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Publicado el 4 Mayo, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

Y dijeron su nombre: se hizo justica

Ernesto Eimil ReigosaPor Ernesto Eimil Reigosa

La noticia le dio la vuelta al mundo el 20 de abril de 2021: George Floyd y su familia tenían por fin justicia después de casi once meses. Un jurado diverso, según CNN compuesto por seis personas blancas, cuatro personas negras y dos que se identificaban como multirraciales, encontró culpable al ex agente de policía Derek Chauvin de los cargos de asesinato en segundo grado, asesinato en tercer grado y homicidio involuntario, luego de considerar los testimonios de transeúntes, policías y expertos médicos.

Steve Schleicher, parte del equipo fiscal que llevaba el caso, se encargó de decir las palabras de conclusión. Mencionó el nombre completo de Floyd y la palabra “humano” una docena de veces, algo interpretado como un guiño a una simple demanda que, desde mayo de 2020, muchos repetían dieciocho calles más abajo del edificio donde se celebraba el juicio: “digan su nombre”, un pedido de reconocimiento de su derecho a la vida y contra quienes decidieron llamarlo un criminal o un drogadicto.

De los antecedentes del caso se ha hablado y se ha escrito mucho. En una agresión capturada en video por la adolescente Darnella Frazier, se ve a Chauvin arrodillarse por más de 9 minutos sobre el cuello de Floyd, quien estaba esposado. Chauvin y tres de sus compañeros estaban intentando arrestar a Floyd por, presuntamente, haber usado un billete falso para comprar cigarros en una tienda.

El sistema judicial en el país norteño históricamente le ha proporcionado privilegios y protección a los policías que utilizan la violencia para someter a civiles, el jurado en Minneapolis valoró que el uso de la fuerza en este caso había sido excesivo. Chauvin enfrenta un máximo de 40 años de cárcel.

En los 21 días que duró el juicio el tema racial nunca fue explícitamente abordado. Pero la influencia del movimiento Black Lives Matter, que reunió a miles de personas el verano del año pasado en protestas y marchas alrededor del planeta, y que exige el reconocimiento de la total humanidad de las personas negras, se sintió durante todo momento. Precisamente, la idea de Floyd como un ser humano completo, más que solo un cuerpo debajo de una rodilla, apareció en voz de uno de los testigos y en el alegato final, y, según The New York Times, quizá sea el más valioso precedente para procesos similares que ocurran en el futuro.

Una de las novedades que se vieron en la sala del condado de Hennepin fue que el juez Peter Cahill impidió que la defensa introdujera pruebas sobre los pasados encontronazos de Floyd con la Policía. Por varias generaciones, el sistema judicial en Estados Unidos se ha regido por un viejo libro de reglas para casos de brutalidad cometidos por agentes. Los antecedentes de la víctima suelen colocarse bajo el microscopio. Y la fiscalía que defiende a esas víctimas analiza ese pasado en busca de ilegalidades, algo que también hacen quienes representan a los pocos oficiales a los cuales se les presenta cargos.

Por regla general, los “malos actos” de una víctima o de un acusado no son aceptados como evidencia, para prevenir que el jurado tome una decisión basada en comportamientos anteriores y se centre en las pruebas que estén disponibles. Sin embargo, a muchos afroestadounidenses que han sufrido brutalidad policial se les ha acusado de abuso de drogas, incapacidad de pagar la pensión alimenticia de sus hijos o de violencia intrafamiliar, hechos utilizados para justificar su muerte, para decir que sus vidas valían menos.

Eric J. Nelson, abogado de Chauvin, argumentó la necesidad que tenía de presentar las pruebas de los arrestos pasados de Floyd para demostrar un patrón de comportamiento. Y también de que era importante probar en el juicio su adicción a los opioides, ya que eso demostraba que el exoficial estaba tratando con un sujeto impredecible, que no murió por asfixia, sino como consecuencia de los calmantes en exceso que consumía. Hecho que un examen médico pericial desmintió completamente.

Paul Buttler, profesor de la escuela de derecho de Georgetown y experto en raza, explicó que, a su entender, Nelson y su equipo utilizaron una defensa pre 2020 para el caso. “Esperemos que la estrategia de deshumanizar y juzgar a las víctimas afroestadounidenses haya quedado en el pasado”, expresó.

“Este es solo un veredicto, contra un hombre”

Pero lo cierto es que existe un relativo escepticismo sobre si el proceso contra Chauvin producirá un cambio verdadero. Quinton Smith, director interino del Centro Mary Lou Williams para la Cultura Negra, cree que se trata de una excepción, como hizo saber en un discurso pronunciado en la capilla de la Universidad de Duke el día después de la condena. “Para muchos, que el veredicto lo haya encontrado como culpable, simboliza no solo justicia para George Floyd y su familia –dijo– sino la evidencia de que nuestra larga lucha por la liberación quizá no haya sido en vano”.

No obstante, añadió, el veredicto no ayudará a cerrar la brecha racial en Estados Unidos. No hará que las escuelas sean más equitativas, ni tampoco tratará la discriminación en la vivienda, ni normalizará el cabello afro, ni reducirá el daño que el sistema de salud hace a las mujeres negras, ni arreglará tampoco el sistema judicial.

“Festejen si lo desean, pero recuerden que este es un veredicto contra una injusticia, contra un hombre. La culpabilidad de Derek Chauvin no significa el fin del racismo en general o de la anti negritud en particular”, explicó Smith.

En la ciudad de Minneapolis, mientras tanto, se repiten constantemente los tributos que recuerdan la vida de Floyd. La plaza donde murió, y que ahora lleva su nombre para honrarlo y recordarlo, está llena de flores y de cuadros con su foto. En tanto muchos se alegran de que se haya hecho justicia, otros manifestantes piden la misma justicia, pero en esta ocasión para Daunte Wright, un joven negro que recibió un disparo en una revisión de tráfico rutinaria por un supuesto error de la agente que lo detuvo, a pocos kilómetros de allí; o para la niña de 16 años Ma’Khia Bryant, en Ohio, quien murió casi cuando se dictaba el veredicto de Chauvin.

Philonise Floyd, hermano de George, luego de que él y su familia obtuvieran restitución, dijo en una rueda de prensa, con un gesto liberador, que finalmente “podían respirar otra vez”, pero que la lucha por la justicia y la igualdad no se había terminado.


Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa