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Publicado el 29 Abril, 2021 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

Unidad y consenso es decir Partido

Liset/ Visita no deseada en tiempos de nasobucoPor LISET GARCÍA

La voz de los más de 700 000 militantes comunistas cubanos halló luz y cauce en las jornadas de su 8vo Congreso, cuyas sesiones proseguirán en los próximos meses al abrirse a debate nacional sus principales acuerdos y resoluciones. Es la mejor forma para promover soluciones y afianzar los resultados del país, que avanzará más cuanto más colectiva sea la defensa de su proyecto socialista.

Como aseveró el general de ejército Raúl Castro en el crítico Informe Central presentado: “no es suficiente hacer más de lo mismo, se requiere creatividad, ajustarnos con efectividad al escenario que vivimos… hacer llegar a cada cubano el mensaje de optimismo y la confianza en que juntos sabremos enfrentar y vencer cualquier obstáculo”.

La capacidad del Partido para afrontar y superar desafíos desde su creación, vuelve a ponerse a prueba. Desde el primer congreso en 1975, y en los siguientes, están las sucesivas evaluaciones que corroboran cómo en cada momento la organización de los comunistas cubanos ha sabido hacer un diagnóstico convincente de la realidad social de la nación y bordar el traje a la medida para promover el desarrollo.

Ahora también lo hará en sintonía con las complejidades actuales, en medio de la situación provocada por la covid-19 y el recrudecido bloqueo económico, y la intensa subversión yanqui. Aun así, se emprenderán nuevas formas de hacer, basadas en la ciencia de los procesos y en la tecnología para su aplicación, a sabiendas de que en la unidad de cubanos y cubanas radica la fortaleza del Partido, que se sostiene y afianza en la historia y la cultura nacionales.

A partir de enfoques variopintos que enriquecerán el intercambio de opiniones, sincero y profundo, o como afirmó el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, tras ser electo como primer secretario de la organización, se avanzará en ese diálogo legítimo en una verdadera democracia, “ni monocromática ni unánime”.

Los acomodos monetarios en marcha, la búsqueda de la eficiencia, la restructuración de los sistemas económicos a fin de hacerlos más funcionales, y demás ajustes y actualizaciones que han tenido y

tendrán lugar, seguirán de la mano del pueblo, que sitúa los problemas en su justo lugar y, al propio tiempo, deberá seguir vigilando la aplicación de cada medida, alertando, criticando y exigiendo transparencia.

Así será por las sobradas señales del espíritu de colaboración y de resistencia de un pueblo inteligente, con la conciencia de que en sus propias fuerzas está la clave para el avance, pese a lo enredado que está el mundo y de que, como es harto sabido, el imperio quiere impedir que Cuba sea un país dueño de su futuro.

En lo sucesivo también estará con más nitidez en el punto de mira del Partido la necesaria batalla por la ética, contra los prejuicios, las discriminaciones y la corrupción.

La política de cuadros, cuyo cumplimiento cabal todavía no se alcanza, es otro de los desafíos que demandará mayor atención del Partido. Le corresponde controlar y velar por su efectividad, y el desempeño de cada jefe. A esa columna vertebral de la Revolución, como la llamó el Che, no le han faltado definiciones y sí exigir que se tenga en cuenta, no en documentos archivados en gavetas, sino en la vida cotidiana.

El cuadro no es un mago ni un súper héroe que nació sabiendo. Es un creador, un técnico cuya ética, decencia y humildad le acentúan su capacidad para enrolar a su colectivo en la toma de decisiones, capacidades necesarias hoy más que nunca, y que se van desarrollando a partir de una atinada selección, formación y promoción de manera escalonada.

El listado de los problemas es amplio y para vencerlo se precisa, en palabras de Raúl, “de una profunda transformación dirigida a potenciar las esencias y los valores que emanan de la obra de la Revolución”. Y contando con que los militantes sigan en primera fila, junto al Gobierno “convocantes y buscadores de soluciones”, como apuntó Díaz-Canel.

En lo adelante se verá multiplicado el debate. Proceder que, como tantas veces, seguirá mostrando su alcance en múltiples materias. Promover la participación servirá también para destrabar entuertos y facilitar el cambio de todo lo que deba ser cambiado.

Errores nuevos y viejos se sacarán a la vista para su rectificación, con la honestidad que le es inherente a una revolución. El Partido único revolucionando la Revolución, según aseveró su primer secretario, será cada vez más democrático, atractivo y funcional, despejado de burocratismos y dispuesto a desempeñar su papel dirigente, como lo mandata la Constitución de la República, con sus militantes empuñando la verdad.

Para los que querían otros cambios en Cuba, el único que deben esperar es el levantamiento del criminal bloqueo estadounidense que ha causado sufrimiento al pueblo. La generación histórica, que trajo hasta aquí la Revolución y propició la sucesión en la dirección del país y del Partido, sabe que su obra será defendida por las nuevas generaciones decididas a continuarla como se comprometieron en su 8vo Congreso, que fue y será histórico.


Liset García Rodríguez

 
Liset García Rodríguez