0
Publicado el 30 Marzo, 2021 por Elsa Claro en Opinión
 
 

EUROPA

Europa, un divorcio arisco

Elsa ClaroPor Elsa Claro

Probablemente a los conservadores británicos les hubiera sido mejor no apurar su ruptura con la Unión Europea. Que el inicio del Brexit haya coincidido con la pandemia mundial les priva de algunos amortiguadores financieros preparados por el Pacto Comunitario para atenuar el golpe económico que la crisis sanitaria trajo consigo.

Como es de suponer, la circunstancia  agrava los inconvenientes y déficits que el cambio emprendido implica. Nada simple acomodar realidades cuando más de la mitad de las exportaciones británicas se dirigen hacia  el grupo del cual salió y el 62 por ciento de sus compras provienen de esos antiguos socios.  Y si bien a última hora, y con mucha reticencia de la administración Johnson, fue aprobado un acuerdo de libre comercio entre el bloque y Londres, no es lo mismo guitarra que violín, ni siquiera con el más virtuoso intérprete. De entrada, unas 300 firmas se mudaron hacia otros destinos. Los principales son Dublín para los mercados de activos financieros, Alemania y Francia para el sistema bancario, en tanto las operaciones cambiarias tienen como nuevo emplazamiento la capital de los Países Bajos. Se trata de empresas en una esfera que, en total, representa cerca del 80 por ciento del PIB logrado por el Reino Unido.

Las nuevas circunstancias rompen, en parte, una tradición que colocó desde el siglo XVI a la City londinense como epicentro principal de las actividades financieras en todo el mundo. Ahora descendió a un segundo lugar. Sin excluir la posibilidad de que ese rubro u otros se recuperen con el tiempo, hay diferentes sectores productivos, no de tanta importancia pero a tener en cuenta, como el pesquero, donde la inconformidad actual es elevadísima pese a lo mucho que desearon el abandono.

En términos generales, la economía del Reino Unido en este 2021 será entre dos y 2,5 por ciento menor de lo que habría alcanzado si no hubiera roto su relación con la Unión Europea. El estimado procede de Citigroup, que, con otros centros de análisis económico, incluyendo al Changing Europe, entidad de investigaciones británica sufragada por el propio gobierno, estima que el costo económico del Brexit devendrá mayor que el provocado por la covid-19, lo que no es poco decir.

De hecho, la contracción ronda el 20 por ciento y se vaticina que la capacidad productiva disminuirá anualmente en cinco por ciento durante al menos un decenio. Un dato curioso proviene de uno de los pilares para romper cartas con la UE, la emigración. La merma del ingreso de trabajadores y profesionales extranjeros influirá negativamente en terrenos como la investigación dirigida a mejoras en el desarrollo.

Los augurios y las cifras para sustentarlos no cesan, sobre todo debido a varias decisiones de Boris Johnson. Tal resulta su intento de dilatar, fuera de lo acordado, lo que se pactó con respecto a Irlanda del Norte. Solo ese acápite es un problema de altas dimensiones. Porque provoca daños materiales importantes y los de orden político no son inferiores.

Luego no es solo el descenso en el orden de los 11 puntos del PIB para este 2021, o que medio millar de compañías británicas estén en plan de  trasladar parte o todos sus negocios a los Países Bajos, como dejó saber el dominical The Observer. El anuncio del Ejecutivo dando noticia de que el 1ro de abril no aplicará los previstos controles aduaneros y fronterizos a las mercancías con destino al Ulster desató gran malestar en Bruselas y en el interior mismo de la disputada provincia.

Según quedó concertado en ese protocolo, Irlanda del norte se mantiene dentro del mercado interior de la UE, parejamente con la vecina República de Irlanda, miembro activo de los 27, para evitar la llamada frontera dura entre ambas y el peligro de disparar el sangriento dilema entre católicos separatistas y los protestantes a favor de pertenecer a Londres. Esa cortesía  de la UE  tiene una fecha límite que Boris Johnson quiere violar. “Tras el fin del período transitorio, Irlanda del Norte quedará sujeta a una serie limitada de normas de la UE relacionadas con el mercado único de mercancías y la unión aduanera. Por ejemplo, el código aduanero de la Unión se aplicará a todas las mercancías que entren o salgan de Irlanda del Norte.”

Así consta en el documento donde también se formula que “en los puntos de entrada, se llevarán a cabo las inspecciones y controles necesarios de las mercancías que entren en Irlanda del Norte desde el resto del Reino Unido o desde cualquier otro tercer país. Esto también significa que el Reino Unido, al actuar con respecto a Irlanda del Norte para la aplicación del Protocolo, debe garantizar, entre otras cosas, que se lleven a cabo los controles sanitarios y fitosanitarios pertinentes”.

La administración británica quiere prolongar hasta octubre al menos esos privilegios convenidos de modo bilateral, pero –otro dato curioso– cuando era discutido este asunto, bajo mandato de Teresa May, y  estaba a punto de aprobarse un Brexit más blando, incluido el principio de la susodicha frontera invisible y sin controles aduaneros en el Mar de Irlanda, la entonces premier fue acosada por los tories, quienes tomaron este ángulo de las soluciones como punto flaco de ella para destituirla. Paradójicamente, Johnson firmó conviniendo medidas, como los controles en el Mar de Irlanda a partir de abril, algo que la May había soslayado en su momento y que su sucesor pretende violentar. ¿Comenzará a percatarse de los beneficios a los cuales renunció impetuosamente?

Poco importa eso frente al dilema reflejado en la carta suscrita por un grupo de paramilitares unionistas norirlandeses al Gobierno, reavivando los peores miedos de la UE y del propio Reino Unido. Quien fuera presidente del Partido Unionista del Ulster, David Campbell, alto dirigente de los movimientos norirlandeses probritánicos y participante en las negociaciones que concluyeron con el Acuerdo de Viernes Santo en 1998,  expuso en la misiva al primer ministro que “retira su apoyo al Acuerdo de Belfast y a sus instituciones hasta que se restablezcan los derechos contemplados en ese acuerdo y se corrija el Protocolo de Irlanda para asegurar un movimiento sin límites de bienes, servicios y ciudadanos por todo el Reino Unido”.

Demasiadas interrogantes cuando, como queda dicho, hasta el 31 de diciembre de 2020 y durante el primer trimestre del actual año los ciudadanos y las empresas no sintieron grandes desproporciones gracias a mantenerse bajo el paraguas del mercado europeo. En este momento Bruselas advierte de que no va a tolerar las vulneraciones propuestas. Definivitamente, el entendimiento entre  ambas partes está dañado.

 


Elsa Claro

 
Elsa Claro