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Publicado el 3 Marzo, 2021 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

COVID-19: Código sagrado

En enero y febrero un número considerable de eventos se originó en centros de trabajo e instituciones de salud, lo que demuestra que siguen quebrantándose los protocolos de bioseguridad

Por MARIETA CABRERA

Cuando se cumple un año del inicio de la pandemia en Cuba, tras diagnosticarse el 11 de marzo de 2020 el primer caso de covid-19, continúa el forcejeo por acorralar un virus que desde el principio ha sabido aprovechar la falta de percepción de riesgo de muchas personas, y también el cansancio o la desmovilización de otras en los últimos tiempos. Así las cosas, a finales de febrero el SARS-CoV-2 se dispersaba por 90 municipios, con mayor presencia en las provincias de La Habana, Mayabeque y Artemisa.

El segundo mes de 2021 concluye con importantes lecciones desde su primer día cuando se diagnosticaron en el país 1 044 nuevos casos, una cifra que quizás presagió lo que nos venía encima: al cierre del 28 de febrero habían sido diagnosticados con el nuevo coronavirus 22 998 individuos, 7 462 más que en enero –período en el que se confirmaron 15 536 casos, la cifra más elevada hasta entonces–. Asimismo, en febrero hubo 108 decesos, 38 más en números absolutos que en enero, cuando fallecieron 70 personas como consecuencia de la enfermedad.

Tales números, cada uno de los cuales representa la vida de un ser humano y el dolor de una familia, evidencian la compleja situación epidemiológica de la nación en este tercer rebrote de la covid-19. Otros datos convocan igualmente a la reflexión: al cierre del 26 de febrero, un total de 25 eventos de transmisión local (el mayor número en La Habana, Santiago de Cuba y Guantánamo) se mantenían activos en el país, y se reportaban 17 eventos en sedes institucionales con más de 1 700 casos positivos, informó el ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda.

Es notorio que se ha resquebrajado la disciplina en no pocos centros laborales (como ilustran los focos localizados en los centros comerciales habaneros de Carlos III y Cuatro Caminos), entre los que se incluyen instituciones de salud, donde el propio personal sanitario ha violado un código que debe ser sagrado, más aún en ese entorno, lo cual ha originado el contagio de trabajadores.

Cumplir con rigor los protocolos de bioseguridad resulta vital, además, porque –como han subrayado autoridades gubernamentales de La Habana– en cualquier centro de trabajo de la capital laboran personas de diferentes municipios, por lo que si algunas de ellas contraen el virus la diseminación de este en la comunidad es mayor.

El reciente inicio de los ensayos clínicos en fase III de los candidatos vacunales Soberana 02 y Abdala acerca el momento en que la población cubana sea inmunizada contra la covid-19.

Lo sensato es esperar de forma responsable por esa oportunidad que nos da la ciencia cubana; lo digno, corresponder con la actitud individual y colectiva al esfuerzo de científicos y profesionales de la salud que se desvelan para proteger la vida de todos.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera