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Publicado el 9 Marzo, 2021 por Maryam Camejo en Opinión
 
 

VENEZUELA-UE: Conflicto en las relaciones

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Doble estándar. Ese podría ser el título de este texto. No se trata de algo nuevo, sino de un movimiento que desde hace siglos permea agendas y accionar políticos entre los países. Precisamente ese es el aire que se respira hace buen tiempo en las relaciones de la Unión Europea con Venezuela, sobre todo porque ha respaldado el ascenso de las sanciones a la nación sudamericana en los últimos años, que han consolidado un cerco asfixiante en torno a ella, con el correspondiente impacto en su economía y su desarrollo.

Paladines de la libertad, la democracia y el diálogo –esta última, una palabra cada vez más usada en el espacio público–, en una actitud abiertamente colonialista, el bloque europeo, a tono con Estados Unidos, se adjudica el supuesto mérito de tener todas las respuestas sobre cómo resolver la crisis que vive el país, o la capacidad de decidir cuándo se hacen elecciones sin fraudes y cuándo no. Llama mucho la atención esa constante infantilización del otro que necesita no sé cuántos observadores internacionales –léase europeos– para asegurar la democracia y la rigurosidad de los procesos. ¿Queda alguna duda de que constituye una relación colonial sobre un territorio latinoamericano?

Veámoslo desde otra perspectiva. Las comparaciones ayudan mucho para comprender cómo se mueven los intereses políticos en la arena mundial. En Estados Unidos se puede matar personas racializadas, encerrar niños en jaulas, separar familias de migrantes, asaltar el Capitolio; es posible llevar el Ejército a cualquier lugar, bombardear civiles, administrar armas a grupos terroristas, torturar a inocentes en cárceles; pero a la UE no se le ocurre sancionar a Washington, no existe una preocupación por la democracia o por resolver la crisis interna de la Unión. Parece irrisorio pero no lo es. Ahora haga el mismo ejercicio con Haití a manos de Jovenel Moise y sus bandas criminales. Ese es el doble estándar: la “preocupación” selectiva sobre quien tiene recursos naturales de muy alto valor, y el olvido también selectivo de quien no los posee.

El ministro de Relaciones Exteriores venezolano, Jorge Arreaza, le comunicó a la embajadora europea, Isabel Brilhante Pedrosa, que tenía tres días para salir del territorio nacional y se declaró persona “non grata” a la diplomática. Era de esperar. La UE reaccionó y dijo que la medida “no hará más que aislar a Venezuela internacionalmente”.

La intromisión en los asuntos internos de otros se ha hecho frecuente y hasta “justificable” –defensa de la “democracia” mediante–, haciendo caso omiso a cuánta declaración o acuerdo internacional existe sobre el respeto entre naciones y no intervención. En ese contexto, el doble estándar inherente a las nuevas maneras de colonizar el territorio ajeno coloca a Venezuela en la diana, acto que cuenta con una oposición cipaya.

Frente a esa realidad el gobierno bolivariano tiene dos posibles respuestas obvias y una más difícil de dilucidar. Las primeras son el binarismo clásico: rendirse o resistir. La tercera, buscar puntos medios para coexistir. A juzgar por las varias apelaciones al sentido común de la UE, esta comentarista diría que han intentado manejar la tercera posición pero esta no pudo sostenerse más. En muchas ocasiones, para que una relación resurja, hay que cortarla de raíz, y eso hizo Venezuela.


Maryam Camejo

 
Maryam Camejo