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Publicado el 16 Marzo, 2021 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

¿Mano o guante?

Delia ReyesPor DELIA REYES GARCÍA

Martí llegó por primera vez a Tampa en la medianoche del 25 de noviembre de 1891, invitado por el Club Ignacio Agramonte a participar en una velada artístico-literaria que se realizaría al siguiente día, en el Liceo Cubano de esa ciudad. Con su discurso debía agitar corazones, levantar pasiones, convencer… Pero, sobre todo, quería dejar claro cuáles serían los valores que sostendrían el espíritu de la república anhelada, “con todos y para el bien de todos”.

Ataviado con su habitual traje oscuro entró Martí al liceo. Con pasos lentos pero seguros, subió al podio. Todos estaban expectantes. A media voz, en tono solemne, comenzó el discurso: “Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella”.

Entonces con la estrella y la paloma en el corazón, y su verbo encendido, el maestro abrazó a todos los que saben amar, a los cubanos que ponen su opinión franca y libre por sobre todas las cosas.

Para arrojar luz sobre sus más íntimas ideas, Martí expresó: “Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuese base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

“En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños.”

Cada vez que Martí evoca a su patria aflora de sus entrañas una dulzura, como de suave hermandad. Y junto a esos sentimientos también brotan las ansias de quitarle de encima el yugo colonial. Por eso allí, en el liceo, sus palabras convidan a la contienda libertaria.

“[…] ¡Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos, y para todos: la guerra inevitable, de modo que la respete y la desee y la ayude la patria, y no nos la mate, en flor, por local o por personal o por incompleta, el enemigo: la revolución de justicia y de realidad, para el reconocimiento y la práctica franca de las libertades verdaderas”.

Más adelante pronuncia: “¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tal alta como las palmas!”

Con ferviente pasión, Martí alerta no caer en desorden, ni en entretenimientos banales, ni en competencias de mando, ni en envidias de pueblo, ni en esperanzas locas. “Hombres somos y no vamos a querer gobiernos de tijeras y de figurines, sino trabajo de nuestras cabezas, sacado del molde de nuestro país”.

Consciente de los peligros que acechan a la futura república subraya: “[…] por esta patria vehemente en que se reúnen con iguales sueños, y con igual honradez, aquellos a quienes pudiese divorciar el diverso estado de cultura -sujetará nuestra Cuba, libre en la armonía de la equidad, la mano de la colonia que no dejará a su hora de venírsenos encima, disfrazada con el guante de la república.  ¡Y cuidado, cubanos, que hay guantes tan bien imitados que no se diferencian de la mano natural! A todo el que venga a pedir poder, cubanos hay que decirle a la luz, donde se vea la mano bien: ¿mano o guante?”.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia