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Publicado el 26 Mayo, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Chile: un verdadero terremoto político

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Una sacudida sin precedentes arrasó con la derecha. Ni las alianzas lograron ubicarla en posición ventajosa en las recientes megaelecciones para renovar alcaldes, concejales y gobernadores regionales, además de una convención encargada de redactar la nueva Constitución de la República. En un texto anterior -sobre Colombia- esta comentarista mencionaba la teoría de Enrique Dussel sobre la segunda emancipación que está sucediendo en América Latina. Chile resalta dentro del espectro de procesos que hoy tienen lugar en la región para sacarse el lastre del neoliberalismo.

En este caso, un país vendido al mundo como un verdadero modelo de éxito y prosperidad, con una economía funcionando al ritmo de idas y venidas del mercado y el capital, realmente ha alcanzado un nivel de hartazgo canalizado en los movimientos populares que ha llegado a las puertas de una nueva Carta Magna, proceso que se advierte imparable. La derecha y los amantes del régimen pinochetista han hecho de todo para detener el proceso, pero con los resultados de los comicios ni siquiera tendrán poder de veto; no llegan a ese tercio necesario.

Hasta aquí queda claro, primero, que la reacción de la ciudadanía chilena es resultado de la precariedad de la vida, de las privatizaciones y de los privilegios que engordan a las élites y enflaquecen desde todos los sentidos a los que no forman parte de esos selectos grupos pudientes, abiertamente seguidores de la dictadura. Entonces el resultado de las elecciones se evidencia programático, en tanto significa un rechazo sin precedente en las urnas al modelo neoliberal, y un sí por la ampliación de derechos y la construcción de democracia.

Dentro de este panorama, a todas luces también ha saltado la antipatía hacia los partidos tradicionales, lo cual se ha considerado como una de las razones del alto nivel de abstencionismo, aunque habría que considerar la pandemia y el miedo generalizado a salir de los hogares. Sin embargo, la entrada en escena de los partidos de izquierda y la cantidad de independientes demuestra la fuerza alcanzada por sectores que no se identifican con el poder partidista conservador.

Destacan aquí los ecologistas y las feministas. El empuje del feminismo está colocando entre las exigencias políticas un horizonte de sociedad que rompe radicalmente con el capitalismo, lo cual se  reconoce como única vía para lograr y solidificar derechos para todas las personas. Estos sectores abiertamente de izquierda han dado un salto gigantesco, ya que antes habían sido marginados y hoy conquistan un espacio de peso para participar en la creación de otro Chile.

Esta será la primera convención para redactar una ley de leyes creada con paridad de género. Pero asombra aún más el hecho de que si no se hubiera aplicado el ajuste por paridad, la elección de las mujeres habría sido bastante mayor que la de los hombres: 84 versus 71, respectivamente, según demostró una investigación de Ciper.

“No parecen triunfar los movimientos sociales en general, sino aquellos que han construido su fuerza en torno a las nuevas subjetividades populares (trabajadoras en un sentido amplio, feministas y disidentes, plurinacionales, ecologistas y estudiantiles) que se afianzaron con la revuelta, dejando en segundo plano a las direcciones sindicales tradicionales”, escribió Pablo Abufom para Jacobin Magazine. Otra voz decisiva es la de los pueblos nativos, sobre todo los mapuches, marginados y reprimidos durante años.

“La ciudadanía nos ha enviado un claro y fuerte mensaje al gobierno y también a todas las fuerzas políticas tradicionales: no estamos sintonizando adecuadamente con las demandas y con los anhelos de la ciudadanía y estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y por nuevos liderazgos”, declaró Sebastián Piñera luego de que los resultados se hicieran públicos; un mea culpa inevitable ante lo que significan los resultados.

Esto nos aboca a concluir que el momento es crucial en la historia chilena, un punto de inflexión para un posible cambio. Siguiendo la lógica de Abufom, los movimientos populares tienen ahora la oportunidad de llevar la lucha allende las reivindicaciones sociales, hacia el desmontaje del capitalismo, y disputar un modelo de sociedad al que se le opondrá con toda su fuerza la derecha.

Si ya fue demostrada la potencia destituyente de la revuelta, ahora deberá demostrar su capacidad constituyente. Precisamente porque no sería descabellado asegurar que los conservadores sabrán nuclearse, llevan razón las voces que advierten de la necesidad de acompañar el proceso en las calles para que no se haga de espaldas al pueblo y se garantice la transparencia. La derecha tiene historia tratando de aplacar o reprimir el descontento con alianzas y pactos sin participación popular.

No pocos abogan por la creación de un sistema de retroalimentación donde desde las bases puedan surgir iniciativas propositivas que ayuden a dirimir allí donde no existan consensos.

Chile está sumido en un proceso de liberación con distintas fuerzas en el espacio político pero con una derecha golpeada por una izquierda que ha cobrado más fuerza desde octubre de 2019, con múltiples exigencias mas con el punto de partida -y llegada- común de no más neoliberalismo. Aquí se suma además otro factor: la urgencia de poner fin a la violencia estatal, que dispara a los ojos, que lanza gases lacrimógenos, que viola mujeres y que mata sin reparo. Otra herencia pinochetista elogiada por reaccionarios.

¿Cuánto dice el escenario actual de cara a las elecciones presidenciales que tendrán lugar en diciembre? ¿Cuánto inspirará la experiencia chilena para procesos similares en otros países de la región? Estos son ejes de los movimientos político-sociales en la zona que no pueden obviarse, porque influyen y se amplifican más allá de fronteras nacionales.

Si bien es imposible olvidar a Sebastián Piñera declarando la guerra al pueblo cuando las protestas por la subida del precio del Metro, hoy no puede pasarse por alto que el rol de las instituciones ha vuelto a ser centro del debate público y que Piñera intenta posicionarse como el facilitador de ese cambio. Pero no se ha llegado hasta este momento sin dolor ni muertes, una violencia que deja marcas en la gente y que no termina con una generación.

Desde el punto de vista del desarrollo y la evolución histórica de la región, el proceso chileno se conjuga con el colombiano y el peruano. Todos dan muestras del hartazgo con el capitalismo periférico y aparecen reclamos por transformar las sociedades de manera estructural. El escenario es inédito, sí, pero está en perfecta correspondencia con el contexto de América Latina toda. Todavía falta mucho por hacer en Chile, pero al fin llegó la hora de realmente construir democracia.


Mariana Camejo

 
Mariana Camejo