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Publicado el 12 Marzo, 2021 por Elsa Claro en Opinión
 
 

Arabia Saudita: Un crimen imperfecto

Elsa ClaroPor Elsa Claro

No sucedió durante las etapas bárbaras. Todo lo contrario. La era de Internet, pese a que solo tiene una treintena de años, facilitó conocer algunos detalles del asesinato y propiciar una accidentada pesquisa que concluye llevando a los más altos aposentos en Riad.

Jamal Kashogui fue  el 2 de octubre de 2018 al consulado de Arabia Saudí en Estambul porque quería casarse y necesitaba los documentos pertinentes. Su novia se cansó de esperarle durante más de 10 horas fuera de la legación y concluyó dando la alarma.

Según testimonia ella, una académica turca, el por entonces columnista del diario norteamericano The Washington Post fue atraído hacia el recinto diplomático con buen trato y halagos cuando semanas antes acudió por primera vez a solicitar los instrumentos legales de referencia. Por eso se presentó confiado a la cita de la cual no regresaría jamás.

El 1 de octubre se registró el ingreso en la ciudad de tres agentes del servicio de inteligencia saudita, dos de los cuales trabajaban en la oficina del príncipe heredero de la Casa Saud, Mohamed bin Salman. Al día siguiente arribarían, en un avión privado, otros nueve sujetos pertenecientes por igual a los círculos del poder en el país árabe. Entre ellos había un patólogo forense. Todos fueron  perfectamente identificados con posterioridad.

Menos de 24 horas después de su llegada a Estambul, los luego considerados un escuadrón de asesinos estaban de regreso en la capital del reino. Dejaban detrás los restos del periodista descuartizado en el recinto tras un ataque brutal  al occiso. Los primeros datos sobre el crimen procedieron –así se formuló entonces– de elementos tomados de La Nube, el prototipo global a través de Internet, pero más tarde la inteligencia de Turquía aporta grabaciones a través de las cuales pudieron conocerse pruebas irrefutables sobre lo acontecido.

La relatora especial de la ONU sobre ejecuciones sumarias o arbitrarias, Agnes Calamard, dijo al cabo: “No hay indicaciones bajo el derecho internacional para que este crimen se pueda calificar de una manera distinta a un asesinato de Estado”. En su informe ante el Consejo de Derechos Humanos, la experta consideró  el homicidio del periodista saudí como “una ejecución extrajudicial”.

Su tesis fue avalada por la baronesa Helena Kennedy, abogada especializada en derechos humanos, a quien Callamard sumó al equipo bajo su mando para poner en claro el suceso. La experta, pasado un tiempo, dio detalles de lo escuchado en las cintas facilitadas por el Gobierno turco para la investigación.

“Puedes oír cómo se ríen. Es un asunto escalofriante. Están ahí esperando, sabiendo que ese hombre va a llegar y va a ser asesinado y descuartizado (…) El horror de escuchar la voz de alguien, de oír el miedo en su voz, y saber que estás escuchando algo  en vivo hace que sientas escalofríos por todo tu cuerpo”.

Entre los detalles citados tanto por Callamard como por Kennedy se sabe que él dice: “¿Van a darme una inyección?”, y le responden afirmativamente. Temeroso, pero ignorando aún lo que está por ocurrirle, Kashogui pregunta dos veces si le están secuestrando, incrédulo  de que algo así pueda ocurrir en una embajada.

“Los sonidos que se escuchan después de ese punto indican que fue asfixiado”, aseveró la aristócrata británica, quien también aludió en una entrevista al cinismo de aquellos sicarios al aludir a la víctima entre ellos como “el animal de sacrificio”, y si era más cómodo desmembrarlo  colgado de un gancho y no en el suelo.

Los detalles recabados durante los hechos, junto con otros de días precedentes, cuando los encartados se preparaban, permitieron a los investigadores concluir que “la presencia de un médico forense como parte del grupo oficial del asesinato al menos 24 horas antes del crimen y la discusión sobre el descuartizamiento de Khashoggi dos horas antes de que se produjera también indican claramente que la matanza estaba planeada”.

El Gobierno de Recep Tayip Erdogán denunció lo acontecido tras las investigaciones policiacas preliminares referidas e hizo un llamado a  la CIA y al MI6,  del Reino Unido, para que examinaran lo recolectado o  hicieran  por su cuenta la debida investigación. Aunque el organismo de inteligencia norteamericano concluyó que había ocurrido un asesinato, Donald Trump desestimó esas consideraciones y liberó de culpas a su aliado del Oriente Medio, desde donde, tras negativas reiteradas, concluyeron admitiendo que hubo un crimen y procedieron a un juicio que Callamard califica de amañado, pues sanciona a los ejecutores pero deja a salvo a quien  dio las órdenes.

Turquía, considerando que actuaron en su territorio, solicitó la extradición de los involucrados para juzgarlos, pero Arabia Saudita se negó. Los gobiernos de varios países pidieron por su parte una investigación transparente y condenaron el homicidio, mas el manto protector de la Casa Blanca hizo acallar las denuncias.

A finales de febrero último, la administración de Joe Biden retomó el evento  y, por primera vez, Estados Unidos menciona públicamente al heredero saudita en relación con la trama. Basándose en las conclusiones de la CIA, y teniendo en cuenta los debates, incluido el ocurrido en el Congreso bajo mandato de Trump, el actual jefe  de Estado se pronunció contra los presuntos culpables.

Sin embargo, no se conoce que determinaran ningún tipo de sanciones, al estilo de las comúnmente aplicadas desde Washington hacia aquellos países considerados hostiles o violadores de derechos ciudadanos. Eso dio base a que Rusia reflexionara sobre las exigencias y los ataques recibidos por el hipotético envenenamiento de Alexei Navalni, y la diferencia con el reino saudita, al cual no afectan como a Moscú, pese a no existir pruebas de las acusaciones.

Biden, no obstante,  parece inclinado a una postura distinta a la de su antecesor, pues si bien se considera insuficiente que solo hiciera una llamada al anciano rey Salman y no emprendiera actos punitivos contra Riad, es cierto que también desaprobó la guerra en Yemen, librada por la propia Arabia Saudita. Revivir el acontecimiento tras dos años y medio pudiera ser un conato de correcciones, pero también nada más que eso.

 


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