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Publicado el 26 Marzo, 2021 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

VIII CONGRESO DEL PCC: Continuidad y consenso por un país mejor

Otro abril para el debate de aciertos e imperfecciones y proyectar la marcha pensando en Martí y Fidel
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Liset/ Visita no deseada en tiempos de nasobucoPor LISET GARCÍA

No se hizo esperar la convocatoria al VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba. Ni tampoco la presentación de sus principales presupuestos, afianzados en la idea de delinear el futuro de Cuba. Su primer secretario, Raúl Castro, había anunciado el pasado año que sería el congreso de la continuidad histórica y en diciembre, cuando se llamó a celebrarlo en abril, conocimos que tendría lugar en fecha tan importante como la de Girón, sesenta años después.

Los preparativos para la magna reunión, prevista entre los días 16 y 19 de abril venideros, marchan al ritmo que merece aquel acontecimiento. Entonces y ahora el mundo ha sabido de la razón de los cubanos para salir victoriosos frente al imperio en todos sus intentos por derrocar la Revolución, amenaza que no ha cesado y sigue estrellándose contra la voluntad de resistencia del pueblo.

Como afirmó el segundo secretario del Partido, José Ramón Machado Ventura, al dar a conocer la convocatoria a la cita, “el impacto de la política de acoso y real guerra económica contra nuestro país demandan un fortalecimiento constante de la unidad”, y esa es “tarea fundamental de los militantes”.

Una clave para seguir fortaleciendo esa unidad es la concepción de que la “Revolución no se circunscribe a quienes la llevaron al triunfo aquel glorioso 1ro. de enero, sino a la voluntad y al compromiso de quienes la han hecho suya en todos estos años, y los que continuarán la obra”, aseguró Machado, por lo que al estudiar los temas esenciales de la vida política, económica y social del país con visión estratégica, lo principal es seguir construyendo el consenso para garantizar el futuro del proyecto socialista.

En los debates previos que han tenido lugar por estos días se hace énfasis en los aciertos a partir del cumplimiento de la resolución y los objetivos del anterior congreso (2016) y de su Conferencia Nacional realizada en 2012, en la que se evaluaron con sentido crítico el trabajo y las proyecciones de la organización.

Con un diagnóstico actualizado de la realidad cubana, construido con los pies y el oído pegados a la tierra, los delegados a la reunión debatirán también errores y rectificaciones necesarias para seguir fundando nuevos sueños basados en la fuerza de la Revolución.

Esa es la fuerza que le ha permitido al país enfrentarse al nuevo coronavirus, defendiendo la idea de que gracias al socialismo la solidaridad y el humanismo son prácticas cotidianas aquí, mucho más si de lo que se trata es de salvar vidas.

Ese contexto, marcado por la presión desmedida del bloqueo yanqui, ha impedido una consulta de mayor amplitud, más allá de los balances del trabajo de las organizaciones de base en 2020, cuyo análisis nutrió ahora los documentos del encuentro partidista.

Pero, de acuerdo con valoraciones de su máxima dirección, la pandemia ha favorecido estrechar el vínculo directo de los dirigentes con el pueblo, y se llega a ese cónclave con un avance en el fortalecimiento de los comités provinciales y municipales, con caras jóvenes –la mayoría procedentes de las filas de la UJC–, capaces de enfrentar complejas situaciones, incluida la necesidad de mayor diálogo y participación, y la creciente subversión yanqui.

El VIII Congreso será histórico pues trazará pautas en cuanto a cómo afrontar la construcción colectiva de un modelo de país pensado a partir de sus luchas por la ética, contra la corrupción, prejuicios y discriminaciones, y cómo lograr que el Partido ejerza su papel dirigente, como lo mandata la Constitución de la República.

 

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Liset García Rodríguez

 
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