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Publicado el 27 Marzo, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

La inestable vacunación del Viejo Continente

Por Ernesto Eimil Reigosa

Mientras Estados Unidos se ha convertido en uno de los punteros mundiales en inmunización contra el nuevo coronavirus, en medio de una crisis sanitaria en buen grado resultante del mal manejo de la pandemia por la administración de Donald Trump, Europa registra  semanas de retraso. Los colegas del otro lado del Atlántico llaman constantemente a Moncef Slaoui, el “zar de las vacunas”, y le preguntan: ¿cómo lo han hecho?, ¿qué pasamos por alto? Desde entonces, la brecha de inoculación entre ambas regiones no ha hecho más que aumentar. Aproximadamente 20 mil europeos mueren de covid-19 cada semana.

Resulta curioso que dos de los países del área que no forman parte de la Unión, como Serbia y el Reino Unido, sean los que llevan la delantera en cuanto a esfuerzos de vacunación. Lo cierto es que, desde el inicio, expertos como Dalibor Rohac, académico del Instituto American Enterprise de Washington, han calificado el plan del Viejo Continente de desastre. “La Comisión Europea no fue efectiva en asegurar acuerdos vinculantes el año pasado con empresas como AstraZeneca, Pfizer y Moderna”, dijo Rohac. “En vez de eso, pusieron todas sus apuestas iniciales en el fabricador francés Sanofi, cuyo programa no resultó”. Debido a estos retrasos con la producción, los suministros de nuevas dosis se han visto reducidos.

Otro de los inconvenientes sufridos tiene que ver con la desconfianza pública que ha generado AstraZeneca. Primero, varios síntomas de sangramiento cerebral en personas recientemente inyectadas llevaron a parar la administración del candidato de Oxford en varias naciones. Luego, el día 24 de marzo, un contenedor con 30 millones de dosis –más que todas las que han sido administradas hasta el momento– fue encontrado escondido en Roma.

Bruselas confió en el libre mercado desde el inicio. Adoptó un enfoque conservador, negociando como si fueran clientes eligiendo un producto en el mercado. “Era más importante ser un socio activo en el desarrollo y manufactura de las diferentes vacunas. Y hacerlo desde muy pronto”, explicó el doctor Slaoui. En lugar de invertir en ciencia, en investigación y en pruebas de efectividad, simplemente ordenaron el producto. Defectuoso plan que ha conducido a varias crisis políticas en todos lados del bloque. Los líderes nacionales culpan siempre a otros cuando les cuestionan por qué algunos de los Estados más ricos del mundo no pueden mantener un ritmo de vacunación estable. Los rostros se vuelven hacia la variante rusa, una alternativa que podría estar más cerca  de lo que aparenta. El éxito del modelo de vacunación serbio, con un promedio de 13.5 personas inyectadas al día, en contraste con 5.25 de la UE, se apoya fuertemente en la Sputnik V.

A inicios de mes, Josep Borrell, representante de la institución para Asuntos Exteriores, visitó Moscú. Allí alabó las propiedades de la vacuna local y expresó la esperanza de que pronto pudiera estar lista para el bloque. Aun así, ni la Sputnik ni la Sinovac ni la Sinopharm –estas dos últimas de China– son las principales apuestas del Continente. Su utilización supone para muchos políticos una forma de admitir que la Unión es una estructura anquilosada, incapaz de ajustarse a las necesidades de la gente.


Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa