demás estados y gobiernos, inexorablemente se relacionan o con Tel Aviv o con Teherán. Desde el triunfo, en 1979, de la Revolución Islámica los EE.UU. le tienen ojeriza al gobierno persa, dado su independiente andar, que se ha concretado no solo en desarrollo económico sino también en lo nuclear.

Sin embargo, con su enraizado oportunismo político, Washington “olvidó” que el llamado programa atómico de Irán empezó bajo el mandato del shah Mohammad Reza Pahlevi, en la década de 1950, con ayuda… yanqui, por supuesto. Ahora, en cambio, hace costosas campañas para acallar los rumores sobre los estudios nucleares con fines militares de su socio Israel. Pero tras meses de decir que es “el peor acuerdo que alguna vez se ha firmado”, Trump se retiró en su momento del convenio rubricado por Teherán y las grandes potencias mundiales: el Plan de Acción Integral Conjunto (PIAC), para velar por el uso pacífico de dicha energía.

Esta decisión no fue un acto inconexo. Durante el pasado año aplicó severas sanciones de todo tipo y amenazas de intervención militar contra el pueblo iraní. Y hasta con asesinatos selectivos. En ese sentido las autoridades persas han acusado a las agencias de inteligencia de Washington y de Tel Aviv de estar detrás de la muerte del científico Mohsen Fajrizadeh, el 28 de noviembre de 2020.

Apenas ha comenzado el 2021 y la humanidad renueva esperanzas de la mano de Joe Biden, quien dijo que evaluará la reinserción norteamericana en el PIAC, lo cual se traduciría en un paso más hacia la paz regional y mundial.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda