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Publicado el 30 Mayo, 2021 por Elsa Claro en Opinión
 
 

España, nudos gordianos en Cataluña

Una convivencia escurridiza

Elsa ClaroPor Elsa Claro

Cataluña, como realidad o como pretexto, sigue en el epicentro de las discordias en España. En este momento, la disputa versa sobre el planeado indulto de los 12 personajes que estuvieron involucrados en el proceso independentista del 2017. El Partido Popular arremete contra Pedro Sánchez, criticando que favorezca esa medida. El presidente del Gobierno, a su vez, refuta alegando la urgencia de normalizar la vida política en Catalunya”, porque de ello depende la normal convivencia entre españoles. “Hay un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia”.

Pablo Casado, jefe del PP, olvida que cuando estaban en su punto más ácido los acontecimientos, hace cuatro años, él no concordó con varias determinaciones de Mariano Rajoy, pese a que ambos pertenecen al mismo bastión ideológico. No pocos consideraron errónea la judicialización de un problema a tratar políticamente. Los criterios divergentes se mantienen. Ahora el Tribunal Supremo también rechaza el otorgamiento de libertad a los encartados, pero esa es facultad del mandatario, luego hay altas posibilidades de implantar la medida conciliatoria.

Dificultades

El sistema parlamentario español exige un doble éxito en urnas: ganar en número de votos y tener mayoría absoluta de escaños. Ello suele generar alianzas con otras formaciones no siempre coincidentes.  Ha sido difícil para los catalanes consensuar un gabinete en tres meses de negociaciones, ya a punto de convocarse otras elecciones, pues finiquitado el lapso reglamentario, se procede de forma automática a realizar nuevos comicios.

Los grupos independentistas concluyeron nombrando presidente de esa autonomía a Pere Aragonés, de Esquerra Republicana (ERC), el segundo más votado, tras el Partido Socialista (PSC) y luego que este último fracasara en el intento de encabezar mandato. Esa situación, en general, se viene haciendo frecuente en el país, con marcada propensión en el último decenio.

Aunque ERC, PSC y JxCAT juntaron fuerzas, existen diferencias de enfoque en varios asuntos y los pendientes, por sí mismos, son suficientemente enredados. Ante todo está la disyuntiva económica provocada por la salida de numerosas empresas que se trasladaron hacia otras regiones cuando adquirió fea catadura el impasse que llevó a unos hacia el exilio, a otros a la cárcel, y al retiro de los poderes locales, que pasaron a la Moncloa.

La inestabilidad y ese traslado de negocios contribuyeron a que Cataluña perdiera su condición de primer contribuyente a los fondos nacionales y hace ahora más comprometido administrar las adversidades cuando se le añaden  los efectos de la pandemia, que obligó a un gasto no planificado de 32.151 millones de euros, teniendo un déficit previo, ascendente a los 768 millones. La ayuda de la Unión Europea a sus miembros coadyuvará, pero sin sobrepasar el rango de lo paliativo. Se estima que la experiencia ganada por Aragonés cuando fue conceller de economía algo ayudará.

Encontrar un entendimiento con el Gobierno central debe lograrse –poco o mucho– en una mesa de diálogo que tiene más pronósticos en negativo que profecías optimistas. Y es que, en el total, figura otra urgencia: acomodar la diversidad de fuerzas internas, pues ni las formaciones afines lo son a plenitud y la derecha permanece más dispuesta a dinamitar puentes que a construirlos.


Elsa Claro

 
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