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Publicado el 14 Mayo, 2021 por María de las Nieves Galá León en Opinión
 
 

Ganar el combate depende de todos

Maria de las NievesPor MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Hacer un recorrido por La Habana, aun sin la mínima intención de realizar un reportaje, da la medida de la poca percepción de riesgo que hoy existe entre muchas personas. El “pan caliente” está en las colas, tumultuosas, constantes, aunque todos los días saquen pollo y perrito.

En las calles se puede observar lo que algunos han adoptado casi como una moda: el nasobuco tapando la garganta como si fuera esta la zona de cuidado. En ese grupo hay de todo: jóvenes, mayores e incluso, niños. Eso ocurre cuando la capital sigue aportando diariamente el mayor número de personas contagiadas con la covid-19 y también de fallecidos.

De que ha disminuido la percepción de riesgo y, además, se ha incrementado la indisciplina, no hay dudas. Y no solo en La Habana, los números rojos de muchas provincias también dicen mucho.

A inicios de la pandemia no fue así. Hace poco, accedí a los resultados de una investigación publicada en el sitio http://www.revistaccuba.cu/ de la Academia de Ciencias de Cuba, la cual tuvo como objetivo caracterizar aspectos relacionados con la percepción de riesgo durante el distanciamiento social por la covid-19 en Cuba. El estudio, que constituyó un pilotaje, se valió de una encuesta exploratoria de junio a julio de 2020.

Entre las interrogantes realizadas en la encuesta estuvo: “¿Cuándo usted usaría nasobuco?”. Ante esta pregunta, 250 personas (99.60 %) expresaron que lo harían para salir a la calle, 232 (92,43 %) para hablar con una persona en la calle, 206 (82,07 %) al realizar ayuda voluntaria, 206 (82,07 %) para hablar con sus vecinos, 178 (70,91 %) cuando recibe visita y 5 (1,99 %) para estar en su casa.

Los encuestados dieron fe del conocimiento del nuevo coronavirus. De acuerdo con los resultados, 98,4 % (247 personas) reconoció a la enfermedad como respiratoria e infecciosa aguda y solo 1,2 % (3 personas) respondió que esta no era una característica de la enfermedad. Asimismo, 97,2 % (244 individuos) validó la tos seca, fiebre y fatiga como los síntomas.

Refiere el artículo, además, que se indagó en cuáles medidas tomarían tras conocer a alguna persona infectada. Y el resultado fue: “88,05 % (221 personas) no la visitaría, 197 (78,49 %) llamaría a las autoridades, 36 (14,34 %) espera que le indiquen qué hacer y solo una persona (0,4 %) expresó que no haría nada. Adicionalmente, los participantes mencionaron otras acciones como acompañar a la persona al médico para recibir tratamiento y evitar contacto directo con esta”.

Los investigadores reconocen que dada las restricciones de movilidad y aislamiento físico del período en que se desarrolló la indagación, existieron algunas limitaciones; de hecho, la población estudiada se restringió a aquellos con acceso a internet desde sus hogares, y, además, no todos los territorios del país estuvieron igualmente representados. No obstante, consideraron que “se cumplieron los objetivos de este estudio piloto dada su pertinencia, factibilidad y costo de la investigación”.

El análisis corroboró lo que muchos percibimos: las personas tenían un mayor sentido del riesgo, que lamentablemente, se ha debilitado en los últimos meses a pesar del incremento de la tasa de incidencia de la enfermedad por cada 100 000 habitantes y cuando está latente el peligro ante las nuevas cepas que circulan.

A pesar de los reiterados llamados de las autoridades gubernamentales y sanitarias para cumplir rigurosamente las medidas de protección, cuidarse y cuidar a los demás, muchos hacen caso ajeno al reclamo, y muestran total irresponsabilidad.

La falta de percepción del peligro está en aquellos que permiten a los niños jugar en las aceras o los que salen con ellos a las calles; se da en las familias que reciben visitas que presumiblemente están bien y no se protegen o realizan fiestas y celebraciones poniendo en riesgo no solo a los suyos, sino a los vecinos.

Se manifiesta también en aquellas instituciones que no son severas en el cumplimiento de los protocolos establecidos o hacen reuniones en espacios cerrados, obviando todo lo explicado sobre el tema.

Si bien ya se inició el camino hacia la vacunación de la población y se prevé que en este 2021 Cuba tenga a todas las personas vacunadas, también los epidemiólogos y estudiosos insisten en que el cumplimiento de las medidas de protección seguirá siendo indispensable para la disminución o erradicación de la pandemia.

Ganar esta batalla por la vida, depende de todos. Por ahora y en largo tiempo, la disciplina, individual y colectiva, tiene que seguir siendo el arma principal con que se enfrente el mortal virus.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León