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Publicado el 7 Mayo, 2021 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Desafíos de la ANAP

Delia ReyesPor DELIA REYES GARCÍA

En medio del peor cerco económico, financiero y comercial impuesto por la administración estadounidense, y bajo los efectos de la crisis mundial asociada a la covid-19, la Isla antillana está urgida a eliminar las trabas que frenan el despliegue de las fuerzas productivas también en el sector agropecuario.

Como han reiterado las máximas autoridades del Gobierno y del Partido en Cuba, la producción de alimentos es una cuestión de seguridad nacional. Sin embargo, lo hecho hasta el momento dista de satisfacer la demanda interna, y aún más, de obtener jugosos dividendos por concepto de exportaciones.

Las altas cifras de recursos financieros destinados a las importaciones de alimentos hablan por sí solas. Año tras año se destinan cerca de 2 mil millones de dólares a ese objetivo. Este mal de fondo es necesario cortarlo de raíz, y a eso apuntan todas las medidas adoptadas en el empeño de alcanzar la anhelada soberanía alimentaria.

Pero las cosas no se logran por decreto, es necesario romper con viejas e ineficaces maneras de hacer; librar una cruzada contra la burocracia, el inmovilismo, y las posturas de comodidad en ciertos cuadros y directivos, tal como advirtió el general de ejército, Raúl Castro Ruz, en el Informe Central al 8vo Congreso del Partido.

Aunque desde mediados de abril fueron aprobadas, en tiempo record, varias medidas para estimular de manera inmediata la producción agropecuaria, entre estas: la rebaja de los precios de electricidad, de los piensos, otros insumos y servicios; así como el acceso directo de las bases campesinas a los puntos de venta del Grupo Empresarial de Logística de la Agricultura (Gelma), hasta la fecha no acaban de aterrizar.

Para sacudir los lastres del paternalismo y el igualitarismo, y sus nocivos efectos en la productividad del trabajo, desde el pasado año se aprobó priorizar a los productores de mejores resultados con la entrega de recursos.

Sin embargo, se sigue tropezando con la misma piedra. Aunque la situación económica y financiera es muy tensa, como consecuencia del bloqueo norteamericano y la crisis mundial, lo poco que entra al país no siempre llega a quienes más producen.

A juicio de Rafael Santiesteban Pozo, presidente de la ANAP, los problemas que se han ido acumulando en los últimos dos años no son los mismos que hace una década. “La agricultura es la primera prioridad del país, pero estamos en un escenario muy complejo. La organización identificó a más de 240 000 productores que integran el movimiento de avanzada. Se trabaja más directamente con ellos, pero es cierto que no les hemos podido dar recursos de manera priorizada. Aunque hay un grupo de inversiones que sí han llegado, o están previstas, para esos campesinos y cooperativas destacadas. Y eso no se ha detenido”.

Bracear… y bracear

En tiempo de crisis, los desafíos de la ANAP son mayúsculos. Movilizar a las bases productivas en aras de incrementar sus aportes a la alimentación de la población ya no se logra con consignas. La organización tiene que ser capaz de desplegar un liderazgo activo, literalmente pegado a la tierra, y representar los genuinos intereses del sector campesino; de quienes dejan todos los días la piel en el surco.

No es posible evadir esa responsabilidad. Muchas de las insatisfacciones surgidas a partir de la implementación de la Tarea Ordenamiento, así como viejos y reiterados reclamos de los productores, encontraron una certera respuesta con las últimas medidas adoptadas por la máxima dirección del Estado y el Partido.

A la ANAP le toca, como a nadie, bracear para que se apliquen con la inmediatez requerida. De ese liderazgo dependen la credibilidad de los asociados en su organización, y el salto productivo que necesita el país.

Sobre el papel de la ANAP en el actual escenario, reconoce su presidente, “tenemos que seguir fomentando ese liderazgo y consolidar la unidad; ganar en conciencia para compartir lo que se tiene; no hacer distinciones entre los sectores, sino apelar al esfuerzo colectivo, y defender la Revolución socialista que es de todos”.


Delia Reyes Garcia

 
Delia Reyes Garcia