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Publicado el 18 Junio, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Chile: Un punto menos para el neoliberalismo

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Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

El rechazo al neoliberalismo en Chile se hace evidente en cada momento electoral. Todavía con las presidenciales por delante y con la segunda vuelta de las regionales, en las que la centroizquierda arrasó, el escenario actual demuestra que no se trata solo del rechazo a las políticas económicas vigentes y a la administración de Sebastián Piñera; es decir,  asistimos al hartazgo con un sistema que ha sentado las bases para el empobrecimiento de los trabajadores, mientras los más ricos se beneficiaban del crecimiento económico del que se vanagloriaba el gobierno.

Frente a ese acumulado de descontento, la oposición de Piñera ha capitalizado el malestar nacional para convertirlo en combustible de propuestas dirigidas a un futuro incierto y hacer cambios estructurales en la nación. De ahí que el proceso de creación de una nueva Carta Magna esté en el centro de la transformación a la que aspiran los sectores populares.

Dentro de ese panorama la derecha ha estado perdiendo terreno constantemente, ejemplo de lo cual ahora es la ya mencionada segunda vuelta de las regionales. De 13 regiones en disputa solo una fue ganada por la derecha. Aunque estos cargos no supean las facultades del delegado, elegido a dedo por el Presidente –lo cual debe tenerse en cuenta para analizar el verdadero margen de acción de los nuevos elegidos­–, el gobernador “formula políticas de desarrollo de la región, fiscaliza los servicios públicos, promulga los planes regionales de ordenamiento territorial, coordina con el Consejo Regional el presupuesto para hacer las políticas y representa judicialmente al Gobierno regional”, como resumió el periodista político e influencer chileno Juan Vallejos.

Lo que está sucediendo hoy evidencia la renovación de la clase política chilena comprometida con la realidad de los más desfavorecidos; que sueña con metas y enfoques constantes de políticas públicas basadas en el ideal de justicia social. Según un estudio reciente publicado por la Cámara Chilena de la Construcción, unos 2,2 millones de personas, o lo que es igual, más de 700 mil familias, viven en condiciones urbanas definidas como críticas. El responsable de eso es el sistema neoliberal.

Sobre el tema, el senador demócrata cristiano Francisco Huenchumilla escribió para  el diario digital chileno El Mostrador que “es en este contexto donde se generan las groseras diferencias entre las zonas más acomodadas –seguras, limpias, ordenadas y llenas de servicios y áreas verdes–, los barrios de clase media –que cuentan con cierto nivel de prestaciones– y los sectores más pobres, donde es necesario desplazarse kilómetros para satisfacer necesidades tan elementales como hacer un trámite bancario o adquirir un medicamento, y donde la ausencia de oportunidades, el individualismo y el déficit de sentido comunitario propios del modelo, la falta de educación cívica y el exitismo consumista, favorecen el surgimiento de la delincuencia”.

El parlamentario chileno también consideró que por estas situaciones el actual modelo de desarrollo se convirtió en la olla de presión que cocinó a fuego lento el estallido social, malestar expresado en las calles “con los más desfavorecidos de esta sociedad empleando la violencia como último recurso para poder ser escuchados. Total, ellos sentían –y con justa razón– que no tenían mucho que perder, pero sí, tal vez, bastante que ganar. O al menos, bastante por lo cual luchar”.

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Mariana Camejo

 
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