2
Publicado el 16 Marzo, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Otra anécdota de valentía, una más.

María Victoria Valdés RoddaPor María Victoria Valdés Rodda

La seguridad lo es todo. El sentirse a salvo y protegido es una de las emociones más confortables, por eso cuando alguien decide arriesgarse por un “semejante”, tamaño gesto es apreciado con admiración, y a quién se desprende de su ir y venir diario, o de la comodidad de su entorno para cuidar a otros, aun a riesgo de su vida, se le mira con gratitud y ante su paso se dice: “Ahí va un valiente”. En nuestra Patria esa actitud suele ser recurrente. Cuántas epopeyas gloriosas no ha protagonizado el pueblo, tanto para sí como allende las fronteras. Desde hace un año la sensación de indefensión ante un hecho que en apariencia nos sobrepasa se instaló en un Planeta agobiado por una pandemia, entonces la bondad de cubanas y cubanos volvió a reactivarse, tanto colectiva como personal porque qué sería de los planes del Estado y del Gobierno sin sus hombres y mujeres. De cualquier manera, el conocer acerca de la movilización del amigo o la amiga para cooperar en centros de aislamiento contra la Covid-19 estremece de orgullo.

Así me sucedió con Norka Copa Trutié, de 57 años y licenciada en Geografía. Ella, tan alegre que hace reír hasta a las piedras, no dudó en dejar atrás, por unas semanas, ni a su madre de 84 años y ni a su hijo para integrar La Tripulación de Servicios, nombre que reciben las Brigadas de apoyo en Centros de Aislamiento para viajeros provenientes de diferentes naciones. La protagonista de estas líneas junto a 11 compañeros, pertenecientes a la Agencia del Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA), se levantan bien tempranito en la mañana y les coge hasta la noche todavía limpiando, puliendo se diría más bien, cada rinconcito… por si “el bicho” de la Covid, tan traicionero él, decide asomar la cabeza.

Norka al partir, si bien andaba un poco ansiosa porque ya sabía que sería la “temba” del Grupo, hizo lo habitual: regó los helechos, le dio de comer a Kali, su insaciable perrita, y acarició el lomo de su indomable gato Momy. Ninguno de sus familiares se opuso, por el contrario, tras el abrazo de despedida, Lissette le dijo: “Hija cuídate, no te pases que te conozco”.

Similar advertencia debe haber dicho, por ejemplo, la madre de Ariel Domínguez Blanco, de 24 años, Licenciado de la Facultad de Geografía, la de Rachel Aristica Pérez, de 26 años, graduada en Lenguas Extranjeras, o la de Yarima Díaz Delgado, de 27 años, Bióloga especialista en Meiobentos. También a las hijas y a la nieta de Carmen Sánchez de la Torre, Máster en Geografía y Ordenamiento Territorial, debe habérseles apretado el pecho, en esa dualidad natural cuando se teme y admira como sentimientos encontrados, donde aquí al final prevalece aquel que sitúa los valores humanos y revolucionarios aprehendidos desde pequeños por encima de cualquier egoísmo familiar.

Compuesta por 11 profesionales de diversas disciplinas asociadas a la Ciencia (seis mujeres y cinco hombres) esta brigada de la Tripulación vela por un oficio esencial, casi siempre menospreciado: la limpieza. Ellas, dos veces al día, pulen suelos, camas y cuanto se le ponga delante en los tres pisos de ese Centro de Aislamiento para viajeros. Ellos, apoyan en las labores de lavandería, servicio de mensajería interna, de pantry, fumigación y desinfección de locales y del personal ajeno a la instalación. Tareas en apariencia simples, pero que en tiempos del Sars-Cov2 adquieren una dimensión inmensa. A la altura de estas líneas no hay que convencer a nadie sobre la importancia de este tipo de voluntariado, máxime si hablamos de nuestros coterráneos y hasta de conocidos y amigos como Norka. Según me contó por Wasap en esa institución, ahora sanitaria ubicada en el municipio Playa, no solo hay gente de La Habana, también han llegado desde Granma, Villa Clara, Pinar del Río y el Municipio Especial de Isla de la Juventud. Y sus edades oscilan entre 30 y 44 años.

Linda y efectiva forma de socorrer, de poner por delante las necesidades de los demás. De demostrar que en la Patria sigue siendo válido aquel lema recurrente de las movilizaciones populares: “Todos a la Plaza, hasta el gato”. Norka no se llevó consigo a Momy pero de seguro si hiciera falta, allí estaría el felino ronroneando entre las piernas de sus compañeros, cuya valentía protege y reconforta porque somos parte de un país, inacabado y perfectible es cierto, pero donde la seguridad lo es todo. No por gusto hemos asumido con sinceridad otra frase común: “Cuba Salva”.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda