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Publicado el 17 Mayo, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

COVID-19: Unos sí, otros no

PErnesto Eimil Reigosaor Ernesto Eimil Reigosa

Después de un inicio lento y demorado, la vacunación está ganando velocidad en la vieja Europa. Como promedio, casi tres millones de dosis se están administrando cada día, de acuerdo con Our World in Data, una base de datos de la Universidad de Oxford. Si ajustamos la población de cada región, las cifras son casi las mismas que se aplican en Estados Unidos, donde la demanda ha decaído en el último mes.

Las autoridades norteamericanas se movieron agresivamente en la operación llamada Warp Speed para tener de su lado los millones de dosis que necesitarían. Para ello, tomaron la decisión de financiar directamente la investigación y la producción de los candidatos vacunales, lo que otorgó una prioridad a la hora de la distribución. Los representantes de los 27 países de la UE tomaron un camino distinto: en lugar de aliarse con los fabricantes, esperaron la disponibilidad de la vacuna, que rápidamente cayó en un déficit de producción, hecho que retrasó sus planes.

Con esto dejado atrás, la clave de esta actual aceleración se encuentra en una ampliación de los tipos de preparados  inmunógenos disponibles. Luego de interrupciones en el suministro de la AstraZeneca y de la Johnson & Johnson, los líderes de la Unión decidieron no renovar el contrato con la compañía anglosueca después de junio y cambiaron el mes pasado a depender fuertemente de la variante de Pfizer, que se basa en el ARN mensajero.

De acuerdo con declaraciones del bloque, recogidas por la agencia Reuters, abogados de la institución supranacional han demandado a AstraZeneca por incumplimiento del acuerdo, pues estiman que van a recibir 200 millones de dosis menos que las pactadas en el primer semestre del año. Desde hace algún tiempo, el candidato de la Universidad de Oxford ha sufrido varios contratiempos, como la rara aparición de trombos en algunos pacientes vacunados, que ha llevado a detener el proceso de inmunización, sea parcial o totalmente, en muchos lugares. En este momento, el costo de mercado de AstraZeneca es menos de cinco dólares, mientras que el de Pfizer es de 23.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, dijo en el mes de abril que Pfizer había acordado con la entidad un envío temprano de dosis que garantizarían, en teoría, la meta de tener vacunado para el final del verano al 70 por ciento de la población adulta. Hace pocos días se cerró un trato con la farmacéutica y su contraparte alemana, la BioNTech, que aseguraría, entre 2021 y 2023, 1,8 mil millones de vacunas de distintas variantes, para reforzar la protección y diseñadas para niños.

La directora del Centro de Vacunas de la Escuela de Londres de Higiene y Medicina Tropical, Beate Kampmann, confirmó la remontada de sus vecinos continentales. “Creo que en el contexto de la nueva cantidad de muertes y de casos que hemos visto en la Unión Europea es absolutamente vital que a las personas les llegue la inoculación muy rápidamente”.

Esto de lo que habla Kampmann es algo largamente advertido por los científicos y hasta ahora desoído por los grandes poderes: si el virus, después de que haya sido eliminado en muchos lugares, logra expandirse nuevamente por el mundo, peligrosas nuevas variantes se desarrollarán y evolucionarán, amenazando a todos los países. Al momento de publicar estas líneas más de 1,3 mil millones de dosis han sido aplicadas, lo que equivale a 17 de cada 100 personas.

Anthony Fauci, asesor principal del gobierno estadounidense, apoyó esta noción al opinar que, tanto su país como otros que son fabricantes de vacunas, deben solidarizarse especialmente con la India, cuya crisis sanitaria lleva varias semanas golpeando a sus ciudadanos. En la segunda nación más poblada del mundo solo el 10 por ciento de sus habitantes han sido inoculados.

A esa emergencia se le suma ahora el “hongo negro”, una rara enfermedad calificada por el doctor Ronal Shukla de oportunista, pues ataca sobre todo a pacientes con un sistema inmune debilitado, lo que hace a los convalecientes de covid-19 especialmente vulnerables. “Otros territorios deben aportar para que los indios puedan recibir vacunas de donación o hacerlas con sus propios medios”, dijo Fauci en el programa This Week, de la cadena ABC. Las nuevas variantes más letales provenientes de países pobres, enormes en tamaño y población, y con un plan de vacunación deficiente, como India y Brasil, son el mejor ejemplo de las diferencias sociales en el planeta y del peligro permanente que esto representa para el futuro de la humanidad.

Los números que da la base de datos de Oxford constituyen reflejo de esa desigualdad. Aproximadamente el 83 por ciento de las vacunas administradas hasta el momento se han aplicado en Estados ricos o de ingresos medios; solo el 0,3 lo han recibido los pobres. En América del Norte, al menos el 30 por ciento de los adultos han sido inyectados en una ocasión; mientras Europa tiene la cuarta parte de su población mayor de 18 años ya inmunizada. En África, el mismo rango etario llega a poco más de uno por ciento.

El presidente Joe Biden expresó, el 6 de mayo, su apoyo a hacer pública la propiedad intelectual de las vacunas, siempre y cuando la Organización Mundial del Comercio de el visto bueno. Pero, incluso con este paso, los expertos alertan de que las distintas compañías farmacéuticas alrededor del orbe necesitarían ayuda tecnológica para fabricar la fórmula y tiempo para disparar el ritmo de producción.

Líderes de la UE, como la ya mencionada Von der Leyen y el presidente francés, Emmanuel Macron, han dejado claro que prefieren que Biden tome otro enfoque y levante la restricción en la exportación de vacunas, que Estados Unidos ha empleado para mantener el uso doméstico de la mayoría de las dosis que posee. “Llamamos a todos los países productores de vacunas a que permitan la exportación y que eviten medidas que interrumpan los procesos de distribución”, dijo la jefa de la Comisión Europea en un discurso.

El asunto, según explicó Thomas Tsai, profesor que investiga políticas de salud en la Universidad de Harvard, requiere de ambas soluciones para que así la crisis pueda resolverse lo antes posible. Tanto liberar la patente de la fórmula como levantar los impedimentos de la exportación son necesarios. Europa “necesita el mismo tipo de compromiso que implicó la Operación Warp Speed. Es una inversión”, aclaró Tsai.


Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa