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Publicado el 16 Febrero, 2021 por Irene Izquierdo en Opinión
 
 

Pregones y… ¿pregoneros?  

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Irene Izquierdo RiveraPor IRENE IZQUIERDO

Pregonar es gritar. ¡Sí, como se lo comento!; pero no cualquiera puede adjudicarse el don de pregonero, aunque sea el más gritón del mundo y tenga la capacidad de vociferar a los cuatro vientos, con el alcance del cañonazo de las nueve. Si fuera tan sencillo como soltar alaridos, no hubieran trascendido siglos.

El vigía de Cristóbal Colón —“¡Tierra a la vista!”— era un pregonero. Por tanto, es fácil deducir que los pregones llegaron en las naves de los conquistadores y anclaron en las Antillas, como los amoríos de los “hombres blancos” con las nativas o la mezcla de costumbres, que forjaron tradiciones.

Entonces se hicieron propios, muy criollos, aderezados con la chispa especial del cubano. Estampas de época recogen imágenes de chiquillos correteando detrás de cualquier persona que se dedicaba a la venta ambulante de las más diversas golosinas. Se conjugaban de este modo alegría y emoción; la primera, porque siempre los niños tenían la esperanza de que los padres les compraran algo. Y la emoción, era la lógica del “mercader” al pensar que alguna ganancia iba a tener.

Los pregones de antaño y las personas encargadas de llevarlos o traerlos, les daban ritmo, cadencia, arte…, mangos de El Caney, tamales, maní, helados, caramelos, un listado interminable que inundaba las calles, conviviendo con las personas y ayudando a crear.

Sí, porque los pregones han inspirado a pintores, compositores, cantantes, escritores y realizadores audiovisuales. ¿Quién puede olvidar El manisero compuesto por Moisés Simons? ¿O la controversia en torno a “si pican o no pican” los tamalitos de Olga? ¿Y qué decir de las Frutas del Caney, de Félix B. Caignet? Obras resultado de la tradición, que forman parte del patrimonio cultural cubano, entre muchas más.

Como todo ayer tiene un hoy. Debo hacer una parada obligatoria en los “pregoneros” del presente.

Está claro que ellos no saben que los pregones son parte de la cultura, por lo que no les interesa “enamorar” al posible cliente. De más está decir que nadie en su sano juicio les puede augurar futuro. Pero hoy están haciendo fechorías, no forjando identidad.

Cuba se encuentra en una situación particularmente difícil. El bloqueo por un lado y el impacto violento del coronavirus SARS-CoV-2, por el otro, han provocado carencias reales, objetivas, que las personas precisan solventar. Y aparece el mercachifle con la bolsita de pan suave, en momentos en que las panaderías no dan abasto y la harina de trigo escasea.

Vale preguntarse ¿de dónde sale la materia prima para esas bolsas de pan? Solo en las panaderías pueden dar respuesta a este fenómeno, porque el trigo para la harina se importa, y cuesta bien caro.

Están, asimismo, los que se meten en las colas una y otra vez, para adquirir mercancías que luego venden a quienes se las pagan al precio que el interesado esté en condiciones de pagar, siempre por encima del doble de lo que les costó. Así, un litro de aceite, que vale alrededor de 50 pesos, puede estar en las esquinas próximas a las tiendas, a 100 pesos o un poco más. Igual sucede con el detergente, el papel sanitario, la pasta dental y el pollo.

Pero existen unos pregoneros muy particulares, esos que compran cualquier pedacito de oro. Los he visto pasar tantas veces para arriba y para abajo, alrededor de mi casa, que en cualquier momento me entero de la apertura de una joyería pura exclusividad.

También cuestiono: ¿Será que Suchel ha “creado” un equipo de recuperadores de “pomos de perfume de marca vacíos”? A juzgar por lo que percibo, esos individuos tienen una jornada laboral intensa, porque trabajan mucho, tanto,  que he llegado a la conclusión de que se les van a afectar las cuerdas vocales.

¿Entre las actividades autorizadas para el trabajo por cuenta propia aparecen las figuras del vendedor ambulante de bolsas de pan suave y las de los compradores de pedacitos de oro y de pomos de perfume vacíos? ¿Alguien tiene información al respecto?

Porque yo sí tengo una certeza, sin conocer más de lo que a simple vista es apreciable: ninguno de ellos es, ni será pregonero. Porque tienen muy malas costumbres y les falta mucha clase.

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