Con flores, pero sin discriminación
Por Maria Victoria Valdés Rodda
Sensibilidad y delicadeza, así casi siempre califican a las mujeres. Y vaya que sí. En mi caso por ejemplo me derrito de amor por la estrella polar en el cielo, estoy a punto del lagrimeo cuando en una telenovela brasileña el protagonista masculino al fin declara su pasión escondida. Y hasta colecciono las fotos del nieto con ese orgullo casi enfermizo de abuela primeriza. Pudiera asegurar con un 100 por ciento de infalibilidad que todas nosotras somos así de “bobas”, pero de ahí a reducirnos a actitudes supuestamente débiles va un prejuicio muy grande, asentado en una tradición machista todavía difícil de superar al margen de los muchos años que en Cuba triunfó una formación política social que colocó en igualdad de oportunidades a hombres y mujeres.
Y mira que se ha avanzado: estamos en todas partes cumpliendo las misiones más riesgosas y “fuertes”, habitualmente antaño consideradas masculinas. No me dejará mentir la holguinera María Ramírez Anache, radicada en la Isla de la Juventud, quien en 2001 recibiera el título de Heroína del Trabajo de la República de Cuba por su admirable e increíble trayectoria personal. Ha hecho de todo: trabajadora agrícola, cortadora de caña, y hasta operadora de grúas. Ah y es madre de tres hijos. Al recibir tan honorable título le entregaron un ramo de flores.
No basta con habernos dado espacios públicos para movernos, ser y expresarnos. Es imprescindible entender que la labor educativa de nuestros pares masculinos sigue siendo esencial, e inacabada para potenciar no solo la felicidad femenina sino la común, porque la existencia de mujeres y hombres por separado culmina en la extinción de la humanidad, así de sencillo.
Tal vez algún lector se indigne con este comentario, pensado precisamente en el Día Internacional de la Mujer, un nuevo 8 de marzo. En tal fecha, en un lejano 1857, miles de trabajadoras textiles salieron a las calles de Nueva York gritando: “Pan y rosas” en protesta por las míseras condiciones laborales, reivindicar un recorte del horario laboral y el fin del trabajo infantil. Fíjese que ellas no renegaban de la delicadeza, de la flor. También clamaban por pan, que es sinónimo de vida; una respetable. En nuestro país se conmemoró por primera vez en 1931, también a cargo de la Central obrera de entonces, y se hizo durante una actividad político cultural que culminó con la lectura de poesías de parte de la trabajadora Caridad Suárez. ¿Y acaso las bellas letras, no entrañan sensibilidad cuando se usan como un arma de lucha?
Las mujeres hemos demostrado con creces que ser “delicadas” no entra en contradicción con el coraje, con la valentía y con la entrega personal de cara a empeños existenciales de Patria o Muerte. Toda la historia nacional lo demuestra, incluso antes de 1959, aunque tras el 1 de enero de ese año el respeto hacia las mujeres pasó a ser política de Estado. Pero todavía prevalecen prejuicios y machismo. Estampas cotidianas sobran, de modo que sí algún plomero pide tratar con el esposo en vez de con la “señora de la casa” en el entendido de que ella no va a poder ayudarlo, o cuando al requerirte por teléfono te dicen: deseo hablar con la esposa o hija de fulano, dejando de lado la consagración propia, cuando al ir a solicitar una plaza de trabajo te miran con incredulidad poniendo en dudas fortalezas físicas e intelectuales, entonces, así no queremos flores.
















Tengo el placer de conocer a Maria Victoria Valdés, autora de este homenaje al Dia Internacional de la Mujer; y hago referencia a ello, porque además de la profundidad y calidad en sus reportaje a que nos tiene acostumbrado, sé del esfuerzo personal que hace para estar presente en un dia como hoy. Es que pensamiento, acción, aptitud y concia, estan presente en ella en sus reflexiones. Por ello, considero que el reporte es un merecido recociento a lo logrado en elevar el papel de la mujer en la sociedad, breve referencia a lo que falta en ese campo, pero nos dá a su ves un ejemplo personal como mujer. Gracias Victoria.
Un bello reconocimiento a las mujeres , pilares de todo proceso. Muy feliz dia a todas las mujeres, en especial para las cubanas, argentinas y para la gran periodista que le salieron las palabras del alma. Saludos
. Ricardo.
Gracias Maria Victoria por no cejar, por sobreponerte a cualquier dolor físico y espiritual para estar hoy presente y contundente con tus letras. Llevas razón, mucho se ha logrado, pero como doce un viejo probervio : perro viejo no aprende mañas nuevas, o sí?
Gracias, por tan linda reflexión en un día de luz, como el de hoy, por ser dedicado a ese ser delicado, que no pierde su delicadeza, si su dulzura en su entrega cotidiana a la vida, en este momento especial que nos ha tocado vivir. Hoy más que nunca las mujeres apostamos por la vida y por eso nos entregamos completamente a preservar, proteger y cuidar a nuestra familia, a los amigos, al vecino, al desconocido para salir adelante y ganar esta batalla contra la COVID 19. Es un día especial en medio de una situación especial y con amor, dulzura y delicadeza la mujer está presente, como tú en este día para recordarnos lo delicado y fuerte que hay en un corazón de mujer. Gracias
Excelente trabajo sobre un tema tan puntual y necesario, con el toque inconfundible de emoción que siempre le aporta María Victoria a sus entregas periodísticas.