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Publicado el 31 Mayo, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

ECUADOR: ¿Algo se resolverá?

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Los próximos años no serán sencillos para Ecuador. El triunfo de Guillermo Lasso en las presidenciales confirmó un camino de fortalecimiento del neoliberalismo tras la gestión de Lenín Moreno, quien significó un muy lamentable punto de giro en lo que se suponía que sería otro gobierno de izquierda. Ahora ha dejado atrás un país que no solo sufre la pandemia sino también un creciente desempleo, pobreza, endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional y una pésima economía.

Cualquier persona creería que después de eso habría ganado un candidato de izquierda, pero no sucedió. Para la segunda vuelta Lasso supo capitalizar los intereses de sectores emergentes en sus discursos; veloz transformó su narrativa y en la actualidad inicia un período de mandato que, lejos de reactivar milagrosamente la economía, sumirá a esa nación en un nivel más precario del que se consolidó con Moreno.

De hecho ya Lasso enfrentó sus primeras protestas, organizadas por campesinos e indígenas para exigir la derogación de decretos de la administración anterior, que están dirigidos a eliminar los subsidios del Estado a los precios de combustibles.

El nuevo mandatario planea incentivar la iniciativa privada y privatizar nuevas áreas, ahora en manos del Estado, así como mantener los recortes presupuestarios. Se seguirán, por tanto, aplicando las mismas fórmulas sin comprender que salud y educación necesitan intervención y presupuesto estatales, algo que debería ser más que evidente en plena pandemia.

Subyace aquí la vieja puja entre libre mercado y rol del Estado como base del modelo social y económico para un país. A su vez, se conjuga con el nivel de soberanía que pretende ejercer Lasso y que ya puede vislumbrarse tras las claras alianzas con Estados Unidos, Iván Duque en Colombia (a pesar de las protestas), las intenciones declaradas de involucrarse de lleno en la Alianza del Pacífico y fomentar tratados de Libre Comercio.

“Yo no he venido a saciar el odio de pocos, sino el hambre de muchos”, dijo en su discurso de investidura. Dudemos. Con la precaria situación que Lenín Moreno ha legado al país y las políticas que anuncia no hay claridad sobre cómo piensa resolver el problema del hambre. Sin embargo, el primer desafío gigante es presentar una estrategia de manejo de la pandemia que al menos parezca viable para detener las cifras de muertes y contagios, algo que ya anunció con la vacunación de nueve millones de personas en 100 días.

Desde el discurso político, Lasso también ha atacado al correísmo y ha proclamado el final de la era de los caudillos. Se trata de una narrativa engañosa que supone señalar figuras culpables del panorama actual e intenta colocar a Lenín Moreno como continuador de Correa. Si hubo críticas a uno y otro, Lasso escoge de manera maliciosa atacar personas y evadir las causas sistémicas que tienen a Ecuador en la terrible posición presente.

La retórica de atacar individuos sin pensar el modelo íntegro de sociedad que promueven le permite “meter a todos en el mismo saco” y evadir olímpicamente las ventajas o deficiencias de los modelos, una estrategia muy bien pensada que sigue las lógicas de la meritocracia y el funcionamiento de las economías mercado-centristas. Desde una perspectiva más general, podría considerarse como la ampliación del concepto descrito por el filósofo sudcoreano Byung-Chul Han: “Quien fracasa en la sociedad del rendimiento se hace así mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda el sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. No deja que surja resistencia alguna contra el sistema. En el régimen de explotación ajena era posible que los explotados se solidaricen y juntos se alcen contra el explotador. En el régimen de la autoexplotación uno dirige la agresión contra sí mismo”.

En resumen, Lasso sabe contra quiénes dirigir la agresión para no hablar de condiciones estructurales o sistémicas.

No obstante, entre las políticas anunciadas y los decretos ya establecidos no hay atisbo alguno de una real estrategia contra la pobreza. Las ideas de Lasso, como la del resto de los neoliberales, se apoyan en el mito de que el crecimiento económico –entiéndase desde lo macro– contribuirá por sí solo a reducir las inequidades sociales, una hipótesis que sigue reciclando la derecha en América Latina, avivada con el resurgir de sus homogéneos en Estados Unidos y Europa.

El famoso economista francés Thomas Pikkety ha refutado esas erróneas concepciones, que pueden ser solventadas con la acción del Estado. Para el renombrado profesor, la intervención estatal y la aplicación de políticas inequívocas y transparentes, especialmente en el campo fiscal, son indispensables para reducir la desigualdad en los ingresos. En el lado opuesto, el crecimiento económico por sí solo tiene la capacidad de generar situaciones de gran inequidad en la distribución de la riqueza.

Pero Guillermo Lasso es un exbanquero con propuestas neoliberales, y considerar esa realidad no es cuestión baladí para un país que necesita cambios en términos sistémicos y al menos por el próximo período de gobierno no los tendrá. Todo lo opuesto. Ecuador vivirá una profundización del modelo neoliberal y, aunque se garantice la vacunación masiva, el impacto de la pandemia y la constricción económica mundial continuarán reflejándose brutalmente en los territorios de América Latina.

Con una política de cabeza gacha ante el capitalismo metropolitano y el apoyo de un liderazgo regional norteamericano –con su correspondiente influencia en las decisiones de materia económica–, no puede esperarse un futuro próspero para Ecuador. Incluso cuando el mundo haya entrado en una etapa postpandemia allende las potencias globales desarrolladas, los países pobres sentirán las consecuencias de ese sistema capitalista que rige la realidad planetaria y las relaciones que se establecen entre naciones. Dentro de ese espectro, las que reivindiquen su soberanía serán atacadas y las que se sometan fácilmente, desposeídas.

La política del despojo para mantener estados de bienestar y riqueza de élites no es historia nueva ni reciente. En una etapa postpandemia podría echar raíces más profundas en América Latina, lo cual conlleva el uso de la violencia estatal y militar. Como el resto de la zona, Ecuador transita un período que nos obliga a decir: le hubiera convenido que Lasso fracasara. Pero no fue así y el peso del neoliberalismo se hará sentir en la economía, en la política y en lo social.

En aras de controlar los repuntes de crisis e inestabilidad, siempre echarán mano de la fuerza. Basta recordar las imágenes de represión a las protestas de 2019 que Moreno no pudo pasar por alto. Cuesta creer que Guillermo Lasso marcará la diferencia.

ERA 29-05-2021


Mariana Camejo

 
Mariana Camejo